» Cinco relatos esperanzadores del campamento de refugiados de Zaatari
20.06.2016 - Education Sector

Cinco relatos esperanzadores del campamento de refugiados de Zaatari

©UNESCO

La educación produce beneficios enormes para los niños refugiados. En el campamento de refugiados de Zaatari, en el norte de Jordania, un proyecto educativo de la UNESCO proporciona nuevas esperanzas a los niños sirios refugiados.

El proyecto no sólo facilita educación, sino que proporciona también apoyo psicológico a unos 200 niños sin escolarizar del campamento, que además acoge a 80.000 refugiados sirios que huyeron del caos bélico imperante en su país.

De los 30.000 niños del campamento en edad de cursar estudios, la mitad está sin escolarizar.   

Cuatro niños y un maestro explican hasta qué punto el proyecto de la UNESCO les ha devuelto la esperanza. El proyecto cuenta con la financiación de la Unión Europea y se lleva a cabo en colaboración con la ONG War Child UK.

Eyad, 11 años, aprende a entablar nuevas amistades

Eyad presenció cómo dos de sus amigos morían en Siria de los disparos que habían recibido y eso colmó la paciencia de su padre, que decidió partir hacia Jordania con la familia. El suceso dejó a Eyad ansioso y agresivo, incapaz de estudiar. Junto con otros 109 menores de ambos sexos, Eyad acaba de completar un curso de apoyo psicosocial y educación informal de tres meses de duración, que le ha permitido proseguir los estudios y hacer nuevos amigos.

“Había distintos ejercicios de confianza que me ayudaron a reducir la ansiedad y fortalecieron mi relación con los nuevos amigos. No falté ni un solo día, me encantaba venir aquí”, dijo Eyad.

¿Su esperanza para el futuro? “Quiero ser maestro, como mi maestro, el Sr. Mahmoud. Él me hacía sentir querido e incluso respetado. Quisiera darles a otros niños lo que a mí me han dado”.

Jad, 15 años, logra grandes avances en la escuela

El programa ha ayudado a Jad a superar algunos traumas y a lograr importantes avances educativos. “Confieso que era un acosador antes de ingresar en este programa, pero la verdad es que no sabía que otra cosa podía hacer para protegerme”, afirmó. En los exámenes originales que Jad realizó al ingresar en el programa, su puntuación fue de 18/100 en matemáticas y 0/100 en árabe. Pero en los exámenes finales logró 97/100 y 99/100, respectivamente. Ahora domina la lectura, la escritura y la pronunciación, es más sociable y está más animado.   

¿Su esperanza para el futuro?  “Quisiera ser profesor de matemáticas o chófer de camión”, afirma.

Jana, 8 años, trata de olvidar el ruido de los disparos

De su llegada al campamento, Jana recuerda claramente una cosa.

“Me sentía feliz y aliviada. Los disparos ya no se oían. Aprendí mucho al llegar aquí. Ahora puedo leer y escribir bien, cosa que antes no podía hacer, y estoy muy entusiasmada por lo que puedo hacer con ese conocimiento. También he hecho nuevos amigos y ahora somos inseparables”.

¿Su esperanza para el futuro? “Llegar a ser maestra de niños, aquí mismo en el campamento, si nos quedamos mucho tiempo”.

Najwa, 10 años, supera traumas severos

Najwa llegó al campamento bajo el impacto de un golpe terrible.

“Mi papa murió en Siria. Durante el asedio de nuestra ciudad por los ejércitos rivales, mi padre salió a buscar comida porque nos moríamos de hambre, pero nunca regresó. En ese momento mi madre decidió que viniéramos a Jordania”.

Najwa también ha logrado notables avances en la escuela, desde su puntuación original de 10/100 en matemáticas y 0/100 en árabe, hasta los 100/100 que ahora saca en ambas asignaturas.

¿Su esperanza para el futuro? “Llegar a ser maestra de pintura”, afirma. “Y no voy a renunciar a mi sueño”.

Mahmoud, el docente

Mahmoud es un refugiado sirio de 27 años de edad, que trabaja de docente para War Child UK, como parte del equipo UNESCO-UE en el campamento de Zaatari.

“La primera vez que vine aquí, pensé que nuestra estadía sería temporal, y que pronto volvería a casa. Cuando eso no ocurrió, empecé a buscar un empleo. Primero busqué un puesto de docente, pero no encontré nada en el campamento, de modo que reuní a los niños del vecindario y empecé a darles clases. Pensé que tenía que ayudarles, porque no recibían educación en ninguna otra parte”.

Mahmoud es muy popular entre los niños que participan en el programa.

“Me gusta que los niños participen y se sientan entusiasmados, y me gusta hacerles reír en clase. Soy un tutor tanto como un docente, y siempre intento ser un buen modelo de conducta para ellos”.

¿Su esperanza para el futuro? “Quiero que mis alumnos vuelvan a las escuelas tradicionales y, en cuanto a mí, desearía proseguir los estudios y obtener una maestría. El aprendizaje nunca se detiene y yo tampoco debo hacerlo”.




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