“Rescaté los textos antes de que saquearan la escuela”. Una maestra de Gao (Malí) cuenta su historia.

02.04.2013 12:09 Antiguedad: 1 yrs

Maiga Hadizatou Hamzatou ejerce la docencia en la escuela Ouleimatou de la ciudad de Gao, en el norte de Malí. En una entrevista concedida a la UNESCO, Maiga describe los trastornos que la escuela y la vida cotidiana en la ciudad padecieron tras la invasión del 31 de marzo de 2012.

UNESCO/Jean O'Sullivan - Maiga Hadizatou Hamzatou, Teacher in the northern Malian city of Gao, Mali

¿Qué trastornos sufrió la actividad escolar?

Los yihadistas empezaron a saquear las escuelas al día siguiente de la invasión. No quedó ni un libro. Se llevaron los muebles y todo el equipo informático que encontraron. Las escuelas aún estaban cerradas porque eran días festivos.  

El padre de un alumno vino a avisarme. Fui con dos de mis hijos, abrí la escuela y rescaté todos los manuales escolares que pude, antes de que los yihadistas llegaran.

Se implantó la enseñanza separada para niñas y varones, y no teníamos capacidad para duplicar todas las clases. Muchos docentes huyeron hacia el Sur. Se cerró la mayoría de las aulas, pero mantuvimos las clases preparatorias para el examen.

¿Qué examen estaban preparando los alumnos y cómo mantuvieron el funcionamiento de esa clase?

Nuestra directora, la Sra. Ouleimatou, les pidió a los docentes y miembros de la sociedad civil que velasen por la continuación de la labor con miras al examen que otorga el DF (diploma de estudios elementales) al final de curso. Había 160 estudiantes en esa clase y el 90 por ciento eran niñas. Ciento treinta siguieron asistiendo. Otras diez prosiguieron los estudios en el Sur.

¿En su condición de mujer y docente, cuáles fueron los principales problemas que confrontó?

A las mujeres se nos prohibió desplazarnos sin llevar velo. Todas las niñas y las mujeres se vieron obligadas a usarlo, incluso las niñas pequeñas, de un año de edad. Los yihadistas amenazaban con “castigar” a quien se negase.

También se trastornó el transporte hacia la escuela y, en general, a cualquier parte, porque todos los vehículos fueron requisados, incluso las motocicletas.


¿Hubo resistencia a llevar el velo entre las niñas y las mujeres?

Al principio hubo una manifestación espontánea contra el velo, en la que participaron unas 100 mujeres y niñas de todas las edades. Muchas de mis alumnas fueron a la protesta. El portavoz de los yihadistas, Abdulhakib, trató de convencernos diciendo que pronto toda el África occidental estaría sujeta al mismo régimen.

Pero luego, debido al contexto de intimidación, les sugerimos a nuestras alumnas que usaran el velo, para que no llamaran la atención.
 

¿En qué consistía la intimidación?

Los yihadistas patrullaban las calles llevando fusiles Khalashnikov. La bandera negra flotaba por doquier. Convirtieron el ayuntamiento en un centro de “castigos”. La radio transmitía amenazas todo el tiempo.

Los ocupantes castigaban a las mujeres cuando las veían con un hombre que no era su hermano, su marido o su padre. Una de mis alumnas, Ailguaïchatou (de 15 años de edad) fue flagelada en público porque un vecino la llevó en motocicleta. El hombre también recibió azotes.
 

¿Tenían miedo los padres de enviar a sus hijas a la escuela?

Sí, los padres mantenían a las niñas en casa, por miedo a que fueran ultrajadas. Otra de mis alumnas, Bouchirza (de 16 años) fue violada por tres extremistas cuando iba camino de la escuela. Nunca más volvió al colegio.
 

¿Modificaron ustedes el contenido pedagógico con miras al examen final?

No, tuvimos libertad para impartir el programa establecido. Los yihadistas prohibieron la educación física, pero no examinaron atentamente el resto de los planes de estudio. Carecían del bagaje intelectual necesario para hacerlo. De modo que seguimos impartiendo, por ejemplo, lecciones sobre las enfermedades de transmisión sexual.
 

¿Completaron los alumnos el curso con miras al examen?

Sí, pese a todos los obstáculos, pudieron al fin someterse al examen el pasado mes de octubre en Sevare, a 546 kilómetros de Gao. El UNICEF nos ayudó a solucionar el problema del viaje y el alojamiento, porque el examen dura tres días y, en total, la operación nos llevó cinco días.

 

Entrevista de Jean O’Sullivan

 


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