No hay talla única para todos

© UNESCO/ A World of Science
A World of Science, Fifth anniversary issue

De Walter Erdelen*

Del 15 al 18 de septiembre, las poblaciones indígenas ocuparon la primera plana en la UNESCO. La sede de la organización en París recibía a la vez la primera visita oficial del Foro Permanente de la ONU Sobre las Cuestiones Indígenas y la reunión anual del Grupo Interagencial de Apoyo Sobre las Poblaciones Indígenas, en las que participaban 20 agencias y programas de las Naciones Unidas. Un año después de la histórica adopción de la Declaración de los Derechos de las Poblaciones Indígenas por la Asamblea General de la ONU, el Grupo de Apoyo estaba en París para deliberar sobre un verdadero desafío: cómo integrar la cultura y la identidad al desarrollo.

Desafío es la palabra exacta, pues la dimensión cultural aún ocupa un pequeño lugar en la planificación y la puesta en marcha del desarrollo. La carrera por lograr los Objetivos del Desarrollo del Milenio (ODM) de aquí al 2015 sirve de argumento a aquellos que defienden el principio de una « talla única », cosa que las comunidades Mayangna de la Reserva de Biosfera de Bosawas en Nicaragua lamentablemente descubren hoy.

Agricultores de roza y quema, cazadores y pescadores, los Mayangna viven en el corazón del Corredor Biológico Mesoamericano. Como veremos en este número, son incomparables conocedores de la ecología de sus territorios, así como intrépidos defensores del bosque pluvial que constituye su hábitat. Pero los éxitos obtenidos hasta ahora para poner fin a la tala en los márgenes de sus territorios corren el riesgo de durar poco si los esfuerzos actuales de desarrollo continúan.

Denominado Cero Hambre, el programa nacional de desarrollo busca ayudar a los campesinos nicaragüenses. Lamentablemente, con las mejores intenciones, también se envían vacas, cerdos y pollos, hasta lo más recónditos de los territorios Mayangnas con el fin de crear granjas modelos. Además del rompecabezas logístico del transporte de ganado en camiones y barcos hacia localidades alejadas y la incompatibilidad de estos animales con la vida en los bosques tropicales –muchos no sobrevivieron– el programa estimula la tala de árboles en la zona núcleo de la Reserva de Biosfera y el corazón del Corredor Mesoamericano, para crear zonas de pastos.

¡Triste paradoja! En nombre de la seguridad alimentaria, este programa de desarrollo estimula la tala y compromete otro ODM, la preservación del medio ambiente. Además, fuerza a los Mayangna a abandonar un modo de vida que desde hace siglos mantiene a su cultura y a este frágil ecosistema.

Esfuerzos tan desafortunados están en práctica en todo el mundo, allí donde el desarrollo persiste en ignorar las necesidades específicas de grupos minoritarios u autóctonos. Deseosos de integrar la cultura y la identidad en el desarrollo, el Grupo Interagencial de Apoyo redactó las Directrices sobre los asuntos de los pueblos indígenas del Grupo de las Naciones Unidas para el Desarrollo, distribuido en febrero de 2008 a los Equipos de Países de las Naciones Unidas. Su mensaje es claro: tener en cuenta significativamente las opiniones de los pueblos indígenas es la condición sine qua non para que el desarrollo se haga en provecho y no en detrimento de aquellos a quienes se supone deba servir, como a los Mayangna.

W. Erdelen
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*Subdirector General para las ciencias exactas y naturales

Descargar este editorial, que apareció en Un Mundo de Ciencia, vol. 6, no. 4, Octubre-Diciembre 2008

Véase también el artículo sobre El conocimiento de los Mayangna en el corazón de Mesoamérica

Véase también el libro 'Conocimientos tradicionales del pueblo Mayangna sobre la convivencia hombre y naturaleza’

 

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