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28.08.2009 -

Nuevas directrices internacionales explican lo que debe enseñar la educación sexual

Lograr la disminución del índice de contaminación de los jóvenes por el VIH y mejorar su salud sexual y genésica son dos objetivos que exigen la elaboración de programas de educación eficientes. Sin embargo, en muchas partes del mundo todavía no se dispone de programas pedagógicos de este tipo. La UNESCO y sus asociados han elaborado ahora una serie de nuevas directrices para abordar este problema.

Las “Directrices internacionales sobre educación sexual”, que no revisten un carácter obligatorio, sino voluntario, ofrecen a los educadores orientaciones sobre la mejor forma de conseguir que los jóvenes de ambos sexos adquieran los conocimientos necesarios para protegerse contra las coacciones, los abusos y la explotación de índole sexual, los embarazos inesperados y las enfermedades sexualmente transmisibles, comprendido el sida.

Según el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA (ONUSIDA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de cinco millones de jóvenes viven hoy con el sida en todo el mundo y el 45% de las nuevas contaminaciones se producen en el grupo de población con edades comprendidas entre 15 y 24 años. Las estadísticas de la Federación Internacional de Planificación Familiar (IPPF) muestran que cada año se dan entre los jóvenes de 10 a 24 años unos 111 millones de nuevos casos de enfermedades curables transmitidas por vía sexual, y que 4,4 millones de muchachas de 15 a 19 años intentan hacerse abortar en condiciones poco seguras e insalubres en la mayoría de los casos. El 10% de los niños nacidos en el mundo son hijos de madres adolescentes, entre las que se dan índices de mortalidad superiores a los observados en mujeres de más edad.

“La educación es, por ahora, la mejor arma con que contamos para afrontar esos problemas”, dice Mark Richmond, Director de la División de la UNESCO para la Coordinación de las Prioridades de las Naciones Unidas en el campo de la Educación y coordinador global de la lucha contra el VIH y el sida. Richmond agrega que “los datos de que disponemos nos muestran que un gran número de jóvenes no tienen la posibilidad de adquirir los conocimientos susceptibles de ayudarles a tomar decisiones con conocimiento de causa, evitando así consecuencias trágicas para sus vidas. Las nuevas “Directrices internacionales sobre educación sexual” contribuirán a subsanar esa laguna”.

Richmond especifica que “las nuevas directrices no son un currículo, sino un documento centrado en por qué y a qué se debe prestar atención en las estrategias encaminadas a introducir la educación sexual o mejorarla”.

Los coautores de las “Directrices internacionales sobre educación sexual” son el eminente investigador Douglas Kirby de “Education, Training and Research Associates” (ETR) y Nanette Ecker, ex directora de educación y formación internacionales en el Consejo Estadounidense de Información y Educación sobre Sexualidad (SIECUS).

Documentada con datos empíricos y centrada en la defensa de los derechos de la persona humana, esta publicación se basa en 87 estudios efectuados en todo el mundo y pasa revista a los currículos de 12 países, así como a las directrices para una educación sexual global elaboradas por el SIECUS. Su objetivo es prestar ayuda a las autoridades que se dedican en los campos de la educación y la salud –u otros ámbitos pertinentes– a preparar y aplicar programas y materiales didácticos para escolares.

En las “Directrices internacionales sobre educación sexual” se explica lo que es este tipo de educación, así como su importancia. La obra está estructurada en torno a seis ejes principales –relaciones; valores; cultura, sociedad y derecho; desarrollo humano; conducta sexual; y salud sexual y genésica– y aborda 23 temas conexos vinculados con objetivos de aprendizaje para cuatro grupos etarios diferentes: 5-8 años, 9-12 años, 12-15 años y 15-18 años, o más.

“Si el objetivo que se pretende alcanzar es que disminuyan las conductas sexuales arriesgadas, los programas deben tener un enfoque preciso y comprender recomendaciones concretas”, dice Douglas Kirby. “En las directrices se formulan 32 recomendaciones y 13 de éstas se orientan hacia los cambios de conducta. El enfoque preciso debe estar basado en la adquisición de competencias prácticas, tiene que ser interactivo y comprender juegos simbólicos sobre la forma de evitar relaciones sexuales no deseadas o la utilización de preservativos, por ejemplo”.

Por su parte, Nanette Ecker dice que “si las matemáticas y las ciencias se valoran como conocimientos importantes que los jóvenes deben adquirir por su propio bien, también se deben valorar las ventajas de una educación sexual sólida”.

En la Conferencia Internacional de Educación sobre la Sexualidad y las Relaciones, que se va a celebrar del 7 al 9 del próximo mes de septiembre en el Reino Unido, se presentará una versión de las “Directrices internacionales sobre educación sexual” especialmente preparada para conferencias. La presentación oficial de la publicación tendrá lugar en la sede neoyorquina de las Naciones Unidas a finales de octubre.




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