Mensaje del Director General de la UNESCO

Mensaje del Sr. Koïchiro Matsuura, Director General de la UNESCO, con motivo del Día Mundial de la Libertad de Prensa, 3 de mayo de 2006.

En el Día Mundial de la Libertad de Prensa, recordamos al mundo la importancia de proteger derechos humanos fundamentales como son la libertad de expresión y la libertad de prensa, consagrados en el Artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Ambas libertades son básicas para construir democracias fuertes, promover la participación ciudadana y el estado de derecho y alentar la seguridad y el desarrollo de las personas.

Este año, el Día Mundial de la Libertad de Prensa está dedicado a estudiar el modo en que la protección y el fomento de derechos humanos fundamentales como la libertad de expresión y la libertad de prensa pueden ayudar a que se haga realidad otro derecho humano: el derecho a verse libre de la pobreza. Actualmente, más de 1.000 millones de personas viven con menos de 1 dólar al día, y otros 2.700 millones con menos de 2 dólares diarios. A fin de combatir tan trágicas realidades, la Declaración del Milenio de las Naciones Unidas (2000) hacía de la erradicación de la pobreza el más importante de todos los objetivos de las instancias internacionales de desarrollo.

El primer objetivo de desarrollo del Milenio (ODM) se cifra en reducir a la mitad, para 2015, el número de personas que vivan en la extrema pobreza y pasen hambre.

Las recomendaciones de acción formuladas en la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información deben ser interpretadas en este contexto. La UNESCO contribuyó sustancialmente a la Cumbre con su concepto de “sociedades del conocimiento”, que reposa en cuatro principios básicos: libertad de expresión; acceso universal a la información y el conocimiento; respeto de la diversidad cultural y lingüística; y educación de calidad para todos. Este concepto tiene en cuenta el papel crucial de los medios de comunicación y las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) a la hora de impulsar actividades que incrementen el acceso a la información, ayuden a cumplir los ODM y nos capaciten para reducir y en última instancia eliminar la llamada “brecha digital”, entendida como un problema que trasciende con mucho la dimensión meramente tecnológica.

En los cinco años transcurridos desde la formulación de los ODM, los gobiernos, organismos de las Naciones Unidas, ONG y otras instancias internacionales han llevado a cabo una ímproba labor para movilizar recursos y trabajar concertadamente en pro de dichos objetivos. Sin embargo, y a pesar de tanto esfuerzo, cunde la convicción de que es preciso avanzar de otro modo, sin lo cual no será posible cumplir los ODM. Por ello, aunque manteniendo siempre una visión de conjunto, debemos reflexionar creativamente sobre la manera de alcanzar esos objetivos irrenunciables.

Uno de los elementos básicos para cumplir los ODM es la adhesión y participación de las poblaciones locales. La observación de los éxitos y fracasos de las iniciativas de desarrollo ha conducido a los organismos que a él se dedican, las ONG y las instancias públicas a vertebrar el desarrollo en torno a la participación local, entendiendo que todo plan en la materia, por muy respaldado que venga, tiende a deparar resultados insignificantes o poco duraderos si no se acompaña de la comprensión y responsabilización de los agentes locales.

Hay que entender que la existencia de medios de comunicación libres e independientes es una dimensión básica de la lucha por erradicar la pobreza, y ello por dos razones: en primer lugar, los medios libres e independientes constituyen un vehículo para compartir información susceptible de facilitar el buen gobierno, generar oportunidades de acceso a servicios esenciales, promover la responsabilidad, combatir la corrupción y fortalecer la relación entre cargos elegidos responsables y una ciudadanía informada, crítica y participativa; en segundo lugar, los medios libres e independientes aportan una serie de “bienes” o beneficios que son de gran utilidad en la lucha por erradicar la pobreza, en particular el reconocimiento y fortalecimiento de derechos humanos básicos, el refuerzo de la sociedad civil, las transformaciones institucionales, la transparencia política, el apoyo a la educación, la sensibilización en cuestiones de salud pública (por ejemplo con campañas pedagógicas sobre el VIH y el SIDA) y el acceso a medios de vida sostenibles.

Hay también una estrecha correlación entre la libertad de expresión y un mayor nivel de renta, una menor mortalidad infantil y un mayor número de adultos alfabetizados. Estas ideas fueron reiteradas en el documento aprobado en noviembre de 2005 en la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información de Túnez, en la que los 176 Estados participantes reafirmaron que la libertad de expresión y la libre circulación de la información, las ideas y el conocimiento son otros tantos pilares del desarrollo.

El Día Mundial de la Libertad de Prensa supone por lo tanto la oportunidad de detenerse a examinar dos cuestiones fundamentales: cómo una prensa libre puede ayudar a erradicar la pobreza; y cómo la libertad de expresión y de prensa puede contribuir al logro de los ODM. Al hacer tal ejercicio se advierte con claridad que la defensa de un derecho humano fundamental (el derecho a la libertad de expresión) puede traducirse directamente en la protección de otros derechos, lo que demuestra que todos ellos están inextricablemente unidos, no sólo desde el punto de vista intelectual y moral sino también en la práctica.

Resulta obvio que para ser eficaces en la lucha contra la pobreza los medios de comunicación deben poder funcionar con toda libertad y seguridad. Este año, al celebrar el Día Mundial de la Libertad de Prensa, no podemos sino constatar que ser profesional de los medios nunca ha sido tan peligroso como ahora. Según informa la Federación Internacional de Periodistas (FIP), en 2005 se superó una trágica marca: el número de periodistas y empleados de los medios de comunicación muertos en el ejercicio de su profesión (150 personas) fue el mayor del que se tiene constancia, lo que viene a continuar una tendencia estadística que ha ido en aumento en los últimos años. La de periodista es una profesión muy peligrosa y lamentablemente lo es cada vez más. Además de los que mueren sobre el terreno, los periodistas y demás profesionales de los medios siguen sufriendo amenazas y siendo víctimas de actos de hostigamiento: el año pasado fueron detenidos o encarcelados más de 500.

Hay determinados conflictos que también imponen un elevado tributo de periodistas muertos o heridos: el de Iraq, por ejemplo, se ha cobrado 60 vidas entre marzo de 2003 y diciembre de 2005.

La UNESCO exhorta a los gobiernos y autoridades públicas de todo el mundo a poner fin en particular a la cultura de la impunidad respecto a la violencia ejercida contra los periodistas, investigando y castigando a los responsables de ataques contra esos profesionales y tomando las precauciones necesarias para que éstos puedan seguir ofreciéndonos el conocimiento y la información esenciales que emanan de una prensa libre e independiente.


Koïchiro Matsuura

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