» Kimmie Åhlén – De extremista del Poder Blanco a educador de jóvenes trabajadores
21.09.2016 - Education Sector

Kimmie Åhlén – De extremista del Poder Blanco a educador de jóvenes trabajadores

© UNESCO

Kimmie Åhlén es el hombre más indicado para el trabajo que realiza: enseñar a jóvenes trabajadores cómo relacionarse con otros jóvenes vulnerables a la influencia del extremismo violento.

Y es así, porque cuando apenas tenía 12 años de edad, el Sr. Åhlén ingresó en el movimiento sueco Poder Blanco y llegó a ser, durante nueve años, uno de los dirigentes del Frente Nacionalsocialista.

Ahora el Sr. Åhlén colabora con el Centro de Prevención del Delito de Värmland (Suecia) y comparte su excepcional experiencia y conocimientos sobre los grupos extremistas y sobre lo que atrae a los muchachos hacia esos grupos, con el fin de mejorar la labor de prevención que realizan los jóvenes trabajadores, políticos y otros funcionarios.

El Sr. Åhlén fue uno de los oradores invitados a la conferencia sobre la prevención del extremismo violento mediante la educación, que auspiciaron conjuntamente la UNESCO y el Instituto Mahatma Gandhi de Educación para la Paz y el Desarrollo Sostenible (MGIEP, por sus siglas en inglés) y que tuvo lugar en Nueva Delhi (India), los días 19 y 20 de septiembre de 2016. El Sr. Åhlén compartió sus conocimientos en una sesión titulada Senderos hacia la radicalización y motores del extremismo violento.

La función decisiva de la escuela y los padres

El Sr. Åhlén habló de su sorprendente cambio de vida y de la función decisiva que desempeñan la escuela, los padres y la comunicación sincera en la prevención del extremismo violento.

“Yo crecí en un pueblo pequeño, de unos 3.000 habitantes, que tenía una fábrica de la que todos dependíamos. Muy tradicional. Con una tasa de desempleo muy alta. Podría decirse que era un pueblo típico y pobre, donde hervían la frustración y la ira. Mi padre era un racista que odiaba a los inmigrantes, los gays, a cualquiera que fuese diferente. Hasta donde alcanzo a recordar, me hablaba de los inmigrantes como violadores, ladrones y asesinos. Yo tenía seis años y creía lo que él me decía”.

Cuando el Sr. Åhlén ingresó en la escuela secundaria básica, le diagnosticaron un desorden de déficit de atención, que lo convirtió en víctima permanente del acoso escolar.

“Yo no tenía amigos, ni identidad, ni sistema de creencias. Me ensimismaba en mis fantasías”, afirmó.

Todo eso cambió cuando descubrió un CD de segunda mano y empezó a escuchar la música de la banda de “rock vikingo” Última Thule, cuyos miembros han sido considerados simpatizantes del Poder Blanco.

“Las letras de las canciones me decían que yo era un vikingo y que descendía de reyes y dioses. Por primera vez empecé a sentir que formaba parte de algo. Tenía otra identidad, creía que era un patriota. Además, los cabezas rapadas (skinheads) estaban de moda, eran populares, con sus cráneos relucientes y sus chaquetas de piloto. Yo también quería ser popular y simpático”.

A los 12 años de edad empezó a perder el control de su vida, cuando se convirtió en un cabeza rapada y comenzó a beber asiduamente. Cuando uno de sus amigos más íntimos se suicidó, el joven Åhlén aplacó aún más sus sentimientos con las drogas y las actividades delictivas.

En 2010, cuando estaba en rehabilitación, un amigo le sugirió que aprendiera a boxear, como medio de evacuar su ira.

El docente adecuado, en el momento adecuado, lo hubiera cambiado todo

“El gimnasio estaba lleno de inmigrantes y como socio de entrenamiento me tocó un iraní. Dije que no lo quería como sparring, pero al final empecé a aprender boxeo con él. Me hablaba de su mujer y sus hijos, de cómo había huido de Irán y había llegado a Suecia. Me contaba detalles de sus hijos, de sus colores preferidos. ¡No se callaba ni un minuto! Entonces yo empecé a hablar también y pronto nos hicimos amigos y comprendí que mi padre no tenía razón. Ese inmigrante no era un violador ni un asesino ni un ladrón. Sólo quería una vida mejor con su familia y sus amigos, y eso era exactamente lo mismo que quería yo”.

El Sr. Åhlén decidió consagrar su experiencia a entrenar a otros jóvenes obreros que trabajan con muchachos que se comportan exactamente como él se comportaba.

Hoy en día, está convencido de que si hubiera tenido un maestro con el que hablar, que le hubiera hecho reflexionar y que hubiese consolidado su sentido crítico, no se habría extraviado por la senda del extremismo.

“Necesitamos hablar unos con otros acerca de temas como el Holocausto y los negacionistas, y acerca de la homofobia”, afirmó. “Dejen que la gente se conozca, que un nazi sueco hable con un refugiado somalí. Escuchen a unos y a otras. Después de eso, no resulta fácil persistir en el racismo”.

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