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11.08.2011 - Natural Sciences Sector

Salvados por sus ancestros

Para el primer ministro Naoto Kan el terremoto, el tsunami y la crisis nuclear que devastó a Japón en marzo son «la peor crisis desde la Segunda Guerra Mundial». En la medida en que se compara esta tragedia con el lanzamiento de las bombas atómicas sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki en 1945, su declaración está cargada de significado. Aunque la cifra provisional de los muertos –25 000– sólo es la décima parte del terremoto y el tsunami en el Océano Índico en 2004 y el terremoto en Haití el año pasado, la tragedia ha causado un profundo trauma en la población. Es posible, además, que se convierta en el desastre más costoso en el mundo hasta la fecha: el gobierno estima su costo en unos US$300 mil millones.

En medio de la desolación, los habitantes pudieron encontrar algún consuelo al pensar que gracias a los conocimientos transmitidos de generación en generación, una cantidad de vidas habían sido salvadas. En un momento en que los beneficios de los conocimientos acumulados por las poblaciones locales y autóctonas en la reducción de los riesgos de desastres son reconocidos cada vez más, queda un reto: encontrar una forma de integrar de manera constructiva esta herencia a los conocimientos y a las políticas científicas. Se trata de una tarea difícil pero muy importante porque podría ayudar a reducir la vulnerabilidad de las comunidades más expuestas a los peligros. Un proyecto puesto en marcha el año pasado por la Oficina Regional de la UNESCO para la Ciencia en Asia y en el Pacífi co aborda este problema en tres países: Indonesia, Filipinas y Timor Oriental.

  • Artículo completo (páginas 20-23) en Un Mundo de CIENCIA, Vol. 9, No. 3, julio–septiembre 2011



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