20.02.2012 - El Correo de la UNESCO

Jorge Edwards: “Uno que habla la lengua de Cervantes no está en inferioridad de condiciones con alguien que habla la lengua de Shakespeare”

©UNESCO/Lucía Iglesias - Jorge Edwards en la Embajada de Chile en Francia en febrero de 2012

En una entrevista con Lucia Iglesias y Jasmina Šopova en la que alterna el español, el francés y algunas frases en inglés, el escritor chileno Jorge Edwards (Santiago, 1931) defiende la lengua materna como espacio de creación.

¿Qué es para usted la lengua materna?

La lengua es el espacio del escritor, la lengua materna es muy difícil de remplazar. El lenguaje es el material de la escritura y encierra una gran complejidad que a veces no es bien entendida. Por ejemplo, nosotros tenemos lenguas regionales, pero hablamos el mismo español. Pero claro, a veces los correctores de pruebas de mis libros me traducen al español de Madrid y yo digo: ¿por qué?

Es interesante para una persona de Chile entender los matices del lenguaje argentino, colombiano, español… además no hay un lenguaje español, como todos saben, sino que hay un español que se habla en Castilla y otro en el Norte, otro en Andalucía, etc.

En mi escritura literaria yo uso chilenismos, y eso a veces produce algún conflicto, que surge de la falta de curiosidad, de la pereza mental. Además, cuando me encuentro frente a giros de Madrid, de donde sea, de Andalucía, que me parecen un poco extraños, siempre los entiendo gracias al contexto.

A veces nuestras expresiones chilenas siguen vigentes en Chile pero desaparecieron en la Península. Se lo he demostrado a correctores de pruebas y a gente que se preocupaba del estilo. Figúrese que cuando mi generación empezó a publicar en España nos decían cosas que venían de ese centralismo y de ese nacionalismo franquista: “Es interesante lo que dice este señor, pero lo entrega en una jerigonza bárbara”, se leía en algunas críticas literarias. ¡Imagínese que a Vargas Llosa, cuando publicó “La ciudad y los perros” quisieron cambiarle la mitad del libro!

¿Han cambiado las cosas?

Esa lucha se ganó, pero nunca se gana totalmente. Siempre tenemos que volver a defender el derecho a hablar como un chileno, como un peruano etc. etc.  Así que esto que se dice de la lengua materna es más complicado de lo que parece a primera vista. Es una especie de lucha de todo escritor por imponer precisamente lo materno, que viene a veces de la memoria profunda.

Hay escritores chilenos que quisieron convertirse en escritores franceses, porque, claro, les parecía mucho mejor ser escritor francés que chileno. Había uno que yo alcancé a conocer que tenía su epitafio escrito: “quiso ser escritor y llegó a ser escritor chileno”. Afortunadamente, hoy día se puede ser escritor en cualquier idioma.

Mi convicción íntima es que sólo se le puede dar un ritmo personal a un lenguaje literario a partir de la lengua materna. Algunos escritores tuvieron que cambiarse de lengua, Joseph Conrad, por ejemplo, era polaco y se hizo escritor inglés. Otro ejemplo es Vicente Huidobro, nuestro poeta muy importante, que quiso ser escritor francés. Llegó a ser poeta francés de cierto interés, pero finalmente predominó el español y terminó volviéndose al español. Ahora se publican sus poemas franceses en traducción española.

Otros más lo intentaron y no lo han conseguido. Hay también un escritor cuya lengua materna era el latín, ¿sabe usted? ¡Montaigne! Porque su padre le puso desde que nació un maestro con la obligación de hablar en latín. Eso es un caso raro y muy divertido.

¿Le parece inevitable la hegemonía del inglés?

La hegemonía del inglés es técnica y quizá científica, pero no es literaria. En literatura no hay hegemonía. Uno que habla la lengua de Cervantes no está en inferioridad de condiciones con alguien que habla la lengua de Shakespeare. A mí me gusta mucho Shakespeare y hablo inglés, además, pero nunca he soñado con cambiarme de idioma, no me interesa: he mantenido incluso una lucha por el matiz chileno del idioma.




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