03.04.2014 - Natural Sciences Sector

Terremoto y tsunami en Chile: la eficaz cooperación y preparación regional salvan vidas

Drawing of a tsunami by a student in Iquique, northern Chile. © UNESCO Santiago

El Sistema de Advertencia y Mitigación de Tsunamis del Pacífico fue activado el 1 de abril de 2014 a raíz de un terremoto con magnitud de 8.2 en la escala de Richter, cuyo epicentro se encontró en aguas poco profundas cerca de la costa de Chile, 95 km al noroeste de Iquique. Oportunos mensajes de alerta permitieron la evacuación de las zonas con alto riesgo de tsunami en la costa de Chile y en la Isla de Pascua. La Oficina Nacional de Emergencia de Chile (ONEMI) indicó que cerca de 1 millón de personas fueron evacuadas de las zonas costeras. De acuerdo con el Centro de Alerta de Tsunamis del Pacífico, un tsunami de 1,83 metros de alto golpeó la comuna de Pisagua, a las 01:04 (UTC/GMT).

El terremoto se produjo a las 23:46 (UTC/GMT) y ha sido fue el más fuerte de una serie de terremotos que comenzó el 1 de enero de 2014 en el norte de Chile. El Pacific Tsunami Warning Center (PTWC) emitió inicialmente una alerta de tsunami para Chile, Perú y Ecuador. La alerta se extendió posteriormente a Colombia y Panamá, y las alarmas de tsunami fueron emitidas para Costa Rica, Nicaragua, El Salvador, Guatemala, Honduras y México. La advertencia y vigilancia regional fue levantada a las 04:43 (UTC/GMT). Una red regional de monitoreo del nivel del mar ha habilitado un seguimiento eficaz y oportuno de las fluctuaciones marinas que el tsunami generado.

A pesar de que los edificios más altos en La Paz, Bolivia, y en zonas de Perú se balanceaban, los informes preliminares sugieren que el daño es muy limitado y la región no sufrió un número alto de víctimas mortales. Sin embargo, hay cortes de electricidad y de teléfono en diversas zonas y algunas casas de adobe quedaron destruidas. Hay también daños reportados en las carreteras que unen las ciudades del norte entre Iquique y Alto Auspicio, así como deslizamientos de tierra que bloquean carreteras.

Estos informes indican que las estrategias de preparación y mitigación de desastres están dando sus frutos. Las poblaciones locales están bien preparadas; la cooperación regional es efectiva; los mecanismos de alerta y respuesta son eficientes. La situación ha mejorado mucho desde el tsunami 27 de febrero 2010 que afectó a Chile. La UNESCO ha hecho un trabajo importante relativo a la educación de la preparación al riesgo de tsunamis a través de sus oficinas en Santiago, Lima y Quito, junto con su Comisión Oceanográfica Intergubernamental (COI-UNESCO) , con énfasis en los países de la costa del Pacífico de América del Sur.

Chile también participa activamente en la Plataforma Internacional de la UNESCO para la Reducción de Desastres Terremoto (IPRED), que es un esfuerzo de investigación colaborativa, de formación y educación en el campo de la sismología y la ingeniería sísmica a fin de reducir los desastres debido a los terremotos, especialmente en edificios y viviendas. Las normas antisísmicas existentes en Chile demostraron que el riesgo puede ser contenido, incluso en zonas altamente sísmicas.

El Sistema de Advertencia y Mitigación de Tsunamis del Pacífico fue creado en 1965 por la Comisión Oceanográfica Intergubernamental de la UNESCO tras el mortal tsunami que azotó las costas de Chile, EE.UU. y Japón en 1960. El objetivo del grupo es facilitar la rápida difusión de las alertas en toda la región y apoyar la capacidad de los países para responder y mitigar los tsunamis a nivel local. Alrededor del 75%  de los más mortíferos tsunamis del mundo han ocurrido en el Océano Pacífico y mares adyacentes. Cuatro han golpeado la región en los últimos cinco años: Samoa (EE.UU.) y Tonga se vieron afectadas en 2009, Chile en 2010, Japón en 2011, y en las Islas Salomón en 2013.

La UNESCO trabaja para cambiar el marco conceptual del pensamiento de reacción post-desastre a la prevención y acción previa a la catástrofe. A través de su amplio mandato y experiencia, la UNESCO está ayudando a los países a reducir su vulnerabilidad a los peligros naturales y aumentar su capacidad para hacer frente a los desastres a través de iniciativas tales como IPRED y los cuatro sistemas de alerta contra los tsunamis regionales establecidos en el Pacífico, el Caribe, el Océano Índico y el Atlántico Nororiental.

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