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13.06.2013 - UNESCO Office in Santiago

Boletín LLECE: Educación y habilidades socioemocionales: Muchos avances, muchas preguntas. Marina Bassi, especialista de la División de Educación del Banco Interamericano del Desarrollo (BID)

Todas las personas tienen un conjunto de destrezas y talentos que las diferencia e incide en los logros alcanzados durante sus vidas. Tanto las habilidades cognitivas como las no cognitivas o socioemocionales han probado ser determinantes en los resultados que alcanzan diferentes individuos en sus trayectorias educativas y laborales. Esta conclusión es clave para evaluar la pertinencia del sistema educativo actual en la preparación de los jóvenes para transitar al mundo de trabajo y la sociedad moderna. ¿Entrega la escuela las herramientas adecuadas?

La División de Educación del BID ha venido estudiando este tema en América Latina, revisando extensa literatura para países desarrollados y aplicando encuestas originales para recoger información sobre qué habilidades son demandadas en el mercado de trabajo y qué habilidades se asocian a trayectorias laborales y educativas exitosas en la región. Los resultados de esa investigación fueron publicados en el libro Desconectados: Habilidades, educación y empleo en América Latina y sugieren la existencia de una importante brecha entre las destrezas que se enseñan en los sistemas educativos en América Latina y las que se requieren para desenvolverse en la realidad actual. Sin embargo, antes de documentar la evidencia para la región, surgieron preguntas fundamentales que buscamos entender con la literatura disponible en el tema, que, según encontramos, está creciendo vertiginosamente: ¿Cómo se definen y distinguen las habilidades cognitivas y las “blandas” o socioemocionales? ¿Están relacionados ambos grupos de habilidades? ¿Cuáles son las habilidades más relevantes? ¿Cuáles predicen mejor resultados sociales y económicos en la vida de las personas? ¿Cómo y cuándo se forman? ¿Qué tan factible es modificarlas a través de intervenciones externas? entre otros interrogantes.

Por años, la literatura en economía ha documentado la relación entre resultados educativos y ventajas en términos de ingresos y otros resultados laborales. La relación entre inteligencia o habilidad cognitiva y resolución de problemas o procesamiento de información es natural e intuitiva. La inteligencia es la habilidad para entender ideas complejas, aprender de la experiencia, adaptarse y transformar el ambiente que nos rodea. La psicología, en tanto, habla de dos componentes de la inteligencia, que ayudan a entender su grado de maleabilidad. Uno de esos componentes, la inteligencia fluida, está más relacionada con el potencial genético, es menos maleable por intervenciones externas y se desarrolla durante los primeros años de la vida de una persona. El segundo componente, la inteligencia cristalizada, se manifiesta en el aprendizaje, es más afectado por la experiencia y por la interacción con la cultura y el medio. La literatura que destaca que las habilidades cognitivas pueden ser afectadas con éxito casi exclusivamente durante la infancia temprana se refiere al primer componente, usualmente reflejado en el coeficiente intelectual – que es el resultado de pruebas específicas de inteligencia y que ha mostrado estabilizarse después de los 5 o 6 años de edad. El aprendizaje y conocimiento, en cambio, indudablemente se desarrollan a lo largo de la vida bajo la influencia no solo de la inteligencia “dura” sino también de otras características “blandas” vinculadas a los rasgos de personalidad.

El papel de las habilidades socioemocionales ha comenzado a investigarse, al menos entre los economistas, más recientemente. Los rasgos que definen la personalidad de un individuo son innumerables y diversos. Algunos investigadores evitan el término “no cognitivas” para referirse estas habilidades, ya que no están totalmente aisladas del proceso de cognición. Muchos aspectos de la personalidad son afectados por la cognición y, ésta a su vez, depende en cierta medida de la personalidad. Las medidas de aversión al riesgo, por ejemplo, pueden ser afectadas por la inteligencia o conocimiento. La autoestima o motivación pueden ser alimentadas por resultados en el área cognitiva. Al mismo tiempo, resultados de pruebas de inteligencia son sensibles a la motivación, el interés o la ansiedad de la persona. Asimismo, el aprendizaje y el desarrollo de las habilidades cognitivas a lo largo de la vida están influenciados por rasgos de la personalidad como la curiosidad, la ambición y la perseverancia. 

A la dificultad de separar las habilidades cognitivas y socioemocionales en la práctica, se suma la falta de una taxonomía única que resuma los principales rasgos de personalidad. La escala de los Cinco Grandes Rasgos de Personalidad (adaptabilidad o abertura a nuevas experiencias, responsabilidad, extraversión, amabilidad y neuroticismo o estabilidad emocional) ha sido la más utilizada y se han desarrollado múltiples instrumentos para medirlas. Pero, ¿son esas las habilidades socioemocionales más relevantes? ¿Están asociadas a mejores resultados sociales o económicos? Todavía se discute y se sigue investigando.

Las habilidades medidas para la investigación publicada en Desconectados incluyeron una habilidad cognitiva (habilidad intelectual general, relacionada a la inteligencia fluida) y tres habilidades socioemocionales (autoeficacia o capacidad para alcanzar metas propuestas, estrategias metacognitivas o planificación de tareas cognitivas, y habilidades sociales o liderazgo y adaptabilidad). Con apoyo del Centro MIDE UC, se elaboraron instrumentos especiales y se midieron estas habilidades en un grupo de casi 6.000 jóvenes adultos (de 25 a 30 años) en Argentina y en Chile. Entre los principales resultados se encontró que la habilidad con mayor asociación al nivel de salarios y a la probabilidad de estar empleado es una de las socioemocionales, la autoeficacia. Personas con mayor confianza en sus capacidades mostraron salarios más altos y mejores tasas de empleo tanto en Argentina como en Chile. Indudablemente la causalidad es doble: mejores resultados laborales también retroalimentan la confianza en sí mismo. Sin embargo, la relación entre estas variables fue notablemente mayor a la encontrada, por ejemplo, entre la habilidad intelectual o inteligencia “dura” y los logros en el mercado laboral.

Por otro lado, al analizar los resultados educativos, como nivel de educación alcanzado, la habilidad cognitiva mostró una correlación considerablemente mayor que cualquiera de las habilidades socioemocionales medidas en el estudio. La inteligencia, en este caso, pareció pesar más que la capacidad de organizarse para realizar tareas cognitivas, las habilidades sociales o la autoeficacia. No obstante, personas con mayores niveles de educación también mostraban ciertos aumentos en las tres habilidades socioemocionales.

La investigación incluyó además encuestas a 1.200 empleadores de cinco sectores específicos (automotriz, comercio minorista, bancos, hoteles y procesamiento de alimentos) en Argentina, Brasil y Chile. El objetivo de esta encuesta era conocer la demanda por los distintos tipos de habilidades. En este caso, se pidió a los encuestados que valuaran tres grupos de habilidades distribuyendo 100 puntos según el grado de importancia para el desempeño de los empleados en las actividades de sus empresas: habilidades técnicas o específicas a su sector, habilidades socioemocionales o de comportamiento, y habilidades cognitivas o de conocimiento. Las respuestas fueron contundentes: en los tres países y los cinco sectores económicos las habilidades de comportamiento recibieron puntajes significativamente mayores. En términos agregados, las habilidades de comportamiento recibieron 55 puntos, las habilidades de conocimiento 35 puntos y las específicas 15 puntos. Asimismo, se les preguntó a los empleadores cuales eran las habilidades más difíciles de encontrar entre los trabajadores recién graduados de la educación secundaria en América Latina. Nuevamente hubo consenso: las habilidades socioemocionales o de comportamiento son las más escasas entre los jóvenes latinoamericanos. Cerca del 90% de los empresarios reportó tener dificultades en encontrar las habilidades que sus firmas necesitan y la mayoría señaló que la mayor falta se da en materia de personalidad y comportamiento.

¿Qué nos dicen estos resultados sobre la pertinencia de la educación en la región y sobre el rol de la escuela en el desarrollo de habilidades más allá de las cognitivas? Mucho queda por hacer. Se sabe que las habilidades sociomocionales son más maleables y por un periodo más largo en el ciclo de vida que las habilidades cognitivas (hasta la adultez temprana). Claramente la familia tiene un papel fundamental. Sin embargo, la escuela podría tener un rol mucho más activo ampliando su campo de acción para incluir habilidades socioemocionales, buscando compensar desventajas originadas en contextos familiares o entornos adversos. Cuanto más temprano se lleven a cabo esas acciones de apoyo en la vida de un niño, mayores serán las probabilidades de éxito. Esto no significa recortar esfuerzos en la enseñanza de habilidades cognitivas, sin duda de la función de la escuela. Se necesita hacer más y diferente.

El cambio que se requiere es grande y los desafíos son muchos. ¿Cómo medirlas a nivel de la escuela o del sistema educativo? ¿Qué habilidades priorizar? ¿Qué acciones son más efectivas para desarrollarlas. Mientras los investigadores continúan haciendo avances en la materia, ojalá la escuela y los principales actores del sector educación reconozcan la importancia de las habilidades socioemocionales y hagan de su desarrollo una de las principales metas. Este sería un importante avance hacia una educación más cercana a las necesidades y exigencias de hoy.




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