08.12.2009 -

Entrevista a Judith McKenzie, galardonada con el Premio UNESCO/Emir Jaber al-Ahmad al-Jaber al-Sabah de Investigación y Formación en el Ámbito de las Necesidades Educativas Especiales de los Discapacitados Mentales

Experta, activista, especialista en asuntos políticos y madre de familia, Judith McKenzie ha desempeñado múltiples tareas a lo largo de su carrera, desde efectuar trabajos manuales en aldeas remotas de Sudáfrica hasta participar en debates políticos de alto nivel relativos a la educación integradora. La Sra. McKenzie ha recorrido toda la gama de soluciones educativas -o de la carencia de soluciones- para los niños aquejados de discapacidad mental, entre los que figura su hijo Joel, que padece el Síndrome de Down.

¿Qué significa para Ud. este premio?

¡De todos los premios existentes en el mundo, éste es el que yo habría preferido! Siento que me han conferido un gran honor y estoy conmovida. Este premio representa un reconocimiento - le concede importancia a la discapacidad mental.

Usted ha participado en debates de alto nivel sobre la discapacidad y la integración. ¿Cree que su labor ha cambiado algo en el plano político?

Quisiera creer que sí, que ha influido. Los debates en los que he participado han contribuido a cambiar las leyes, pero el proceso es muy largo. Las cuestiones relativas a la discapacidad forman parte ya del marco jurídico de Sudáfrica. Todo eso lleva mucho más tiempo del que una se imagina. Y si bien las cosas han cambiado, todavía hay muchas, muchísimas personas cuyas vidas no han cambiado. Todavía quedan necesidades enormes, pero al menos ya se reconocen como tales necesidades.

¿Cómo empezó usted a interesarse por la educación integradora?

Incialmente trabajé de logoterapeuta como miembro de un equipo interdisciplinario que trataba una amplia gama de discapacidades. Nos planteábamos interrogantes sobre nuestros pacientes, del tipo "¿qué clase de vida llevarán?, o bien "¿qué podemos hacer para ayudarlos en el marco comunitario?". Luego decidimos trasladar nuestra actividad del hospital a la comunidad. Empecé a participar en la formación de los empleados comunitarios encargados de las tareas de rehabilitación. La verdad es que comencé a partir de cero. Visitamos los hogares y las escuelas. Y de ahí data mi interés por la educación integradora. Comprendí que no bastaba con ayudar a un niño para que lograra caminar o hablar, que era indispensable llevarlo a la escuela y darle la oportunidad de aprender.

En su carrera usted ha combinado la formulación de políticas nacionales con los estudios internacionales y la labor empirica...
   
Así es. Trabajé con vecinas de zonas rurales que organizaban pequeñas guarderías en casas privadas o en iglesias. Esas mujeres tenían competencias, pero carecían de diplomas. Les di formación en Atención y Educación de la Primera Infancia (AEPI) y en nociones generales de pedagogía, con especial atención a la educación integradora. También trabajé en la universidad, donde fui profesora de alumnos que estudiaban pedagogía en los niveles de licenciatura y de postgrado. ¡Qué contraste! Durante tres años participé en el Programa de Liderazgo Internacional Kellogg y visité diversos programas de educación integradora en el mundo entero. Éramos un grupo muy heterogéneo. Íbamos a las casas de los colegas, creábamos grupos de estudio e intercambiábamos proyectos.

¿Cuál fue su principal desafío?

Un programa piloto de formación de docentes en educación integradora, realizado con el Departamento de Educación. Muchos de los maestros que estaban activos carecían de las competencias suficientes. Cuando Sudáfrica pasó del apartheid a la democracia, los docentes tuvieron necesidad de mejorar sus cualificaciones. De las nueve provincias de Sudáfrica, a mí me correspondió la del Cabo Oriental, que es la más extensa. Teníamos que reunir a los maestros, a pesar de los enormes problemas logísticos: largas distancias, caminos en mal estado, hoteles encarecidos que nos devoraban el presupuesto.... Pero fue una experiencia muy gratificante. A pesar de los altibajos, creamos en toda la provincia una red de personas que se preocupaban apasionadamente por los problemas de la discapacidad y la integración. Los docentes eran fantásticos - hicieron gala de un gran compromiso e incluso vinieron a recibir formación durante sus vacaciones.

Su hijo Joel nació con el Síndrome de Down. ¿Cree que su participación en asuntos relativos a la discapacidad le preparó para afrontar esta nueva situación?

Sí, pero aun así fue una enorme conmoción. Me costó mucho acostumbrarme. Por suerte, ya estaba en ese medio y conocía a muchos terapeutas y padres, y además mi marido y mis otros hijos me ayudaron mucho. Me puse al habla con la Asociación Sudafricana del Síndrome de Down, que había desempeñado un papel muy activo en lograr que el Departamento de Educación aplicara la educación integradora. La asociación llegó a ser mi mentora. ¡En mi condición de madre, pronto comprendí que 'del dicho al hecho hay mucho trecho'! Las escuelas no acogen como es debido a los niños aquejados del Síndrome de Down. ¡Muchos de ellos ni siquiera van al colegio! Ahora estoy dando la batalla sobre este tema, basándome en la EPT y los ODM....si continúa la marginación masiva de los niños discapacitados, nunca alcanzaremos esos objetivos.


¿A qué tipo de escuela asiste Joel?

Por el momento, Joel va a una escuela especializada, que no le exige demasiado y lo protege mucho. La "educación especial" se plantea a veces como una solución, pero no lo es. No es viable la idea de construir escuelas especiales para todos los niños discapacitados. La integración es la única manera de educarlos.

El concepto mismo de educación integradora consiste en que los docentes deben adaptar sus planes de estudio a fin de satisfacer las necesidades de todos los alumnos del aula, que se encuentran en niveles diferentes. Es terrible ver cómo los niños que no habían podido ir antes a la escuela o que han repetido el mismo curso dos o tres años seguidos, van creciendo y viendo cómo sus condiscípulos los dejan atrás, año tras año. Es muy importante que puedan seguir junto a sus coetáneos. Otros padres cuyos niños padecen también el Síndrome de Down nos informan de que cada año tienen que librar una nueva batalla para que a sus hijos les permitan pasar al grado siguiente.

El próximo año Joel asistirá a una escuela ordinaria en Ciudad del Cabo, que cuenta con una unidad de necesidades especiales -una buena combinación de integración y atención especializada. No se trata de una educación integradora al ciento por ciento, pero en este tema, ¡no quisiera pecar por exceso de celo!




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