» Entrevista con Anna Parzymies: el acercamiento entre culturas es un antídoto al “choque de civilizaciones”
11.02.2010 -

Entrevista con Anna Parzymies: el acercamiento entre culturas es un antídoto al “choque de civilizaciones”

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Fundadora de la primera editorial polaca especializada en el ámbito de la civilización árabe musulmana, Anna Parzymies integra ese grupo de personas para quienes la noción de acercamiento entre culturas no tiene nada de abstracto: las ediciones académicas “Diálogo”, que dirige, publicaron más de 200 títulos que revelan al público polaco los diferentes aspectos del mundo árabe musulmán. Fundadora también del Departamento del Islam en Europa en la Universidad de Varsovia, comparte con el calígrafo iraquí Ghani Alani el premio Sharjah 2009 para la cultura árabe. Un digno reconocimiento a su contribución al desarrollo, difusión y promoción de la cultura árabe en el mundo.

 

Entrevista realizada por Jasmina Šopova

Usted es polaca y nació en Bulgaria. ¿De dónde proviene su interés por la cultura árabe?

En los años 1960, les países del Este intensificaron sus relaciones con los Estados árabes que acababan de acceder a la independencia, contribuyendo así a despertar en el seno de sus poblaciones un interés real por la cultura árabe. Muy a menudo, los investigadores, médicos y universitarios que se habían involucrado en la cooperación con los países árabes publicaban, al regreso a sus respectivos países, libros que nos hacían descubrir aquellas regiones. Las traducciones de obras de Naguib Mahfuz, Yusuf Idris, Al Ghitani o Ghadad as Simman apasionaron a los lectores. Al mismo tiempo aumentó el interés por la religión musulmana. La primera edición del Corán en polaco, traducido por el profesor Jozef Bielawski, fundador del Departamento de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Varsovia, se convirtió en un acontecimiento cultural de tal envergadura que ¡la gente hacía cola en las librerías para comprarlo!

Así las cosas, el terreno era sumamente favorable a la curiosidad de la joven que yo era por entonces. Me lancé pues, entre 1958 y 1962, al estudio de la filología oriental en Sofía (Bulgaria) y luego partí a Túnez, donde residí de 1962 a 1968. Fue entonces cuando la lengua y la cultura árabes se convirtieron en mi vida en una verdadera pasión. Tras haber obtenido un máster sobre el dialecto árabe de Túnez y publicado un libro sobre el país, me fui a Argelia. Allí preparé mi doctorado sobre la antroponimia argelina y más especialmente la de los apellidos modernos de origen turco que defendí a mi regreso a Polonia, antes de comenzar mi carrera docente en el Instituto de Estudios Orientales de la Universidad de Varsovia.

En 1992 fundó, la editorial Diálogo (Wydawnictwo Academickie Dialog). ¿Qué la motivó?
Luego del cambio de régimen político en Polonia, las editoriales estatales fueron adquiridas por editores privados, quienes con frecuencia no disponían de medios suficientes para mantener las actividades que éstas realizaban y además la política editorial había cambiado para responder mejor a las nuevas expectativas de los lectores, ávidos de conocer todo cuanto podía aportarles el mundo occidental.

En consecuencia, mis colegas y yo comenzamos a encontrar más y más dificultades para publicar nuestros trabajos de investigación o vulgarización y nuestras traducciones. Tras haber multiplicado las iniciativas para atraer la atención de los editores, harta de batallar, decidí fundar una editorial que nos permitiera continuar nuestras actividades. Empecé de casi nada pero luego obtuve la ayuda de mis colegas y sobre todo el poyo de la UNESCO, que financió nuestro equipamiento electrónico.

Hasta la fecha hemos publicado 150 libros del ámbito de la civilización árabo musulmana y del mundo musulmán en general, gracias también a las subvenciones del Ministerio de Educación Nacional y de la Universidad de Varsovia.

En 1998, usted creó en dicha Universidad el Departamento del Islam en Europa. Para ello, ¿cuál fue el camino recorrido?

Entre 1987 y 1988, participé en una formación de ocho meses en Aix-en-Provence. Hacía más de diez años que no venía a Francia y descubrí con la mayor sorpresa una inmigración magrebí que no correspondía a mi recuerdo de los años 1970, cuando la misma estaba constituida esencialmente por obreros que hacían todo lo posible para no llamar la atención. Descubrí una clase educada, que trabajaba en empresas, en la administración y las universidades. Vi jóvenes emancipadas que estudiaban y se graduaban. Fui testigo de una vida cultural y religiosa bien organizadas.

Al mismo tiempo, comprobé la existencia de cierto malestar proveniente por una parte del desconocimiento de la cultura árabo musulmana en el seno de la población francesa y, viceversa, idéntico desconocimiento por parte de la población francesa. También observé cierta incomprensión de la cultura francesa en el seno de la población inmigrante. Me pareció que por ambas partes, la gente basaba su reflexión en clichés ampliamente superados. A partir de ahí, quise sabe más sobre el estatuto de los inmigrantes y sus condiciones de trabajo y de vida.

Por entonces, Polonia no era una tierra de acogida para trabajadores inmigrantes. A excepción de los estudiantes árabes, los musulmanes entre nosotros eran en su gran mayoría autóctonos de origen tártaro que vivían en el país desde hacía 600 años, que hablan polaco y están bien integrados en la sociedad. Pero no era difícil imaginar que luego del ingreso de Polonia en la Unión Europea, el país podría convertirse en un destino para los trabajadores inmigrantes de origen árabe. Me pareció que conocer la historia del Islam en Europa y las políticas occidentales frente a la inmigración musulmana podría ayudarnos a preparar el terreno. Además de este aspecto práctico, pensé que estudiar la evolución de la inmigración árabo-musulmana en el contexto del multiculturalismo que caracteriza hoy día a Europa no podía sino enriquecer nuestra visión del mundo. A mi regreso a Varsovia propuse crear un departamento de investigación sobre la cuestión de los musulmanes en Europa. El proyecto fue aceptado de inmediato tanto por el rector como por el Consejo de la Universidad.

¿Qué interés tienen los estudiantes polacos por tal tipo de estudios?

Mucho mayor de lo que era de esperar. Acontecimientos políticos como el 11 de septiembre, las guerras del Golfo, de la ex Yugoslavia, de Afganistán, de Iraq o de Medio Oriente  aumentaron en gran manera el interés por el Islam y por los árabes. Nuestros cursos no sólo están abiertos a los estudiantes de la Facultad de Estudios Orientales, así que las aulas están abarrotadas. Participan activamente alumnos de otras facultades, periodistas y jóvenes funcionarios del ministerio de Relaciones Exteriores.

¿Qué tesis principal defiende en el libro que publicó en 2003, “El Islam frente al terrorismo”?

El  objetivo de mi libro es presentar las causas y la historia del terrorismo y, sobre todo, explicar que esas fuentes no están ligadas a la religión musulmana, que hay que establecer una distinción entre terrorismo e Islam. Lo escribí después del 11 de setiembre 2001, cuando la guerra contra el terrorismo declarada por el presidente Bush se transformaba en el espíritu de algunos, a través de los medios, en una guerra contra el Islam y contra los musulmanes.  Presento también las fuentes del antiamericanismo que se desarrolló en las sociedades árabes.

La noción de “acercamiento de las culturas”, ¿qué le sugiere?

Ante todo, conocer y comprender. Pero también aceptar la diversidad cultural y a partir de ahí ir entretejiendo un diálogo intercultural. Resumiendo, un antídoto al “choque de civilizaciones” de Samuel Huntington, que considera natural la hostilidad entre las civilizaciones.

 




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