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01.05.2010 - UNESCOPRESS

Mónica González Mujica: “No hay otra posibilidad: o eres un periodista que denuncia las irregularidades y los horrores o simplemente eres cómplice”

© UNESCO/Amita Vohra

Entrevista realizada por Carolina Jerez y Lucía Iglesias (UNESCO)

Mónica González Mujica, galardonada con el Premio UNESCO/Guillermo Cano de Libertad de Prensa 2010, es probablemente una de las periodistas chilenas más tenaces y comprometidas. Minuciosa, ha hecho de la investigación  periodística su verdadera profesión. Graduada de la Universidad de Chile en 1971, inició su carrera en el diario El Siglo y la revista Ahora. El golpe militar que en 1973 derrocó al presidente Salvador Allende e instauró una dictadura sangrienta encabezada por Augusto Pinochet la empujó al exilio en París, donde trabajó como obrera en una imprenta.

Regresó a su país en 1978, aunque hasta 1983 no pudo retomar su profesión, en publicaciones como las revistas Cauce y Análisis. Tras poner al descubierto varias operaciones inmobiliarias fraudulentas realizadas por Pinochet utilizando fondos públicos, acumuló un total de 26 querellas en su contra, aunque en todas fue sobreseída. Pese a ello, estuvo encarcelada en dos ocasiones por negarse a revelar la identidad de una de sus fuentes.

Tras haber ocupado cargos directivos en publicaciones como el diario La Nación o la revista Siete+7, desde 1995 es corresponsal en Chile del diario argentino Clarín y desde mayo de 2007 dirige el Centro de Información e Investigación Periodística (CIPER), una institución independiente y sin fines de lucro que desarrolla reportajes de investigación.

Ganadora de numerosos galardones por su trayectoria profesional en defensa de la libertad de prensa, es autora de los libros Bomba en una calle de Palermo (1986), junto a Edwin Harrington; Los secretos del Comando Conjunto (1989), con Héctor Contreras; Chile entre el Sí y el No (1988), junto a Florencia Varas; y La Conjura. Los mil y un días del golpe (2000).

¿Qué significa para usted haber recibido el Premio Mundial de Libertad de Prensa UNESCO/Guillermo Cano?

Inimaginable, nomás. Una emoción enorme y una tremenda responsabilidad de merecerlo y no defraudar a nadie. Siento que estos premios no son para que descanses, sino para que sigas trabajando. Lo primero que me viene a la mente es que hay tantos y tantos colegas chilenos, anónimos y públicos, con quienes abrimos un camino tan importante y a los que nunca se ha rendido ningún homenaje. En la época en que no había políticos y en que casi nadie alzaba su voz, fuimos nosotros quienes hicimos el mejor periodismo posible para contarle lo que ocurría en Chile a quienes quisieran escuchar y saber. En aquella época sentimos mucho miedo, así que dedico este premio a todos ellos: a las mujeres, maridos, amores e hijos de todos aquellos periodistas que resintieron todo aquello. Sé que cada uno de ellos se va a sentir representado en este premio que no es mío solamente.

¿Cómo ve el panorama mediático de América Latina?

Hay dos problemas que conducen a una amenaza creciente y acelerada sobre el derecho de la sociedad a informarse. El primero es la impresionante concentración de la propiedad de los medios, que por otro lado se da también en Estados Unidos o en España. En muchos países se observa un modelo que conduce a esa concentración de la propiedad, que va aparejada con otro fenómeno: los grupos que se apropian de varios medios, concentrando televisión, radio y prensa escrita, a su vez tienen intereses en otras áreas de la producción: agricultura, minería, servicios, inmobiliaria…Se produce por lo tanto una asfixia informativa impresionante, porque el medio no puede informar objetivamente de las empresas donde su propietario tiene inversiones. Eso es gravísimo y los periodistas están perdiendo autonomía, dignidad, prestancias…convirtiéndose en simples testaferros.

La segunda amenaza proviene de gobiernos autoritarios que, aunque hayan llegado al poder de manera democrática, como en el caso de Venezuela, convierten a los periodistas en sus enemigos, amenazándolos constantemente. Desgraciadamente ahí no hay tampoco una oposición decente, que defienda como corresponde la libertad de información. Porque la libertad de información no significa ser oficialista o de oposición, significa hacer periodismo de calidad. Eso está ocurriendo en otros países, como en Nicaragua, o en Ecuador, donde el presidente está empezando a identificar a los periodistas como sus enemigos. Yo creo que eso es gravísimo: no puede ser que los carteles del crimen organizado identifiquen a los periodistas como sus enemigos ni tampoco que gobiernos que asumen como consecuencia de una elección democrática a poco andar comiencen a adquirir prácticas autoritarias y conviertan a los periodistas en sus enemigos. Si a eso agregamos la concentración de la propiedad de la que hablaba, objetivamente el panorama es desalentador y habla de una precariedad del periodismo que afecta fundamentalmente a la sociedad.

No es sólo un problema de los periodistas como personas, es la democracia la que se altera y se debilita. Un ciudadano mal informado es presa de todo tipo de caciques no democráticos, entonces, nosotros que hemos vivido dictaduras, que nos costó tantas vidas recuperar la libertad, creemos que no es posible que se debilite la democracia para dejarla nuevamente al servicio de otros poderes autoritarios. Y lo peor es que todo esto ocurre frente a la indiferencia absoluta.

Usted fundó hace tres años el Centro de Información e Investigación Periodística (CIPER)  ¿puede explicarnos cómo funciona y a qué se dedica?

El centro se creó  hace tres años para hacer periodismo de investigación e información interpretativa. No somos una agencia de noticias en el sentido de que no nos interesa la noticia sola, sino su contexto, su origen y fundamentalmente sus efectos en la sociedad. Tratamos de descifrar claves de hechos complicados. En nuestro trabajo no tenemos cortapisas, el único límite que nos autofijamos es que no nos interesa la vida privada de las personas, salvo que usen fondos públicos para mantener amantes o abusar de menores o personas que se convierten en líderes de la moral y las buenas costumbres y en su vida privada hacen exactamente lo contrario. Pensamos además que en nuestras sociedades hay una gran ‘farandulización’, que actúa como una especie de “droga maravillosa”, espantosa y perversa que adormece a la gente, que cree saber todo pero que en realidad lo que sabe son chismes  y todo lo importante que ocurre pasa bajo sus narices, porque no existe en los medios.

¿En qué estado se encuentra a su juicio el periodismo de investigación?

Sin duda, es el género que está más en crisis en todo el mundo. La crisis económica ha causado que lo primero que se ha rebajado es la investigación y se ha despedido de los medios son los periodistas más caros, que son los que investigan. Además, es un tipo de periodismo que generalmente provoca problemas y conflictos a los medios, entonces la crisis está siendo una maravillosa excusa para deshacerse de una unidad que es la que mejor puede profundizar en los temas de verdad candentes y determinantes en la vida de los ciudadanos, para no crearse problemas ni con los gobiernos, ni con las mafias del crimen organizado, ni tampoco, y esto es lo más mayoritario, con los que hacen la publicidad, que son quienes mantienen los medios de comunicación.

Sin embargo, tengo que decir también que el periodismo de investigación en América Latina tiene una calidad que no tiene nada que envidiarle al periodismo anglosajón. Y no de ahora: lo hicimos bajo dictaduras. En Chile, por ejemplo, los crímenes de la dictadura se conocieron bajo dictadura, con riesgo impresionante de los periodistas. Ganábamos muy poco, pero bajo dictadura no hay otra posibilidad: o eres un periodista que denuncia las irregularidades y los horrores o simplemente eres cómplice. Y la verdad es que el periodismo de investigación siempre se hace con una gran cuota de sacrificio personal y dinero personal, porque objetivamente no hay ningún medio dispuesto a pagar meses y meses a un periodista para que esté investigando a fondo un hecho para poder sacarlo a la luz.

En suma, creo que estamos en un momento de un gran desafío del periodismo, que no solamente tiene que ver con luchar contra las amenazas a la vida, como ocurre en México, donde ya van cinco periodistas muertos este año, u Honduras, que ya va por seis periodistas muertos, o Colombia, donde las amenazas son continuas y permanentes por el crimen organizado y las mafias paramilitares, que finalmente son lo mismo. El problema es que esos carteles del crimen organizado que comercializan la droga están carcomiendo nuestra sociedad. El destino final de esos carteles es quitarnos espacios de placer, de felicidad, de vida. Por eso es tan importante atacarlo y por eso es tan importante que a los periodistas se les garantice la posibilidad de investigar e informar, algo que hoy día está conculcado en la mayoría de los países de América Latina.

¿Qué momentos considera importantes en su vida profesional?

Lo más importante para mí es haber sabido pasar de la dictadura a la democracia sin renunciar a hacer periodismo. No renunciar ni en la cárcel, ni cuando me torturaron, ni cuando mataron a mis amigos, ni cuando tuve que separarme de mis hijas, ni cuando me empapé en el dolor de tantos y tantos de este país.  En democracia, sentir que había tanto que construir. Mi mérito es haber seguido haciendo periodismo, haberme reiventado una y otra vez cuando he estado cesante. Lo he hecho con ayuda de muchos, no soy una superwoman. Agradezco haber encontrado personas que me arroparon y me alentaron a seguir cuando más miedo he tenido.

Además, en esta profesión estás a prueba todos los días. Yo quiero morirme así.

¿Cree que este premio puede contribuir en cierto modo a dar visibilidad a otros compañeros suyos que pasan por situaciones difíciles en otros países de América Latina?

Los verdaderos héroes hoy día están en Colombia, en México, en Honduras, en Guatemala… en Venezuela. Y en Chile. Para mí el periodismo más heroico es aquel que informa todos los días, que no tiene horarios ni fines de semana, porque su fin es que el ciudadano sepa al día siguiente caminar por la vida. Somos diseñadores de mapas ciudadanos que a veces se hacen con sangre, con dolor y con miedo.

Lo que sí me gustaría es que el premio contribuya a que el ciudadano común entienda que los periodistas somos seres humanos que requerimos trabajar con respeto y dignidad.

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