La EDS y otras modalidades de educación

El Proyecto del Plan de aplicación internacional del Decenio de las Naciones Unidas de la Educación para el Desarrollo Sostenible dice que para lograr una EDS cabal es preciso incorporar todas las dimensiones del desarrollo sostenible: social, medioambiental, cultural y económica.

Desde que se inició el Decenio en 2005, pero también en los años que lo precedieron, se han integrado en la educación múltiples temas de la sostenibilidad. Esto se ha efectuado no sólo en el marco de la EDS, sino también en el contexto de otras modalidades educativas (por ejemplo, la educación para la paz, la educación mundial, la educación para el desarrollo, la relativa al VIH y el SIDA, la educación cívica, la intercultural y la holística, así como otras modalidades más tradicionales, como la medioambiental y la educación para la salud). La lista de las modalidades docentes vinculadas al desarrollo sostenible también es extensa, más de 100. En términos generales, cuanto más amplia es la interpretación de estas formas específicas de enseñanza, más se parecen a la EDS.

La EDS “se aprovecha” de todo lo relativo a la educación, comprendidas la sensibilización de la opinión pública y la formación, con el fin de avanzar hacia sociedades más sostenibles. La EDS no es simplemente otra modalidad de educación relativa al desarrollo sostenible que pueda perderse de vista en la rivalidad por ocupar un lugar en los planes de estudio de enseñanza primaria y secundaria. La EDS es un paradigma abarcador que guía y orienta a las disciplinas principales, los enfoques pedagógicos y las modalidades de enseñanza relativas al desarrollo sostenible a fin de contribuir a un futuro más sostenible. Las modalidades de enseñanza relacionadas con el desarrollo sostenible contribuyen a la EDS, pero ninguna puede remplazarla.

La EDS y la educación medioambiental

Aunque puede considerarse que la EDS tiene conexión con múltiples modalidades de enseñanza relativas al desarrollo sostenible, lo que destaca es su vínculo particular con la educación medioambiental (EMA). Esto no es sorprendente, puesto que la EMA está firmemente asentada en muchos países, especialmente en los sistemas de la educación formal. La coexistencia y el desarrollo simultáneo de la EMA y la EDS han suscitado interrogantes acerca de su relación y exhortaciones, unas veces a diferenciarlas y otras a hacerlas converger.

Las raíces de la EDS se hallan en la EMA. Los documentos fundacionales son la Declaración de Tbilisi (en lo tocante a la EMA) y, para la EDS, el Capítulo 36 del Programa 21, relativo a la educación, la sensibilización de la población y la capacitación. La intención es que la EDS aproveche las experiencias acumuladas con la EMA y no sólo que la perpetúe con otro nombre.

Los educadores que impartían clases sobre medio ambiente fueron los primeros en respaldar a la EDS y, en muchos aspectos, mantuvieron vivo el interés hacia ella durante el decenio que siguió a la Conferencia de Río de Janeiro. Al igual que otras modalidades de enseñanza relativas al desarrollo sostenible, la EMA sigue contribuyendo a la EDS aportando contenidos y pedagogía.

Las publicaciones y las teorías educativas recientes tienden a poner de relieve un desplazamiento del centro de interés de la educación al aprendizaje y hacen hincapié en la necesidad de mantener el compromiso con la sostenibilidad en el contexto de la educación formal, la no formal y la informal por una parte y, por otra, la necesidad de creación de capacidades, participación y autodeterminación con miras al desarrollo sostenible. Es preciso crear sinergias entre la EDS y otras modalidades de enseñanza orientadas al desarrollo sostenible, que deberían apoyarse mutuamente y no rivalizar entre sí. La EDS brinda un marco que facilita esas sinergias e interacciones constructivas.

 

 

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