22.03.2010 - UNESCOPRESS

Frankétienne, una voz entre las ruinas

© UNESCO/Mehdi Benchelah

[En Puerto Príncipe, todo el mundo reconoce su silueta de viejo filósofo del Caribe. Con su imponente barba blanca y sus ojos chispeantes y juguetones, Frankétienne (su nombre verdadero es Franck Etienne) es una figura familiar de la isla. Nacido en 1936, en el Artibonite, departamento del centro del país, está considerado como uno de los más grandes artistas vivos de Haití. Pintor, novelista, poeta y dramaturgo, Frankétienne es autor de una treintena de obras teatrales en francés y en creole. A la largo de medio siglo produjo una obra multiforme y barroca que revisita los numerosos mitos que modelan el alma haitiana.

 

Dentro del marco de su política de apoyo a los artistas haitianos tras el sismo del 12 de enero, la UNESCO invitó a Frankétienne a París, con motivo del Foro “Reconstruir el tejido social, cultural e intelectual de Haití” organizado el 24 de marzo en la UNESCO. En ese marco, se presentará por primera vez la obra teatral “Le Piège o Melovivi (la trampa)” escrita en noviembre de 2009 y calificada por algunos de “visión profética”. La pieza pone en escena dos personajes sobrevivientes de una terrible catástrofe que se encuentran prisioneros en un espacio cerrado y bajo las ruinas. El 24 de marzo, Frankétienne será nombrado Artista de la UNESCO para la Paz.

Entrevista realizada en Puerto Príncipe por Mehdi Benchelah, de la Oficina de Información Pública de la UNESCO

 

 

¿Cómo surgió la idea de esta obra que parece evocar, de manera premonitoria, la tragedia del 12 de enero?

 

En noviembre de 2009, me despertó en la noche una voz a la vez enigmática y familiar que me pidió escribir una nueva obra teatral, un texto sobre la ecología, porque la tierra está amenazada. No es la primera vez que se manifiesta este tipo de videncia. Encontramos el fenómeno de dimensión profética en buen número de poetas. Yo nací y crecí en un medio místico y vudú que ejerció gran influencia sobre mí. Aunque no soy adepto del vudú reconozco su importancia en el funcionamiento de la cultura haitiana porque en realidad el vudú constituye la matriz de nuestra cultura.

 

La tierra está fragilizada por las explotaciones humanas. Esta civilización moderna parece más interesada en tener que en ser. Esto produce toda suerte de estragos: emisión de gases con efecto invernadero que acarrea el adelgazamiento de la capa de ozono ya de por sí muy fina y debilitada. sto también produce como consecuencia la desertificación inquietante y progresiva de la isla de Haití.

 

Así, comienzo a escribir partiendo de esa angustia nacida de una comprobación dolorosa y trágica. Con el correr de los días, la obra fue adquiriendo una atmósfera poética que me agradó mucho ya que en el fondo lo que me anima es la poesía. La trascendencia poética me permite rendir con metáforas lo que llamo la estética del caos, el deterioro y lo inesperado. La vida está hecha de tal manera que la mayor parte de los fenómenos no corresponden al orden de lo visible, sino al de lo impalpable y lo intangible. Sé que mis propósitos pueden perturbar a algunos espíritus racionalistas. ¡Peor para ellos! Porque ese racionalismo desecante ignora la vida, pues afirma que uno más uno es dos… cuando uno más uno es igual al infinito.

 

La primera representación de su obra, que había sido fijada para el 29 de enero en Puerto Príncipe tuvo que ser anulada como consecuencia del terremoto. El estreno mundial tendrá lugar finalmente en la sede de la UNESCO en París. ¿Piensa que algún día la obra se verá en Haití?

 

Lo deseo, pero hoy día la atmósfera no se presta para una manifestación de ese tipo que toca muy de cerca el dolor de la gente. No sé si tal cosa será posible dentro de ocho meses o un año, cuando quizá se inicie una relativa cicatrización del dolor. Y digo relativa porque olvidar lo pasado, no se puede.

 

No es la primera vez que la tierra tiembla de esta manera: es hasta corriente, diría que normal. La tierra tiembla siempre, en California, en Chile, en Japón. Lo que no es normal es que el sismo deje un saldo de casi 230.0000 muertos, esto se debe a la falta de los hombres. No hemos sabido jamás hacernos cargo del espacio haitiano. Se construye de cualquier manera, se hace lo que se quiere.

 

En un futuro más o menos lejano, quizá en un año, será posible poner en escena la obra en Haití. Me espero llanto y gritos en la audiencia. Pero la función del arte también es catártica.

 

Justamente, ¿cree que la cultura permitirá a Haití liberarse de sus sufrimientos, en particular del traumatismo del 12 de enero?

 

Tal ha sido siempre mi deseo  y mi creencia. La verdadera riqueza de Haití es la creatividad permanente. Y sin embargo, las condiciones para los artistas son deplorables. No fueron apoyados por los diferentes gobiernos cuando esa creatividad constituye la única riqueza de la identidad haitiana. Nuestros artesanos, pintores, músicos, bailarines, son nuestra riqueza, nuestro patrimonio es inviolable porque existe en el imaginario, en esa catedral que es el cráneo. Ello no concierne solamente a Haití. La humanidad en su conjunto no obtendrá su salvación sino por la cultura y la espiritualidad en su sentido global, es decir la educación ciudadana, intelectual y artística.

 

¿Cómo definiría el alma haitiana, ésa que no cesa de relatar en su obra proteiforme?

 

Es esa sensibilidad elemental a la espiritualidad nutrida por el vudú, piensen lo que piensen ciertos cristianos. Existe una sensibilidad vudú incluso entre quienes no son practicantes. Hay una manera de hablar, de comer, de hacer el amor, de comunicarse con los otros típicamente haitiana que está alimentada por el vudú.  Y ello pertenece a nuestro inconsciente colectivo. Inconsciente que se modifica con el transcurso del tiempo pero conserva su esencia más profunda. Y tal esencia es, fundamentalmente, de orden espiritual.

 




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