Calidad

Programa para las madres de la comunidad de Dublin

©UNESCO/Niamh Burke
Programa para las madres de la comunidad de Dublin

Los programas de atención y educación de la primera infancia (AEPI) deberían hacer hincapié en el desarrollo integral del niño y no limitarse a ayudarlo en el tránsito a la escolarización formal. La atención de calidad en la primera infancia, especialmente a los niños de las familias más desfavorecidas, fomenta la motivación, la confianza, el desarrollo cognitivo y lingüístico correcto y la preparación para ingresar en la escuela.  

No existen criterios unánimemente aceptados que permitan cuantificar la calidad de la AEPI, pero entre los factores que cabe considerar figuran los materiales pedagógicos, la formación del personal, las estructuras y el nivel de educación y participación de los padres. El material de aprendizaje debería ser adecuado en cuanto a la cantidad, la cultura y el grado de desarrollo, y debería centrarse en la interacción con el niño. Donde existan planes de estudio apropiados, pueden presentarse problemas con la aplicación de la AEPI, ya que seguirá prevaleciendo la enseñanza primaria temprana y la preparación para la escolarización formal, a causa de la presión de los padres y porque este enfoque es más fácil para los docentes que el aprendizaje centrado en el niño. 

El personal encargado de la atención y educación de la primera infancia suele estar compuesto por un grupo heterogéneo de maestros de preescolar, asistentes sociales, cuidadores informales y otros profesionales. La formación y las condiciones de trabajo adecuadas son fundamentales, de manera que puedan integrar el contenido y la práctica de la atención y educación de la primera infancia, y abordar la transición hacia la escolarización formal. El marco de prestación de servicios y la infraestructura pueden variar considerablemente de un país a otro. La inspección y el seguimiento periódicos del marco de prestación de servicios, así como los componentes adecuados en materia de salud y nutrición son también decisivos para que pueda desarrollarse un aprendizaje significativo.  

En los países donde los recursos gubernamentales son limitados, el último año de la educación preescolar suele situarse en un contexto de escolarización formal o pueden existir esfuerzos para reducir la edad mínima de acceso a la escuela. Esas tendencias rebajan la importancia del desarrollo integral, al insistir demasiado en la preparación del niño para la escolarización formal. Sin embargo, cuando no es posible financiar la educación preescolar como parte de la atención a la primera infancia, una opción estratégica consiste en examinar la manera de mejorar la pedagogía de la educación preescolar instalada en el contexto de la escolarización formal.  

La participación activa de los padres y las comunidades, así como los materiales lúdicos y de aprendizaje pertinentes, garantizan que los servicios destinados a la primera infancia corresponden a las necesidades de los niños y de las demás partes interesadas, al tiempo que aumentan su sostenibilidad.

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