22.06.2012 -

La UNESCO dedica a los océanos un poema gigante en la playa de Copacabana

© UNESCOUno de los versos escritos en el poema gigante promovido por la UNESCO en la playa de Copacabana (Río de Janeiro, Brasil), durante la conferencia Río+20

© UNESCOMomento en que el subdirector general de la UNESCO para Relaciones Externas e Información, Eric Falt, añade un verso al poema gigante

Los corredores matutinos y los que habitualmente salen a pasear el perro en la playa de Copacabana se encontraron con una sorpresa en la mañana del 21 de junio: una enorme tira de papel de 150 metros de largo pegada en la acera del paseo marítimo. Grandes lápices, bien afilados, y la bandera de la UNESCO desplegada al viento. Todo estaba preparado para que los paseantes participasen en el poema gigante dedicado a los océanos.

A las 10 de la mañana, el subdirector general de la UNESCO para Relaciones Externas e Información, Eric Falt, escribió el primer verso, sobre la vida y el poder de los océanos para sostenerla. “Queremos asegurarnos que la situación en la que se encuentran los océanos no se olvide”, afirmó Falt. “Este poema gigante ofrece una oportunidad a la gente para decir lo que piensan sobre los océanos, ¿y qué mejor lugar para decirlo que en Copacabana, quizás una de las playas más famosas del mundo?”

Cierto, pero ¿qué pensarían los habitantes de Río de esta iniciativa?  Una de las primeras personas en aceptar el desafío fue Edriana Maria Barbosa Pontei, empleada de los servicios de limpieza de la ciudad. Enfundada en su uniforme naranja brillante, Barbosa dijo: “Me encanta la idea del poema”. “La protección de los océanos tiene mucho que ver con mi trabajo diario. Si no recojo las latas, papel y otros desperdicios, éstos acabarían en el mar. Todo el mundo debería aprender a amar los océanos”.

Elderlino da Silva era de la misma opinión. Él trabaja en la industria de la alimentación y la agricultura y en seis meses se mudará a Angola. Después de una reflexión, escribió sobre el papel: “Río+20 – el mundo respira mejor. Los océanos nos protegen”.

No todo el mundo se expresaba de la misma manera. Donna, una turista canadiense, escribió: “Si la avaricia y egoísmo del ser human permite que los océanos mueran, nosotros moriremos también. ¡Hay que actuar YA!”. Donna había estado siguiendo el desarrollo de la conferencia Río+20 y no tenía una impresión positiva. “No creo que haya logrado su principal objetivo, renovar la voluntad política respecto al desarrollo sostenible”, afirmó. “Finalmente es la gente quien tiene que decidir si decir a sus líderes que deben cambiar de políticas. Este poema nos da una oportunidad para decir lo que sentimos”.

Mientras que las cámaras de los noticieros de televisión se desplegaban en el lugar y los reporteros entrevistaban a los organizadores y participantes, la gigantesca tira de papel se iba llenado poco a poco con ideas, emociones, sueños e imágenes. Los paseantes se detenían para leer los versos y departían sobre cómo salvar los océanos. Algunos añadían algún verso de su propia cosecha, otros continuaban su camino leyendo y comentando el tema.

El poema gigante es la creación de Ángel Arenas, poeta español de Villarrobledo, Albacete. Arenas ha creado hasta 45 poemas gigantes en diferentes ciudades. El de Río, sin embargo, es especial. “Venga, hagamos algo por los océanos”, decía a los transeúntes, “escribamos algunos versos para decirle al mundo que podemos proteger a los océanos usando nuestros corazones y sensibilidad. Juntas, nuestras gotas de emoción pueden despertar el sentido de la responsabilidad y la conciencia para actuar de miles de personas”.

Al atardecer, el poema había influido a miles de personas, algunos escribieron unos versos, otros los leyeron y algunos otros se sintieron inspirados por lo que vieron escrito. Uno de ellos fue Vera Maria Cunha, enfermera de un hospital público.  “Debemos respetar nuestros océanos y todo lo demás que merece respeto”, escribió, “creo en el futuro”.

Alfonso Pereira, abogado y profesor, se detuvo para escribir lo que Vera Maria había escrito. “Soy un carioca de pura cepa viviendo en Copacabana”, dijo. “Este poema es una idea maravillosa. Espero que en los próximos 20 años tengamos un mundo mejor y océanos más saludables”. Y acto seguido retomó la lectura de los cientos de versos escritos sobre la gigantesca tira de papel.




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