“La educación es una gran fuerza de paz, pero también puede ser un vector de guerra”.

25.02.2011

Los niños y los sistemas educativos se encuentran a menudo en la línea de fuego de los conflictos violentos. El Informe de Seguimiento de la Educación para Todos en el Mundo de 2011, titulado Una crisis encubierta: Conflictos armados y educación, que se presentará el 1 de marzo, examina las nocivas consecuencias de los conflictos para la consecución de las metas de la educación. EduInfo conversó con su director, Kevin Watkins.

¿Por qué el Informe de Seguimiento de la Educación para Todos en el Mundo de 2011 centra su atención en los conflictos armados?

Los conflictos privan a millones de niños de la instrucción escolar que podría sacarlos de la pobreza. Son un obstáculo considerable para la EPT, en particular en los 35 países que los han padecido en el decenio que concluyó en 2008, la mayoría de los cuales son países de bajos ingresos o están en el grupo inferior de los de ingreso medio.   

La educación es una gran fuerza de paz, pero nosotros sabemos que puede ser también un vector de guerra. Los sistemas educativos pueden azuzar las tensiones y los prejuicios. Cuando un conflicto termina, es importante velar por que los planes de estudio y los manuales escolares tomen nota de los agravios que podrían reavivar las llamas de la contienda.  

¿Qué repercusiones pueden tener los conflictos sobre los sistemas educativos?

Los conflictos tienen consecuencias desastrosas para los sistemas educativos. Los países pobres afectados por conflictos tienen las tasas más bajas de alfabetización, las mayores desigualdades de género y el 42% de todos los niños sin escolarizar que hay en el mundo. 

Las escuelas, los estudiantes y los docentes suelen ser atacados deliberadamente y no sólo quedan “atrapados en el fuego cruzado”. Esta es la “crisis encubierta” a la que se refiere el título del Informe. 

Dos tercios de las personas desplazadas por los conflictos tienen menos de 18 años de edad y afrontan enormes obstáculos para obtener instrucción. En última instancia, los conflictos lesionan la educación al destrozar las economías, aumentar la pobreza y desviar los fondos públicos de la enseñanza hacia los gastos militares. 

¿Qué pueden hacer los gobiernos y los donantes de ayuda?

Los gobiernos deben proteger a los escolares que se encuentran en el frente de batalla. Deben proteger a las escuelas de la violencia y los abusos que están dañando la labor educativa. Y donde los gobiernos carecen de la capacidad o de la voluntad de actuar, la comunidad internacional debería tomar el relevo.

Además, después de un conflicto, los gobiernos pueden actuar rápidamente para reconstruir el sistema educativo –con medidas como la supresión de las tasas escolares, la construcción de escuelas, la contratación y formación de docentes y la creación de sistemas de gestión a largo plazo. Sólo el 2% de la ayuda que los donantes aportan se destina a la educación. Los donantes deberían repartir los riesgos y reducir los costos, de modo que los niños afectados por los conflictos tengan más posibilidades de asistir a la escuela.

¿Qué función deben desempeñar la comunidad internacional y el sistema de las Naciones Unidas?  

La comunidad internacional tiene que poner fin a la tradición de impunidad que rodea a las violaciones y otras formas de abuso sexual, que causan enormes daños a la labor educativa. En el Informe se pide la creación de una comisión internacional sobre la violación y la violencia sexual, con el apoyo del Tribunal Penal Internacional. También es preciso que la comunidad realice esfuerzos más enérgicos para apoyar la función de la educación en la construcción de la paz, mediante el Fondo de Consolidación de la Paz y las demás organizaciones, entre ellas la UNESCO.

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