23.08.2011 - Ciencias Sociales y Humanas

La UNESCO invita a reconsiderar el desarrollo

El “desarrollo” requiere un replanteamiento fundamental –no porque no sea importante satisfacer las necesidades humanas de manera sostenible y equitativa, sino precisamente porque el mundo no lo está logrando.

Por invitación de la UNESCO, y con el apoyo del Gobierno de México, 40 participantes, entre ellos 15 expertos internacionales, se reunieron los días 17 y 18 de agosto de 2011 en la Secretaría de Relaciones Exteriores, en la Ciudad de México, para “repensar el desarrollo”.

La conferencia, titulada “Repensando el desarrollo: ética e inclusión social”, fue diseñada para explorar perspectivas críticas sobre el desarrollo, entendido como el despliegue natural a través de la historia del potencial subyacente de la humanidad, que se manifiesta principalmente en términos técnicos y económicos. Es esta versión del desarrollo la que no está logrando promover sociedades más democráticas, ambientalmente sustentables, socialmente justas y culturalmente plurales. El fracaso, hemos escuchado, no radica en la voluntad política o en los recursos financieros. Tiene que ver con la idea misma de desarrollo. Un enfoque ético del desarrollo ofrece un conjunto claro de criterios para evaluar la pertinencia de posibles alternativas de desarrollo.

Aunque el diagnóstico general es ampliamente aceptado, se suscitó un animado debate entre los participantes en torno a sus implicaciones y las posibles soluciones. En un contexto de exclusión social de escala mundial, nadie puede negar la importancia de la inclusión social. Pero, ¿es suficiente? Muchos de los participantes sostuvieron que la inclusión es sólo una condición previa para la justicia social, la cual no puede lograrse hasta que las desigualdades globales sean abordadas con seriedad.

Hacerlo, tomando en cuenta la sostenibilidad, significa replantear la manera en que los seres humanos se relacionan no sólo entre sí, sino también con su entorno. Los participantes de la conferencia coincidieron en la importancia de una comprensión más holística de las necesidades humanas, las cuales no son meramente económicas ni materiales, incluso. Esto también implica una cierta modestia por parte de los expertos, quienes no siempre son los que más saben. El desarrollo debe ser abierto y participativo o no será ni ético ni eficaz.

Un gran desacuerdo en la conferencia se suscitó en torno a las implicaciones de un enfoque ético del desarrollo para el sistema económico y político global. Para algunos expertos, sólo un sistema económico y político radicalmente diferente podría permitir el logro de la justicia global. Para otros, importantes avances pueden conseguirse, desde una perspectiva pragmática, dentro de un sistema internacional centrado en el Estado y conducido por el mercado. Sin embargo, hubo consenso en que una sociedad más ética, más justa y más sostenible requiere cambios profundos en los valores y en el comportamiento. Una sociedad “verde” sería, en muchos aspectos, un tipo distinto de sociedad.

Los participantes de la conferencia pidieron a la UNESCO apoyar el proceso de repensar el desarrollo y difundir sus resultados no sólo a los Estados Miembros, sino también a la sociedad civil global y al sector privado. Se argumentó que el mandato intelectual y ético de la UNESCO le da una responsabilidad especial para responder a una crisis del desarrollo que no sólo tiene que ver con futuros posibles, sino que implica retos inmediatos y urgentes. El periodo decisivo para la comunidad internacional que va de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sustentable, en 2012, a la expiración en 2015 del periodo límite para el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, es una ventana de oportunidad que no se puede desaprovechar.

Tomando nota de estas preocupaciones, la UNESCO se propone hacer un seguimiento de los resultados de la conferencia en varios niveles. Las ideas serán publicadas y refinadas a través de consultas con los expertos y de eventos futuros. La ética del desarrollo proporcionará entonces un marco para la reflexión en comunidades académicas, activistas y políticas a fin de establecer, poco a poco, una nueva agenda para el pensamiento sobre el desarrollo. Al mismo tiempo, la UNESCO llevará a cabo actividades concretas en apoyo a políticas sociales y ambientales en sus Estados Miembros, recurriendo a la ética para elaborar directrices, indicadores y herramientas que puedan sustentar la toma de decisiones.

El desafío del desarrollo son las necesidades humanas no satisfechas. La ética nos recuerda lo inaceptable que sería dejarlas por siempre insatisfechas.

 

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