05.09.2010 -

Entrevista: Anne Njenga – adalid de la atención y educación de la primera infancia en Kenya

Anne Njenga es una figura de primer orden en Kenya, en materia de atención y educación de la primera infancia (AEPI). Ha trabajado para el gobierno de ese país en labores de investigación y preparación de planes de estudio, ha publicado numerosos trabajos y ha evaluado a cientos de programas de ámbito nacional en Kenya y en otros países de África. En la actualidad, dirige la organización Mwana Mwende, que capacita a los formadores de AEPI a nivel universitario. La Sra. Njenga habló de su experiencia con EduInfo.

Qué significa Mwana Mwende?

¡“El niño amado”! “Mwana” quiere decir niño y “mwende” significa amado.

En Kenya, las tres cuartas partes de los docentes que trabajan en la AEPI han recibido capacitación. ¿Cuál es el aspecto más importante en la formación de un maestro de AEPI? 

Amar a los niños. Satisfacer sus necesidades, cuidar de ellos. El amor y la atención constituyen la lección más importante. Este aprendizaje puede realizarse mediante programas que transmiten competencias para la vida práctica y que abordan asuntos esenciales, como ¿quiénes son los niños?, ¿por qué son tan importantes? Los maestros deben creer en su labor. Se les explica que los párvulos son muy importantes y que, por consiguiente, la labor que los docentes llevan a cabo es también muy importante. Los maestros están tratando con seres humanos, están dotándolos de cimientos para toda la vida.

Usted introdujo un “escalafón docente” para los educadores que se dedican a la AEPI… 

Creo que el ejercicio de la docencia en la AEPI es una profesión, pero a la formación también pueden acceder personas que nunca han asistido a la universidad. Hay un primer diploma de dos años de estudios y otro superior que se obtiene con dos cursos más. Algunos de los estudiantes que hemos preparado han proseguido los estudios hasta obtener una licenciatura y, en ciertos casos, hasta un doctorado, de lo cual me siento muy orgullosa. Esos logros realzan la categoría de la AEPI en tanto que carrera y la dignifican.

 ¿Existe una gran diferencia entre las prestaciones de AEPI en el campo y en la ciudad? 

En las zonas urbanas las escuelas suelen estar en manos del sector privado, de los ayuntamientos o de las autoridades locales. Pero el 75% de los centros de preescolar de Kenya están a cargo de los padres y las comunidades, que en su mayoría son muy pobres y viven en zonas rurales.

 ¿Qué le llevó a usted a trabajar con niños pequeños? 

Tras haber recibido una formación en pedagogía, obtuve una maestría en psicología y empecé a trabajar con párvulos. Luego entré en el gobierno y tuve a mi cargo la investigación y los planes de estudio de la AEPI. Un momento decisivo fue cuando el gobierno me pidió que evaluara un programa experimental de 10 años en esa materia. Tuve que visitar unas 50 escuelas en todo el país. ¡Un montón de viajes!

 ¿Cuál fue el aspecto de la AEPI que más le impresionó? 

Las consecuencias del trabajo práctico en las zonas rurales me causaron una profunda impresión. Ver cómo los docentes se sentían felices cuando proporcionaban cuidados básicos a los niños que vivían en circunstancias muy difíciles. Comprendí que es posible ser feliz con muy pocas cosas. He visto cómo esas maestras improvisan, usan las tapas de las botellas para enseñar a los niños a nombrar los colores, fabrican muñecas, recortan la tela de los sacos para dar forma a los número, porque carecen de papel. Usan su imaginación para contar cuentos y organizar pequeñas representaciones dramáticas.

 ¿Qué efectos tiene la AEPI en las comunidades rurales? 

Cuando una comunidad participa en la construcción de una escuela o en su remozamiento, esa tarea les da a todos un grado de confianza en sí mismos. He visto cómo la participación en el trabajo de un preescolar ha transformado a una comunidad. Uno empieza por transformar al maestro; luego, se transforman los niños y los padres y, por último, toda la comunidad. 

¿Es importante la participación de los padres?

 Es un factor de suma importancia. En Kenya, los padres aprecian mucho la educación. Le otorgan un gran valor. Hacen lo que sea por sus hijos. La administración de las escuelas está a cargo de un comité formado por diez padres, cuyos cargos se van rotando. Son los padres los que facilitan el suelo, construyen la escuela y compran o fabrican el mobiliario. Le pagan al maestro un salario decente. Participan día a día en la gestión de la escuela. Las madres se turnan para preparar la merienda, que suele ser una papilla de cereal. Los padres fabrican barras de ejercicios, columpios, balancines o bloques de madera para los juegos de construcción. Tanto las madres como los padres les enseñan a los niños juegos y canciones, y los párvulos ofrecen pequeños recitales.

 ¿Cómo ha logrado Ud. movilizar el apoyo público para una especialidad docente que suele estar relativamente desatendida? 

De 1984 a 1986 desarrollamos una campaña. Viajamos por todo el país y alentamos a los padres a que fundaran centros de preescolar. Les proporcionamos ideas, les explicamos en qué consiste una escuela de calidad: un plantel con buenos edificios, mobiliario y maestros competentes. Les pusimos como ejemplos a otras comunidades que habían logrado crear sus propios centros de preescolar.

 Llegar a los marginados es una preocupación en todos los niveles de la enseñanza. ¿Cuál ha sido su estrategia para alcanzar a esos grupos desfavorecidos y proporcionarles instrucción? 

En las zonas más pobres, comprobamos que los maestros se sentían abandonados, trabajaban en malas condiciones, carecían de material didáctico y sólo podían usar la tiza y hablarles a los alumnos. Lo primero que hicimos fue proporcionarles formación; luego organizamos talleres para los padres. Les decíamos: “Miren esa escuela en ruinas. ¿Eso es lo que desean para sus hijos?” Entonces los padres se integraban al proyecto, reunían el dinero para pagarle al maestro y mejoraban las instalaciones escolares. Pasados algunos meses, nos mandaban un recado: “Vengan para que vean la escuela”. ¡Se sentían tan orgullosos de mostrar el resultado de sus esfuerzos!

 

 

 

 

 

 

 




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