Desafíos para los medios de comunicación en un nuevo contexto

Los nuevos medios de comunicación y las nuevas oportunidades han planteado a su vez nuevas cuestiones en torno a la seguridad de los periodistas y ciudadanos reporteros, así como el carácter de regulación y capacitación en el sector mediático, sobre todo en las nuevas democracias. El aumento en la cantidad de información transmitida por Internet ha traído consigo un incremento significativo en el número de casos relacionados con la seguridad de los periodistas que operan en línea.

Hace cuatro años, el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), anunció que por primera vez en la historia de los medios de comunicación de masas, se había encarcelado a más reporteros en línea que de cualquier otro sector de los medios de comunicación de masas. En semejantes circunstancias, es poco probable que prospere un periodismo de calidad si los que ejercen esta profesión son constantemente objeto de intimidaciones, detenciones ilegales, agresiones sexuales (sobre todo contra mujeres periodistas) amenazas de secuestro y, por encima de todo, asesinatos.

Es necesario que la protección brindada a los trabajadores del sector mediático abarque también a los nuevos profesionales de los medios de comunicación.  Asimismo, debe buscarse una solución al problema de la impunidad  ya que, por lo general, la mayoría de los crímenes de los que son objeto los trabajadores de los medios permanece impune y sin investigar. En efecto, según cifras del Instituto Internacional para la Seguridad de la Prensa (INSI), solo una de cada diez personas que ha asesinado a un periodista es enjuiciada. En este contexto, resulta crucial la cooperación con los organismos de vigilancia de la libertad de los medios de comunicación tales como Reporteros sin Fronteras, la Asociación Interamericana de Prensa, la Asociación Interamericana de Prensa (SIP) y Article 19 para luchar contra la impunidad.

Igualmente, está creciendo el número de ciudadanos reporteros quienes, por lo general, reportan eventos por iniciativa propia. Este segmento de periodistas incluye a aquellas personas que valientemente encendieron sus cámaras para ser actores y no meros observadores de los acontecimientos históricos que estaban teniendo lugar a su alrededor en Túnez, Egipto, Libia, etc. Algunos de ellos volverán a sus vidas normales de cada día, pero otros no abandonarán el compromiso de informar al público, pese al riesgo que dichos reflejos periodísticos suponen para ellos y sus familias. Sus aportes no deben quedar en el olvido ni desatenderse su seguridad.

Si bien las redes sociales ofrecen una cantidad jamás vista de conectividad e información, existe una tendencia alarmante que pone en jaque la libertad de expresión y la libertad de prensa en línea. En efecto, el número de ciberataques a aquellos sitios web que critican a los Gobiernos en ejercicio, de prohibiciones impuestas a los sitios web de algunas redes sociales y de blogueros detenidos va en constante aumento (Vea ejemplo 1  y 2). Los comentarios que cuelgan personas anónimas en los sitios de redes sociales están siendo utilizados como pretexto para bloquear los sitios web o para presentar demandas por difamación. ¿Sobre quién recae la responsabilidad de un comentario difamatorio hecho en una aplicación de redes sociales de un tercero? ¿A quién se debería responsabilizar por las opiniones divulgadas en los sitios de las redes sociales? ¿Qué tipo de sanción, si es que existe alguna, se aplicaría al autor de dicho acto difamatorio? La difamación debe ser despenalizada tanto online como offline, e incorporarse en el código civil con arreglo a las reglas internacionales. Así como existe un empeño en acabar con la incitación al odio en línea, el esfuerzo debería ser aún mayor para avanzar en materia de alfabetización mediática e informacional y así empoderar a los usuarios y convertirlos en árbitros finales que evalúen los contenidos que estos consumen y producen en línea. Al mismo tiempo, operarían con un entendimiento apropiado de los principios internacionales de libertad de expresión y de las limitaciones de las que podría ser objeto este derecho humano.

El surgimiento de nuevos medios de comunicación tras los alzamientos, y particularmente en ciertos países árabes, está alterando la organización del mercado de los medios de comunicación en la región. Anteriormente, había una dependencia de los medios de comunicación internacionales y no de las fuentes locales de noticias. Los medios de comunicación nacionales creados antes de la transición eran controlados con frecuencia por las autoridades. En semejante contexto, los medios de comunicación internacionales y regionales se convirtieron en actores principales en el panorama mediático en Oriente Medio. Sin embargo, desde la caída de la autoridades estatales en Túnez, Egipto y Libia, se han multiplicado los nuevos medios de comunicación locales. ¿De qué manera influirá este desarrollo en el flujo de información en la región? ¿Cómo se integrarán los periódicos, radios y televisiones a las redes sociales en términos de valores añadidos mutuos y de sostenibilidad de un periodismo de calidad?

En la situación posrevolucionaria, el sector mediático goza de un nivel mucho más elevado de libertad de expresión, pero al mismo tiempo carece de una normativa y de sistemas de regulación de referencia internacional. Existen serias interrogantes sobre si un medio de comunicación estatal en un país determinado puede convertirse en uno o varios medios con vocación de servicio público, si deberían privatizarse, o si se podría combinar ambas estrategias de una u otra manera. En tanto que la publicidad estatal era utilizada de manera abusiva para mantener unos medios estatales u “obsequiosos”, es necesario construir sistemas que sirvan de canales para una publicidad estatal imparcial, basados en una lógica de servir a las audiencias a través de varios medios. Los sistemas de subvenciones (que operan con fines no políticos) podrían resultar necesarios para ayudar a los medios emergentes (sobre todo en zonas marginalizadas y grupos sociales) a volverse competitivos desde un punto de vista comercial. La regulación suele ser un tema espinoso, en particular en las sociedades posautoritarias, ya que a menudo es vista como una forma de censura.

No obstante, la regulación de los medios de comunicación puede traer beneficios a los ciudadanos. Por ejemplo, ciertas normas específicas buscan protegerlos, como aquellas que exigen una cobertura justa durante las difusiones en período electoral, mientras que otras prohíben el lenguaje que incita a la violencia y al odio. De este modo, podría implementarse un marco jurídico en pro de una regulación independiente y en cumplimiento de las normas internacionales, con miras a fijar los parámetros del sector mediático y, más concretamente, para transmitir por el espectro radioeléctrico público.

Además, los medios de comunicación deben aprender a adaptarse a una nueva cultura de autorregulación y al fortalecimiento de sus estándares profesionales. Los que solían ejercer un periodismo “obsequioso” deben aprender a adoptar una nueva mentalidad de independencia crítica, a formular preguntas difíciles y de perspectiva múltiple, a llevar a cabo un periodismo de investigación y a colaborar de la mejor manera con una cultura democrática. En el período posterior a las revoluciones, puede que las nociones de ética e independencia editorial no sean enteramente implementadas en el sector mediático. Por ello, el desarrollo de sistemas adecuados de capacitación mediática es prioritario. Por ejemplo, el recién creado sindicato independiente de periodistas egipcios y el Sindicato Nacional de Periodistas Tunecinos (NSTJ) están promoviendo la reforma del sistema de autorregulación mediática así como el uso de un código de ética profesional actualizado (Joan Barata Mir, Political and Media Transitions in Tunisia: A Snapshot of Media Policy and Regulatory Environment, Encargado por Internews, Agosto de 2011). El desafío gira en torno a lo siguiente: en la carrera para hacerse con el mercado en un nuevo contexto de mayor libertad, ¿cómo se podrían garantizar los estándares profesionales y la calidad de la prensa cuando fuertes presiones comerciales apuntan en dirección opuesta?  En la situación transitoria actual, es necesario promover el profesionalismo en el panorama mediático y brindar a los profesionales del sector mediático una sólida capacitación en materia de normas internacionales.

Elementos para la reflexión:

  • ¿Las redes subregionales y sindicatos de trabajadores y periodistas del sector mediático tendrían la capacidad de proteger sus derechos y de mejorar sus condiciones de trabajo?
  • ¿Cómo se puede acelerar la puesta en marcha de la ley que despenaliza la difamación? ¿Cómo puede incluirse la difamación en el código civil, con arreglo a los estándares internacionales?
  • ¿Sobre quién recae la responsabilidad de un comentario difamatorio hecho en una aplicación de redes sociales de un tercero? ¿A quién se debería responsabilizar por las opiniones divulgadas en los sitios de las redes sociales?
  • ¿Quiénes son los ciudadanos reporteros y cómo se puede velar por su seguridad?
  • ¿De qué manera está cambiando la regulación del sector mediático tras la caída de los regímenes represivos?
  • ¿Cómo se pueden desarrollar las relaciones entre los grandes grupos mediáticos internacionales y los medios locales emergentes?
  • ¿Qué se necesita para unos medios de comunicación de propiedad estatal? ¿Puede una parte de estos medios recuperar la confianza de los ciudadanos en los países donde anteriormente eran excesivamente manipulados?
  • ¿Cuáles son las necesidades del sector mediático privado que está comenzando a surgir?
  • ¿Qué se necesita para mejorar los estándares éticos y profesionales en un sector mediático bajo transformación radical?
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