» Okayama: una revolución social en el ámbito del desarrollo sostenible
03.02.2017 - Education Sector

Okayama: una revolución social en el ámbito del desarrollo sostenible

© Okayama City Daisan Fujita Elementary School

La ciudad de Okayama, conocida en Japón por su excelente calidad de vida, puede ahora atribuirse un nuevo mérito. Se ha convertido en pionera mundial en la promoción de la Educación para el Desarrollo Sostenible (ESD).

El Programa de EDS de Okayama ha recibido el Premio UNESCO-Japón de Educación para el Desarrollo Sostenible por su manera de abordar la EDS, englobando al conjunto de la ciudad e implicando a escuelas, gobierno municipal, empresas, ONG y más de 260 colectivos de ciudadanos, desde niños a personas mayores.

Okayama, con una población de 720.000 habitantes, está situada en la Prefectura de Okayama, a unos 700 km al oeste de Tokio. Además de disfrutar un gran número de horas de luz solar, se encuentra a salvo de los desastres naturales como tifones y seísmos y es un importante centro de producción de arroz, verduras y frutas.

La Educación para el Desarrollo Sostenible comienza en la enseñanza primaria. Es el caso de la Escuela Elemental Fujita Dai-San, donde las clases semanales de EDS tienen por hilo conductor el tema “Encontremos los tesoros de Fujita”. Durante todo un año, los alumnos visitan las granjas locales y se encuentran cara a cara con los llamados “tesoros humanos”, personas mayores con un conocimiento especializado de la zona. Los alumnos de cuarto curso aprenden sobre el medio ambiente en el planeta y acerca del reciclaje de desechos, mientras que los de quinto curso estudian la agricultura y participan en la siembra de arroz. A los de sexto curso les toca dirigir la mirada más allá de Japón e interrogarse sobre “¿Qué es la felicidad?” mediante su trabajo con la ONG “Corazón de Oro”, comunicándose con escuelas de otros países a través de Skype, con actividades de captación de fondos.

Una de las docentes, la señora Mayumi Itakura, de 49 años, cuenta: “Cada mañana, nuestros niños y niñas atraviesan los arrozales para venir a la escuela, pero antes de las clases sobre EDS muy pocos se interesaban por lo que allí crecía. Ahora indagan sobre los diferentes tipos de arroz y algunos vienen a preguntarme cómo se cultiva. Uno de los niños se ha propuesto hacerse cargo de la granja familiar en el futuro”.

La clave del éxito reside en que el aprendizaje viene reforzado con experiencias prácticas. Después de una lección sobre agricultura, uno de los niños propuso preparar un bento -recipiente japonés para comer fuera de casa- con alimentos cultivados localmente en el distrito de Fujita y su idea se puso en práctica.

Otros escolares trabajan en torno a la EDS como voluntarios fuera del horario de clases. En el Instituto de Secundaria Okayama Ichinomiya, perteneciente a la Red del Plan de Escuelas Asociadas a la UNESCO, se fundó hace 14 años un Club UNESCO que incluye entre sus actividades talleres de comercio justo y venta de productos del comercio justo. Uno de los resultados de este proyecto es la producción de un paraguas de plástico desechable que se fabrica en Camboya, país al que se dona una parte de los ingresos obtenidos con las ventas.

Los centros comunitarios de aprendizaje -denominados komikan en japonés- son uno de los principales rasgos del “Modelo Okayama”, ya que actúan como centros neurálgicos para la EDS. Aunque, en un principio, se crearon para que los ciudadanos participasen en actividades culturales, en la actualidad hay 37 centros comunitarios de aprendizaje en Okayama, uno por cada distrito escolar, y se han establecido alianzas para crear centros de este tipo en otros países asiáticos.

El centro comunitario de aprendizaje del distrito de Kyoyama está especialmente dedicado a la EDS. Hace 20 años, Mitsuyuki Ikeda, de 57 años, hoy Director del Consejo para la promoción de la EDS en el Distrito de Kyoyama de Okayama, trabajaba como consultor medioambiental cuando inició su relación con este komikan.

Según nos explica, “en el kominkan de Kyoyama existen unos 90 clubes gestionados por los ciudadanos. Los hay de baile, de cocina y de conversación en inglés. Además, en los 20 cursos que se imparten en estekominkan, figuran actividades orientadas a la educación para el desarrollo sostenible”.

“Algunas de las actividades relacionadas con la EDS son, por ejemplo: la realización de chequeos medioambientales dos veces al año, un foro abierto denominado ‘Café EDS’, las grabaciones en vídeo de las tradiciones y el proyecto de memoria colectiva del distrito de Kyoyama, denominado ‘Kyoyama amiga’ para ponerse en contacto con estudiantes extranjeros, y el festival anual de EDS”.

Una de las consecuencias del trabajo de los centros comunitarios de aprendizaje es la construcción del Sendero del Templo de Kannon, un agradable paseo de 400 metros de longitud, rodeado de vegetación y agua, cuya concepción nació de la sugerencia de un estudiante de secundaria que, en un foro con el alcalde explicó: “Habida cuenta de que el calor local se debe al efecto térmico de la isla, nos gustaría que nuestro distrito escolar tuviera una temperatura más moderada y agradable, y eso se puede conseguir introduciendo más vegetación y creando cursos de agua limpia”.

Ahora mismo, el desafío es formar a líderes que garanticen la sostenibilidad y es por eso que, hace ya diez años, el Sr. Ikeda y su equipo crearon las becas Kyoyama de Educación para el Desarrollo Sostenible.

“Nuestro objetivo es lograr mil becarios cada año en el distrito de Kyoyama. Así, en un plazo de 5 años, podríamos lograr que 5.000 personas, es decir el 10 por ciento de la población de nuestro distrito -de 25.000 habitantes- hayan recibido esta beca. Cuando el 20 por ciento de la población modifica su comportamiento, la repercusión sobre el conjunto de la población es total. Y ésa es la revolución social que persigue la Educación para el Desarrollo Sostenible”, concluye.




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