J.-F. Julliard (RSF): “Mientras las autoridades no acosen sin tregua a los asesinos de periodistas, continuarán las muertes”.

Jean-François Julliard, Secretario General de Reporteros sin Fronteras (RSF), constata en la entrevista que sigue que frente a la dificultad de proteger a los periodistas especializados en asuntos de corrupción, la lucha contra la impunidad continúa siendo la única solución susceptible de ejercer un efecto disuasivo sobre los asesinos en potencia.

 

Entrevista realizada por Bernard Giansetto, Oficina de Información Pública de la UNESCO

Para un periodista que cubre un conflicto existen precauciones y reglas precisas a tomar en cuenta en materia de seguridad. No es el caso para los periodistas que se ocupan de temas de corrupción. ¿Como puede protegerse a un periodista amenazado por sus escritos?

La única respuesta posible pasa por la lucha contra la impunidad. Si mañana en Filipinas, México o Rusia existiera una verdadera voluntad de las autoridades y se emplearan medios reales para detener a los asesinos de periodistas, las cosas se calmarían. El problema persistirá en tanto los asesinos no vacilen en actuar, porque saben que no arriesgan gran cosa. En algunos países, un hombre de negocios corrupto sabe que puede mandar asesinar a quien quiera por algunos miles de dólares, y prácticamente sin correr ningún riesgo. En tanto no exista un compromiso real de las autoridades para perseguir y sancionar a los asesinos, los homicidios de periodistas continuarán.

¿Qué pueden hacer las organizaciones de defensa de periodistas? ¿Ejercer presiones? ¿Pedir a los ciudadanos que escriban a las autoridades?

Las presiones eventuales son más bien competencia de los Estados y salvo en casos emblemáticos, como el de Anna Politóvskaya en Rusia, éstas suelen ser bien tímidas. En cuanto a las campañas de cartas, lo cierto es que nunca cambiaron nada. Por el contrario, organizaciones como la nuestra pueden intentar influir en las autoridades discutiendo con ellas. Si las ONG no hubieran estado allí para realizar ese trabajo de sensibilización, de presión, Filipinas no habría establecido un grupo de trabajo especial tal como lo hicieron para investigar los crímenes contra los periodistas. México no hubiera nunca establecido la fiscalía especial, ese tribunal que se ocupa únicamente de los delitos y crímenes contra los periodistas. Según entiendo, es el único país que creó una instancia similar. Esto evidentemente no arregló el problema, pero de por sí es un avance. Pese a una aparente voluntad de mejorar la situación en algunos países, lamentablemente nos da la impresión de que los progresos reales son muy limitados.

Mientras esperamos que se ponga fin a la impunidad es difícil protegerse cuando se denuncian malversaciones o hechos de corrupción política. Organizaciones como la suya organizan talleres de formación de periodismo de guerra. Pero no está claro cómo se podría hacer para protegerse de los asesinos a sueldo e incluso uno podría interrogarse si a fin de cuentas ello tendría sentido

Sí, lo tiene y las redacciones mexicanas son las que más avanzaron en la reflexión sobre el tema. Algunas tomaron medidas radicales, por ejemplo establecieron el anonimato de los reporteros que investigan sobre el tráfico de drogas. Otras decidieron no tratar la cuestión fuera de la postura oficial de las autoridades o de las declaraciones de conocidos representantes de los carteles de la droga. Algunos periódicos renuncian incluso a realizar un trabajo de investigación. Por eso, da la impresión que en las regiones más afectadas por el problema los narcotraficantes ganaron la batalla de la información.

Hoy día los periodistas de guerra son blanco de ataques del mismo modo que el personal humanitario. ¿Estamos asistiendo a un deterioro general de la situación?

Lo que ha cambiado para los periodistas de guerra es que más allá del riesgo habitual de recibir un obús o saltar sobre una mina, hoy día existe la posibilidad de ser atacado en cualquier lugar. Tampoco existe ya respeto a la neutralidad del periodista. Con frecuencia es considerado un espía o asimilado a un beligerante. Se considera que ha tomado partido. En países como Iraq en general el periodista no es visto como neutral como tampoco en la zona de Afganistán-Pakistán. También se los considera moneda de cambio, algo que no es nuevo, pero que se ha agravado considerablemente. El periodista es hoy más que nunca una moneda de cambio.

Noticias relacionadas:
Principio de la página