Riesgo e incertidumbre

© Dan Saavedra
Ondoy aftermath by Dan Saavedra.

Desastres como inundaciones y sequías causan una terrible repercusión en la vida de las personas, por no mencionar las profundas pérdidas sociales, económicas y medioambientales que provocan.

Tal vez los desastres naturales sean inevitables, pero con una mejor planificación y prevención —gestión del riesgo—, se puede mitigar su impacto.

Hacen falta indicadores que detecten los cambios en el entorno natural y social para que, en conjunto, nos proporcionen una base cuantitativa que permita por una parte el diseño de políticas de reducción del riesgo de desastres, y por otra el seguimiento de su eficacia.

Los planes de implementación deben desarrollarse sobre la base de una política de gestión integrada del riesgo. Estos planes tienen que contar con una buena dotación de recursos y deben sostenerse sobre un marco legislativo bien definido.

El agua está vinculada con las crisis del cambio climático, del abastecimiento de energía y alimentos, de los precios y con las turbulencias en los mercados financieros. A menos que se aborden esos vínculos con los recursos hídricos y se resuelvan las situaciones de estrés hídrico que afectan al planeta, estas crisis paralelas podrían intensificarse empeorando los problemas del agua a nivel local y converger en una crisis hídrica global que desemboque en distintos grados de conflicto e inseguridad política.

El cambio climático, y en particular sus repercusiones en los escasos recursos hídricos, es un asunto de seguridad colectiva en un mundo frágil y cada vez más interdependiente. En 2007, en un debate del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sobre el impacto del cambio climático en la paz y en la seguridad, el Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, señaló que el cambio climático tiene repercusiones para la paz y la seguridad, así como graves implicaciones medioambientales y socioeconómicas, especialmente “en regiones vulnerables que se enfrentan simultáneamente a varias presiones (conflictos anteriores, pobreza y acceso desigual a los recursos, instituciones débiles, falta de seguridad alimentaria e incidencia de enfermedades como el VIH/SIDA)”. En ese sentido, esbozó escenarios alarmantes (que no alarmistas), incluyendo el acceso limitado o amenazado a la energía, que aumenta el riesgo de conflicto; la escasez de alimentos y agua, que transforma la competencia pacífica en violencia, y las inundaciones y sequías, que desencadenan ingentes migraciones humanas, polarizan a las sociedades y debilitan la capacidad de los países para resolver conflictos pacíficamente. 

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Hechos y cifras extraídos del WWDR3, El agua en un mundo en cambio (2009). Haga clic en los seguientes enlaces para aprender más!

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