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08.04.2010 - UNESCOPRESS

La UNESCO colabora en la elaboración de un currículo especial para la vuelta a clase en Haití

© UNESCO/M. Benchelah

Los niños de Puerto Príncipe comenzaron a volver a clase este semana, después de casi tres meses de interrupción debido al terrible sismo del 12 de enero pasado. Pero sus clases fueron sustituidas por un currículum especial desarrollado por la UNESCO y el ministerio de Educación de Haití que tiene en cuenta el trauma y el trastorno experimentado por alumnos y docentes tras el temblor.

Desarrollado por la UNESCO y el ministerio de Educación y Formación Profesional de Haití en un seminario celebrado el 25 y el 26 de marzo, el nuevo currículo atañe a 600.000 alumnos de la enseñanza pública y privada.

             “Hemos dado prioridad a dos objetivos principales”, explica Jackson Pleteau, director de enseñanza secundaria en el ministerio. “Primero definimos un mínimo de conocimientos que los niños deben tener para poder pasar al curso siguiente y también nos hemos planteado postponer algunos contenidos para darlos el próximo curso”.

 El nuevo programa preconiza varias etapas. Los niños comenzarán con actividades “psicosociales”, como canto, baile y expresión creativa, lo que les ayudará a vencer el estrés y las dificultades que experimentan después de la tragedia. Luego aprenderán cosas sobre el fenómeno de los terremotos. Las últimas semanas seguirán una escolarización clásica. El ministerio de Educación prevé un programa condensado en 18 semanas, con lo que el año escolar terminará en agosto. La UNESCO pondrá en línea el nuevo programa para que puedan consultarlo todos los docentes del país.

 Sin embargo, la vuelta a clase se ha producido sólo en algunas escuelas y son pocos los niños que han retornado a las aulas.

 En la mayoría de los centros se necesitan todavía importantes obras de desescombro y que se instalen carpas para poder recibir a los alumnos. Es el caso de la escuela mixta Thérèse-Rouchon, en el barrio de Turgeau, completamente destruida.

 En medio de las ruinas se distinguen bancos de madera, hojas de examen y un pizarrón en el que todavía se lee la última lección de retórica, dada pocas horas antes del drama.

 “Pensamos retomar las actividades de la escuela antes de que termine abril, porque el desescombro empezará dentro de dos días”, explica la directora, Astrid Rouchon. “Lo va a hacer el ministerio de Educación, que también nos entregará material e instalará carpas”. Aunque no puede precisar la fecha, Rouchon espera poder retomar las clases a mediados de mes.

 El colegio Sainte-Marie-des-Anges, situado en el barrio elegante llamado Paco, corrió una suerte parecida. La escuela masculina se derrumbó por completo, y el viejo edificio de ladrillo donde funcionaba la escuela femenina quedó inutilizable, con fisuras y grandes agujeros en la fachada.

 El pastor Franck Petit, director de la escuela, hizo construir un gran hangar bajo el que instaló las aulas, separadas entre sí por paneles de madera. La escuela abrió el 5 de abril, pero para los niños el regreso no ha sido fácil: “Han reaccionado de maneras distintas. Unos lloraban y no querían entrar porque decían que tenían miedo a quedar enterrados vivos”. Hubo que explicarles que las aulas son de madera y, por lo tanto, seguras. “Durante la ceremonia de izada de bandera, algunos niños lloraban, a lo mejor por la muerte de un pariente, una madre, una hermana… no lo sabemos. Es muy duro, duro para los alumnos y para los profesores”.

 El terremoto del 12 de enero quitó la vida a cerca de 38.000 estudiantes y 1.300 docentes y miembros de la comunidad escolar. El ministerio de Educación quedó totalmente destruido, así como 4.000 escuelas, entre ellas, el 80% de todas las situadas en la región de Puerto Príncipe.

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