Normas de redacción de informes

Cada autor tiene su propio estilo, pero a la hora de redactar un informe deberían respetarse ciertas normas. Un informe no es una novela, pero debe ser igual de legible. Generalmente, los lectores consultarán secciones concretas y no se lo leerán de cabo a rabo o, a lo sumo, lo harán por encima una sola vez. Hay que tenerlo en cuenta y redactar cada sección para que sea más o menos independiente. Lo más práctico es redactarlas en un estilo natural. Deben evitarse las construcciones complicadas, las oraciones farragosas y el abuso de la voz pasiva. La crónica de las actividades puede incluir consideraciones de carácter personal, pero no puede empantanarse en oraciones pesadas y sofisticadas En las descripciones objetivas deben evitarse adjetivos que sean de carácter subjetivo. Es preferible mencionar el tamaño y el estado real de algo que decir que es grande, sobrecogedor o hermoso. Si aparecen adjetivos de este tipo, deben emplearse en comparaciones. Es esencial que el lector pueda distinguir con rapidez qué información es objetiva, cuáles son las suposiciones fundamentales (correctas o falsas) y cuáles son las interpretaciones resultantes del análisis estructurado. Las opiniones personales deben ser identificables en todo momento. Y si se dan, deben acompañar a las interpretaciones y no deben ocultarse con fintas formales del tipo: “es evidente que...”.

Cuando la escritura es selectiva, precisa, objetiva, concisa, clara y consistente, suele ser también sencilla. Conviene no perder de vista al lector y preguntarse si será capaz de seguir los razonamientos del informe.

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Directrices

Un serie de pautas nos pueden ayudar a la redacción de los informes:

  • Escribir con claridad y concisión y hacer un uso apropiado, consistente y económico de otros métodos de presentación de datos como tablas, planos o fotografías. Los métodos más innovadores de presentación pueden incrementar los costes de la publicación pero las hacen más completas y atractivas. El formato del informe debe adaptarse al público al que se dirige.
  • Presentar la información sobre los descubrimientos de forma equilibrada, lógica, accesible y estructurada. Debe ser comprensible en el acto para todo aquél que no sepa nada del yacimiento, reflejar la importancia de los resultados del proyecto y tratar de forma pertinente el contexto social, político e histórico del yacimiento. 
  • Los informes especializados y la información que los respalda deben tener el lugar y el valor que les corresponde. Los colaboradores especializados deben participar en el informe o ser informados de las decisiones editoriales que afecten la presentación impresa de su trabajo.
  • Proporcionar información precisa y verificable, y respaldar las interpretaciones con pruebas. Las ambigüedades de los datos deben discutirse. Si existe más de una interpretación, deben presentarse también las interpretaciones alternativas. 
  • Evaluar hasta que punto se han alcanzado los objetivos del proyecto y la metodología empleada.
  • Asegurarse de que las referencias a capítulos, párrafos, ilustraciones, fotos e informes científicos son correctas. Los lectores deben poder encontrar la información a la que se les remite sin dificultad. 
  • Mencionar posibles materias de estudio para el futuro que no han podido tratarse en el contexto del plan del proyecto acordado. 
  • Estandarizar las abreviaturas y escoger con cuidado las expresiones para transmitir todos los matices de significado.

En los informes científicos se recomienda la revisión colegiada para asegurar que se cumplen los niveles de calidad requeridos.

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Responsabilidad


Los informes debe elaborarlos un equipo de investigadores compuesto de especialistas de las ramas científicas que procedan. Es importante garantizar la colaboración y el intercambio de conocimiento. La responsabilidad de redactar el informe recaerá en quienes hayan participado directamente en la obtención de los datos y, en última instancia, en el director del proyecto. Es una función importantísima. La historia de la arqueología abunda en directores de proyecto que aplazaron la elaboración del informe hasta disponer de muchos más datos sobre el yacimiento y haberlo excavado durante años, para publicar el estudio definitivo y más completo en la materia. Por desgracia, muchos de ellos murieron antes de que el informe viera la luz. Por eso hoy la norma es gestionar proyectos de menor alcance hasta su conclusión. Más tarde podrán planificarse proyectos complementarios, pero antes hay que terminar los informes. Finalizar y remitir los informes de investigación puntualmente es el requisito para poder dirigir más proyectos de investigación similares.

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