15.05.2013

El Congreso Internacional de Hangzhou pone la cultura y la creatividad en el eje central del desarrollo

¿Cómo puede la cultura ayudarnos a lograr mayor crecimiento económico, sostenibilidad medioambiental e inclusión social? ¿Cómo conseguir situar la cultura, la innovación y la creatividad en el centro de las políticas públicas? El Congreso Internacional de Hangzhou (China), organizado por la UNESCO del 15 al 17 de mayo, tratará de dar respuesta a estas cuestiones y será el escenario de un histórico debate global sobre la integración de la cultura en la concepción, evaluación y práctica del desarrollo sostenible. Este congreso busca inspirar a gobiernos, sociedad civil, empresas y comunidades locales para sacar el máximo provecho del poder de la cultura para dar respuestas a los desafíos mundiales más acuciantes en materia de desarrollo.

Entre los participantes hay más de 100 expertos internacionales en cultura y desarrollo así como líderes políticos de África, Asia y América Latina,  dispuestos a compartir sus experiencias y conocimientos. Hangzhou, la ciudad anfitriona, ha sido un importante centro cultural a lo largo de la historia china y es un inspirador ejemplo de la mezcla de cultura y desarrollo en su máxima expresión. En esta Ciudad Creativa de la Artesanía y las Artes Tradicionales de la UNESCO,  se encuentra también el Lago del Oeste de Hangzhou, lugar inscrito en la lista del Patrimonio Mundial. Con sus colinas cubiertas por la niebla, sauces a lo largo de sus riberas y las antiguas pagodas, los clásicos paisajes idealizados de Hangzhou fueron concebidos con la intención de mostrar una harmonía y unión perfecta entre el hombre y la naturaleza. La cultura está en la vanguardia del desarrollo social y económico en China, tal y como ya sucede en cada vez más países.

© A. k. Makarigakis
Coffee ceremony : placinig the coffee on the traditional coffee pot - Kafa, Ethiopia

En una época de crisis económica y de reducción del gasto público, el enorme potencial de los sectores culturales para crear trabajo e impulsar el crecimiento económico atrae la atención. El patrimonio cultural, las industrias creativas y culturales, el turismo cultural sostenible y la infraestructura cultural generan ingresos substanciales, especialmente en los países en desarrollo, ayudando así a luchar contra la pobreza y el desempleo. La industrias creativas y culturales son uno de los sectores que se están expandiendo más rápidamente de la economía mundial, con un crecimiento del 17,6% en Oriente Medio, 13,9% en África, 11,9% en Sudamérica, 9,7% en Asia, 6,9% en Oceanía y 4,3% en América Central y del Norte, según un estudio de PricewaterhouseCoopers en 2008.

“En la India, la industria cultural y cinematográfica son las segundas industrias estratégicas del país, tras la del acero. Hay una nueva economía creativa que está emergiendo y tenemos que crear las herramientas necesarias para esta nueva economía”, dijo la Directora General de la UNESCO, Irina Bokova.

El sector cultural requiere inversiones de capital limitadas, aun así tiene un impacto directo en las comunidades locales, incluyendo especialmente a la población más vulnerable: mujeres y grupos marginados. En Ecuador, por ejemplo, un estudio muestra que la actividad cultural pública y privada aportó el 4,76% del PIB en 2010. Ese mismo año, el 2,64% de la población activa del país trabajó en cuestiones culturales, de estos, un 60% eran mujeres, según un estudio de la UNESCO y el gobierno de Ecuador. Los proyectos culturales también resultan ser un factor positivo para la inclusión social. En Brasil, por ejemplo, se crearon hasta 360 centros artísticos en todo el país para mejorar el empleo en los barrios más desfavorecidos del país.

© City of Incheon
Incheon ceramic

© City of Santa Fe
Crafts and Folk Art, Santa Fe

Puede resultar sorprendente saber que en el pasado, “la cultura se consideraba un obstáculo para el desarrollo, como algo que había que superar, como una tradición heredada del pasado, o en el mejor caso, como una distracción secundaria en los países desarrollados”, afirmó la Directora General a principios de este año. Sin embargo, hoy en día hay una concepción cada vez más extendida de que la cultura es indispensable para sentar las bases del desarrollo sostenible y la paz duradera, y esto es gracias a su papel en el crecimiento económico, el desarrollo humano, y también en tanto que depositaria del saber medioambiental y por su valor simbólico capaz de traer estabilidad y significado a todas las comunidades locales.

Un desarrollo eficaz integra las prácticas culturales en el modelo económico y defiende la participación activa de las comunidades implicadas. Refleja también las necesidades, aspiraciones, prioridades y culturas de sus participantes. Por ejemplo, las políticas agrícolas consiguen que haya mejores cosechas cuando incluyen los conocimientos locales sobre la tierra y las semillas. El contexto cultural, la medicina local y las formas tradicionales de solidaridad son consideradas hoy en día como las precondiciones necesarias para el éxito de toda campaña de vacunas. La diversidad cultural toma cada vez más en cuenta la defensa del pluralismo mediático y la promoción del multilingüismo. Las agencias de las Naciones Unidas han puesto en marcha programas que promueven y refuerzan los recursos culturales, dejando así claro que la cultura ayuda a asegurar una mayor inclusión social y a lograr progresos significativos para la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, tal y como se explica en este análisis de la UNESCO.

Durante los tres días que dura el congreso, Hangzhou será el escenario de debates apasionantes sobre estos temas, y albergará sesiones temáticas sobre el impacto de la cultura en el crecimiento económico, la sostenibilidad medioambiental y la inclusión social, las sinergias entre cultura, creatividad, urbanismo sostenible e inclusión social, y la colaboración entre el sector público y privado que podría ayudar a impulsar el sector cultural. En el trasfondo de todos estos debates se encuentra la convicción de que no se puede construir el desarrollo sostenible basándose solamente en acuerdos políticos y económicos. La cultura hace que el desarrollo sea más sostenible. El papel de la UNESCO es ayudar al mundo a sacar el máximo provecho de ello para el beneficio de todos. Sin cultura, no hay participación del pueblo, y sin este, no puede haber desarrollo sostenible. El futuro depende de la cultura, y el Congreso Internacional de Hangzhou tiene por objetivo mostrarnos el camino a seguir.

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