01.12.2010 - EL UNIVERSO, Guayaquil, Ecuador

Qhapaq Ñan, un itinerario cultural de integración - 'El Universo', Ecuador

Artículo de Irina Bokova publicado en ‘El Universo’ de Guayaquil, Ecuador, el miércoles 1 de diciembre de 2010

Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú comparten en sus territorios un patrimonio cultural de valor inestimable: el Qhapaq Ñan o Sistema Vial Andino.

El 4 de diciembre del 2010, los presidentes de estos seis países firmarán en Mar del Plata (Argentina) una Declaración conjunta que ratifica el compromiso de preservar de forma colectiva ese patrimonio común, y presentar conjuntamente una candidatura única de inscripción en la Lista de Patrimonio Mundial de la Unesco.

La firma de este acuerdo al más alto nivel es un acto político de gran trascendencia, a la altura de la inmensidad y el valor universal excepcional del Qhapaq Ñan. Así se inicia la última etapa de un proyecto sumamente ambicioso de más de siete años de duración, que ha necesitado la cooperación técnica de centenares de expertos para hacer el inventario de los elementos de ese acervo cultural extraordinario, armonizar las técnicas de conservación y llegar a una interpretación común de una historia compartida. Esta labor ingente, coordinada por el Centro del Patrimonio Mundial de la Unesco a petición de los seis estados interesados, constituye por sí sola un testimonio de la fuerza de la cultura como factor de paz.

El mensaje en pro de la cooperación representado por este acuerdo cobra aún más fuerza por referirse a una red de rutas que, a todas luces, es un símbolo patente del acercamiento entre culturas, seres humanos y territorios. Por eso constituye también una fuente de enseñanzas inagotable.

El Qhapaq Ñan, eje de comunicación principal del Imperio Incaico, era la espina dorsal de una vasta red de caminos que se extendía a lo largo de miles de kilómetros. Creado en uno de los entornos naturales más hostiles del planeta, ese sistema vial es una de las realizaciones más colosales del ingenio humano.

Los incas supieron articular todo el conocimiento andino y enlazar con acierto redes de caminos regionales que habían empezado a formarse dos mil años antes, y lograron dotarlas de coherencia funcional, al servicio de un Imperio, jalonándolas de centros de producción, establecimientos de comercio y lugares de culto. Esta prodigiosa unificación territorial a escala continental se consiguió en menos de un siglo, sin ayuda de la rueda y con la fuerza motriz del hombre y los camélidos andinos.

Gracias a un sistema de relevos extremadamente eficaz, las mercancías circulaban rápidamente y los chasquis, mensajeros del Inca, recorrían a pie desiertos, valles y junglas, de Norte a Sur y desde las cumbres nevadas de los cerros al litoral del Pacífico, asegurando la administración hasta los rincones más remotos del Imperio. El Qhapaq Ñan encierra un tesoro de innovaciones tecnológicas de los incas para allanar terrenos, cultivar zonas extremadamente áridas, transportar alimentos y crear sistemas de drenaje y de abastecimiento de agua a distancias increíbles, con una ingeniosidad y tenacidad admirables, venciendo los obstáculos entrañados por las variaciones de la temperatura y el viento.

La región cuenta con numerosos sitios inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial. Sin embargo, ahora se va a establecer por primera vez un plan de gestión integral de todos ellos para salvaguardar, al mismo tiempo, un patrimonio natural –cuya biodiversidad es una de las más ricas del planeta– y un patrimonio cultural que incluirá las tradiciones indígenas y locales. Por lo tanto, se trata de proteger el sistema de forma integrada y promover con ello una cooperación que abarque en su conjunto un itinerario cultural de dimensión continental.

Debido a sus enormes ramificaciones culturales, técnicas y simbólicas, este proyecto está a la altura de las ambiciones de la Unesco y representa un mensaje de gran fuerza para todas las naciones del mundo. Gracias a él, se puede decir que la Convención del Patrimonio Mundial se adentra plena y efectivamente en el siglo XXI. Además, no solo va a impulsar los trabajos de investigación durante varias generaciones, sino que también va a constituir un modelo metodológico para la cooperación cultural mundial encaminado a realizar otros proyectos a escala continental, como los relativos a la Ruta de la Seda o las Vías Romanas. Por último, el proyecto ilustra perfectamente el espíritu de la Convención, cuyo objetivo es servir de instrumento para la cooperación internacional y el desarrollo.

La mundialización plantea desafíos que, por ser comunes, debemos también afrontar colectivamente. Tenemos que fomentar las redes inteligentes y compartir conocimientos teóricos y prácticos no solo entre las naciones, sino también entre las sociedades que las componen. No debemos desperdiciar ninguna oportunidad para exaltar todo lo que nos une.

Desde que fui elegida para dirigir la Unesco abogo por una visión nueva de la cultura que haga de ella un vector del desarrollo, y no solo una ocasión para cultivar el espíritu con erudición. Una cultura que sea también un instrumento político de entendimiento mutuo y reconciliación.

Los programas culturales de la Unesco ofrecen un marco para la cooperación de expertos del mundo entero. La voluntad que anima a Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú a preservar conjuntamente un patrimonio común eleva esa cooperación a un grado pocas veces alcanzado.

Este es el “segundo milagro” del Qhapaq Ñan, después de aquel otro primer milagro de su construcción con un esfuerzo humano colosal.

Irina Bokova, Directora General de la Unesco




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