14.03.2012 - UNESCOPRESS

Urbanización excesiva, mundialización y cambio climático, nuevos desafíos para la gestión del agua en América Latina y el Caribe

©UN Photo/Gill Fickling - En los últimos años el cambio climático ha provocado sequías especialmente graves en los áridos territorios de los indígenas Wayuu, en el noreste de Colombia

Los desafíos relacionados con el agua que enfrenta la región de América Latina y el Caribe tienen que ver con variaciones en el clima y la hidrología y con el nivel administrativo a quien corresponde la gestión. Otros factores con igual o mayor importancia son las diferencias en la naturaleza y la eficacia de los sistemas institucionales, las disparidades en la distribución y la estructura demográfica de la población y factores macroeconómicos relacionados con el comercio mundial.

Según la última edición del Informe sobre el desarrollo de los recursos hídricos en el mundo (WWDR4), presentado hoy en Marsella en el 6ºForo Mundial del Agua, presiones externas en constante evolución, tales como las crisis financieras internacionales, la inestabilidad política y el aumento en la demanda de recursos naturales y materias primas se agregan a cambios más sutiles relacionados con graduales cambios económicos y sociales que, juntos, crean las condiciones en las que los gestores del agua deben planificar. Nuevas incertidumbres relacionadas con el cambio climático mundial se han agregado recientemente a estalista.

A pesar de que se ha frenado la tasa de crecimiento de población (en la región es actualmente de 1,3% y se espera que caiga a menos de 0,5% en 2050), en los últimos 40 años la población urbana se ha triplicado y se espera que alcance 609 millones de habitantes en 2030 (actualmente es de unos 460 millones de habitantes). Abundan las ciudades con más de un millón de habitantes y se observa una tendencia reciente al aumento de población en ciudades medianas y pequeñas.

Según el Informe, “Latinoamérica es la región en desarrollo más urbanizada: más de 80% de la población vive en pueblos y ciudades. Ha habido movimientos masivos de población de zonas rurales a zonas urbanas así como grandes flujos migratorios entre ciudades que han resultado en un sistema urbano caracterizado por un alto porcentaje de grandes ciudades (con más de un millón de habitantes) y, en algunos países, una alta concentración de la población en la ciudad o en las dos ciudades más pobladas”. También se ha producido un progresivo –y a veces agresivo– asentamiento poblacional en zonas que históricamente eran de población dispersa y se encuentran en el centro de la región, en particular en torno a las cuencas de los ríos Amazonas y Orinoco. Estos cambios plantean prioridades nuevas para los gobiernos de la región. El énfasis en los problemas del agua en zonas urbanas ha surgido por el gran peso de las poblaciones urbanas en el proceso político y, de manera más general, en que éstas desempeñan también un papel más activo en las políticas locales”.

Los cambios económicos y sociales tienen consecuencias obvias en el uso del agua y la demanda de ésta. “Con las excepciones de México y algunos otros pequeños países de Centroamérica, los países de la región basan gran parte de su economía en la exportación de recursos naturales. La demanda global de estos productos ha aumentado considerablemente en los últimos años. Además, la producción de estos bienes de consumo se financia en gran manera con capital externo y muchas de las instalaciones son de propiedad extranjera. El resultado es que el mayor motor de crecimiento económico en la región, cuya producción demanda además abundantes recursos hídricos, está sujeto a muchos factores que caen fuera del control directo de los gobiernos nacionales”.

En lo que se refiere a la gestión del agua, esta dependencia de muchas actividades basada en los recursos se complica debido a su ubicación. La expansión de la minería de cobre y oro en Chile y Perú se da sobre todo en zonas áridas, lo que produce una competición por un agua ya escasa tanto por parte de la agricultura de exportación como para cubrir las necesidades de las poblaciones indígenas. “La demanda internacional ha hecho que en los últimos años la extracción minera se incremente en un 56% y, a pesar del actual freno de la economía mundial, es de esperar que la minería continúe desarrollándose”.

También la demanda relacionada con el turismo contribuye a intensificar el estrés hídrico en muchas islas del Caribe. La producción de café precisa grandes cantidades de agua y su procesamiento puede afectar gravemente a la calidad del agua. Lo mismo ocurre con muchos otros recursos naturales.

“La incertidumbre en el nivel y la naturaleza de la demanda en el mercado mundial siempre han complicado la gestión del agua en América Latina y el Caribe, ya que las economías locales se expanden, se contraen y se ajustan según las fluctuaciones de la economía mundial, y, de esta manera, cambian el modo en que deben tomarse las decisiones de gestión y aplicarse las políticas”, explica el Informe.

“El crecimiento económico continúa en la región y el aumento en la demanda global de recursos mineros, agrícolas y energéticos hará que aumente también la demanda de agua. Por ejemplo, es de esperar un incremento en el uso del agua para producir energía a medida que aumente el crecimiento económico. El 53% de la electricidad de la regiónes de origen hidráulico, y, entre 2005 y 2008, aumentó en un 7% la capacidad de producción de este tipo de energía. Como se espera quegran parte de la demanda energética se cubra con energía de origen hidráulico, será necesario estudiar cómo mantener el equilibrio en la demanda de agua para éste y otros usos opuestos (incluidos los ecosistemas y sus servicios)”.

Cambio climático

Muchas zonas de la región de América Latina y el Caribe han estado siempre sujetas a fenómenos climáticos extremos, tales como inundaciones, sequías, y variaciones climáticas relacionadas con el fenómeno del El Niño. El esperado aumento en la frecuencia, duración e intensidad de este tipo de fenómenos harán necesario minimizar los riesgos.

Los países más pobres de Centroamérica, el Caribe y la región andina, cuyas capacidades de gestión de recursos hídricos son relativamente débiles, serán los más expuestos a sufrir las consecuencias del cambio climático. El ejemplo más claro de ello es Haití, particularmente vulnerable debido a la deforestación, una topografía difícil, la pobreza y la falta de infraestructuras públicas.

“Los glaciares de la región ya están en retroceso debido al cambio climático. Este retroceso afecta al abastecimiento de agua de unos 30 millones de personas en la región. Cerca del 60% del agua de Quito (Ecuador) y 30% de la de La Paz (Bolivia) proceden de glaciares. En Perú, los glaciares han perdido ya 7.000 millones de metros cúbicos, una cantidad que bastaría para abastecer a Lima durante 10 años. Las sequías, frecuentes, causaron serias pérdidas económicas en la región y entre 2000 y 2005 afectaron a 1,23 millones de personas”.

Las inadecuadas redes de observación hidrológica y meteorológica dificultan la respuesta a los fenómenos climáticos extremos. En el lado positivo, las lecciones aprendidas a partir de la adaptación a las consecuencias del fenómeno del El Niño (por ejemplo, en Perú) y los ciclos de años secos versus años húmedos en el polígono de secano del Nordeste brasileño, han dado lugar a innovaciones tecnológicas aplicables a la gestión del agua frente al cambio climático, así como a un mejor conocimiento.

Aunque los fenómenos climáticos extremos sólo atraen costos, puesto que se pierden vidas humanas y las infraestructuras quedan dañadas o destruidas, si las infraestructuras de abastecimiento de agua resisten serios daños o pueden repararse rápidamente, entonces es probable que el papel clave del agua y de los servicios relacionados con el agua ganen adeptos en la opinión pública y aumente su influencia en los gobiernos.

Aunque se necesitan urgentemente infraestructuras adaptadas, esto es solo parte de la solución. “Se observa una incapacidad general para crear instituciones capaces de enfrentar la gestión del agua en condiciones de escasez y conflicto. La situación no mejora debido a la debilidad de las instituciones de gestión, a una capacidad de acción insuficiente, a la informalidad, a la ausencia de autofinanciamiento y la consiguiente dependencia de un apoyo político cambiante y a la falta de información fiable en la mayoría de las áreas relacionadas con la gestión del agua, incluido el recurso en sí, sus usos, sus usuarios y las necesidades futuras”,dice el Informe.

El Informe señala también algunas buenas noticias y avances. “Se observan avances aislados en algunas instituciones de gestión del agua. Varios países han emprendido ambiciosas reformas de gestión del agua, en particular Brasil y México, pero también, en menor escala, Argentina, Chile, Colombia y Perú. En algunos países se han dado también avances muy notables en actividades específicas relacionadas con la gestión del agua, como por ejemplo, el alto grado de desarrollo de servicios de abastecimiento de agua y de alcantarillado en zonas urbanas de Chile”.

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El Programa Mundial de Evaluación de los Recursos Hídricos de lasNaciones Unidas (World Water Assessment Programme, WWAP) está auspiciado por la UNESCO y reúne el trabajo de 28 miembros de ONUAgua y socios en el Informe sobre el desarrollo de los recursos hídricos en el mundo (World Water Development Report, WWDR), de carácter trienal. Este informe de referencia constituye una revisión completa que ofrece una imagen global de los recursos mundiales de agua dulce. Analiza las presiones derivadas de las decisiones que impulsan la demanda de agua y que afectan a su disponibilidad. Ofrece herramientas y opciones de respuesta para ayudar a los líderes del gobierno, al sector privado y a la sociedad civil a tratar los desafíos actuales y futuros. Sugiere posibles maneras de reformar las instituciones y modificar su comportamiento, y explora las posibles fuentes de financiación para la inversión urgente en agua.

El WWDR4 es un hito dentro de la serie de informes sobre el desarrollo de los recursos hídricos en el mundo (WWDR), que informa directamente sobre las regiones y destaca puntos conflictivos, y que se ha centrado en lograr la igualdad de género. Presenta un enfoque temático sobre la “Gestión de los recursos hídricos en condiciones de incertidumbre y riesgo” en el contexto de un mundo cambiante rápida y constantemente y, a menudo, de forma imprevisible con crecientes riesgos e incertidumbres. Destaca que la experiencia histórica ya no será suficiente para aproximarse a la relación entre las cantidades de agua disponibles y las cambiantes demandas futuras.

El WWDR4 también pretende demostrar que el agua tiene un papel central en todos los aspectos del desarrollo económico y el bienestar social, y que es necesaria una acción concertada a través de un enfoque colectivo de los sectores que utilizan el agua para garantizar que se aprovechan al máximo los beneficios del agua y se comparten de manera equitativa, y que se logran los objetivos de desarrollo relacionados con el agua.

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