» Gilles Bœuf, Presidente del Museo Nacional de Historia Natural de Francia: “Hay que imponer el pago de derecho...
08.04.2010 - UNESCOPRESS

Gilles Bœuf, Presidente del Museo Nacional de Historia Natural de Francia: “Hay que imponer el pago de derechos por la explotación de los recursos vivos”

© Derechos reservados

Gilles Bœuf, Presidente del Museo de Historia Natural de Francia, estima que es necesario dar un valor a los recursos vivos en general, y más concretamente a los de los océanos, porque desde una perspectiva económica no es sano que estén disponibles gratuitamente. Por otra parte, explica cómo se evalúa el número de las especies vivas actuales y el de las ya extinguidas.

 

Esta entrevista se efectuó con motivo de la celebración de la conferencia internacional sobre el tema “La ciencia y las políticas de la biodiversidad”, que tuvo lugar en la sede de la UNESCO en enero de 2010.

 

Entrevista realizada por Bernard Giansetto (Oficina de Información Pública de la UNESCO)

¿Por qué se dice que el océano es “un bien público no contabilizado”? ¿Se basan en esto los que consideran, por ejemplo, que una especie en peligro como el atún rojo es “gratuita”?

 Efectivamente, hasta ahora toda planta recolectada o especie animal capturada pertenecen al que va a buscarlas. Obviamente, este sistema no es viable a largo plazo desde un punto de vista económico. De ahí que se haya propugnado la idea de atribuir un valor tanto a los ecosistemas como a las especies que viven en ellos. Va ser necesario librar una verdadera batalla para que todas las especies –desde el atún rojo hasta la sardina, pasando por los yacimientos de dientes fósiles de tiburones de Nueva Caledonia– se registren en un sistema de gestión de recursos.

 ¿Empiezan a cobrar conciencia de esta cuestión los responsables de la adopción de decisiones?

 Sí, sin lugar a dudas. Algunos países ya son conscientes del problema y están dispuestos a aceptar que se fije un precio a los recursos. Algunas personas que realizan actividades económicas en común están organizando cooperativas y empresas, que son las únicas que explotan determinados ecosistemas. Evidentemente, cuando uno es propietario de un ecosistema lo protege mucho más y preserva mejor sus recursos. Será fácil hacer comprender la necesidad de poner un precio a los recursos de los mares litorales, pero en el caso de los mares abiertos va ser mucho más difícil. Al decir esto, pienso sobre todo en los yacimientos de nódulos polimetálicos, formados por las concreciones rocosas ricas en metales que alfombran el suelo de las fosas abisales marinas.

 ¿Por qué?

Los que dispongan de medios para buscar esos yacimientos considerarán que son de su propiedad, cuando los encuentren. Por eso se necesita adoptar una legislación que imponga el pago de un canon por la explotación de los recursos. El producto de ese canon tendrá que invertirse en la protección de los ecosistemas, en su gestión lúcida y viable cara al futuro. En lo que respecta a la gestión de este tipo, las cooperativas de pescadores del Japón constituyen un ejemplo notable, y esto les da derecho a controlar la explotación de los recursos.

 ¿Cómo se calculan el número de especies vivas y el ritmo de su desaparición?

Lo que sí sabemos es que en los museos se conservan algo menos de dos millones de ejemplares de. especies distintas. Sin embargo, muchas de ellas son “sinónimas”, por así decir, ya que a veces los especialistas describen una especie atribuyéndole un nombre, sin haber podido verificar totalmente si esto se ha hecho ya en otra parte. ¿Cómo se evalúa el número de las que no conocemos? Haciendo inventarios muy precisos, de la siguiente manera: se acota un kilómetro cuadrado de selva –en Borneo o en la Amazonia, por ejemplo–, se cuentan todas las especies y luego se efectúa una secuenciación del ADN presente en esa zona. Con el mar se hace lo mismo: se extrae un metro cúbico de agua marina y, una vez capturados y apartados los peces, se filtra por debajo de dos micrones y se secuencia todo el ADN. Háganse donde se hagan estas operaciones, siempre encontramos un 20% aproximadamente que nos resulta conocido y un 80% desconocido. Esto quiere decir que el número de especies existentes es cinco veces mayor que el de las conocidas, como mínimo. De hecho, la cifra de especies desconocidas oscila entre 10 y 30 millones porque se estima que muchas de ellas pasan a través de las mallas de la red. Esto representa un problema para nosotros, los científicos, porque los responsables de la adopción de decisiones siempre nos recuerdan nuestra ignorancia del número de especies cuando dialogamos con ellos. Y si tuviéramos en cuenta los microorganismos, microbios y bacterias, la cuenta se complicaría mucho más aún...

 ¿Se tiene una idea del número de especies que se han extinguido?

Se calcula que desde los orígenes de la vida han existido unos 2.000 millones de especies en la Tierra. Ahora sólo subsisten entre 1% y 1,5% de ellas, ya que las demás fueron eliminadas naturalmente. Su ritmo de extinción actual es mil veces más rápido que el registrado en los últimos 100 millones de años, según los cálculos efectuados por los paleontólogos. Lo normal es que desparezca una de cada mil especies en el lapso de un milenio. Sin embargo, el número de especies extinguidas en el siglo XX ha sido entre 600 y 1.000 veces más elevado de lo que hubiera cabido suponer, según la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio (EME).*

 * La Evaluación de los Ecosistemas del Milenio (EME) es un informe publicado en 2005 por iniciativa las Naciones Unidas con el concurso de 1.360 expertos del mundo entero. Su finalidad es evaluar el impacto de los cambios ecosistémicos en el bienestar humano, así como establecer las bases científicas que permitan llevar a cabo las acciones necesarias para mejorar la conservación y el uso sostenible de los ecosistemas.

 

****




<- Atrás, a la lista de noticias
Principio de la página