02.09.2010 -

Entrevista con el Profesor James Heckman, destacado erudito, ganador del Premio Nobel

©University of Chicago

El destacado erudito James Heckman, ganador del Premio Nobel, y profesor de Economía en la Universidad de Chicago, donde dirige el Centro de Investigaciones Económicas y el Centro de Evaluación de Programas Sociales de la Harris School, responde a nuestras preguntas acerca de los dividendos económicos de la inversión en atención y educación de la primera infancia (AEPI). En su opinión, invertir en las

aptitudes socioculturales del niño -tales como la tenacidad, la motivación y confianza en sí mismo- genera más beneficio económico y social que el gasto en programas sociales o en infraestructura.

1. ¿Podría resumir en pocas palabras los principales argumentos y las conclusiones fundamentales de la investigación acerca de la importancia de la AEPI para la productividad y el crecimiento económico?

  • Cuáles son los argumentos más sólidos en pro de la idea de que la AEPI es una buena inversión

Las familias condicionan mucho los resultados que los niños alcanzarán al llegar a la edad adulta. El azar de nacer en una determinada familia constituye ya una fuente importante de desigualdad. Las investigaciones más recientes indican que en la sociedad estadounidense alrededor de la mitad de la desigualdad que se registra en el total de ingresos percibidos durante toda la vida se debe a factores que operan antes de que la persona alcance la mayoría de edad. Quizá en Europa Occidental esa cifra sea igual, o incluso superior, ya que allí el mercado laboral es menos desigual. En comparación con lo que ocurría hace 50 años, hay una proporción mayor de niños estadounidenses que nacen en familias desfavorecidas, que invierten menos dinero en sus hijos que las familias más acaudaladas. En Europa Occidental, el creciente número de inmigrantes no integrados genera tendencias similares. Muchos problemas económicos y sociales de gran importancia, como la delincuencia, el embarazo de las adolescentes, el abandono escolar y las condiciones sanitarias negativas guardan relación con los bajos niveles de competencias y aptitudes en la sociedad.

  • La diferencia de capacidades comienza en una edad muy temprana

La diferencia de capacidades entre los niños desfavorecidos y los de familias acomodadas se amplía desde la primera infancia. El contexto familiar de los párvulos es un factor que permite predecir sus futuras capacidades cognitivas y socioemotivas, así como una amplia gama de resultados en materia de delincuencia y salud. Los datos experimentales relativos a los efectos benéficos que ejercen las medidas que se aplican en los primeros años de vida a los niños de familias desfavorecidas son coherentes con un gran volumen de estadísticas empíricas que demuestran cómo la falta de apoyo familiar perjudica los resultados posteriores del niño.

Si la sociedad es capaz de intervenir en una edad temprana, puede mejorar la capacidad cognitiva y socioemocional, así como la salud de los niños desfavorecidos. La intervención temprana fomenta la escolaridad, reduce la delincuencia, promueve la productividad de la fuerza laboral y disminuye el número de embarazos entre las adolescentes. Se considera que esas medidas presentan una relación costo/eficiencia muy beneficiosa y constituyen una inversión altamente productiva. La atención a la primera infancia es aun más importante en los periodos críticos y delicados del desarrollo de diversas capacidades.

Los investigadores lo han demostrado mediante el estudio tanto de los seres humanos como de los animales. Por mi parte, junto con otros autores, he puesto de relieve cómo los primeros años de la vida de un niño son decisivos para la génesis de las aptitudes cognitivas, mientras que la adolescencia es una etapa importante para la génesis de aptitudes no cognitivas. Los remedios que se aplican tardíamente para compensar la desventaja inicial suelen ser costosos e ineficaces. Desde el punto de vista de la economía, es mucho más eficaz prevenir los problemas humanos que tratar luego de remediarlos.

  • Las medidas que se aplican en los primeros años producen más dividendos que las intervenciones posteriores

Tal como están configurados hoy los programas sociales, las medidas que se aplican a los niños desfavorecidos durante los primeros años de vida ofrecen dividendos económicos muy superiores a las intervenciones posteriores, tales como la reducción del número de alumnos por maestro, la capacitación laboral pagada por el gobierno, los programas de reeducación de reclusos, los planes de alfabetización de adultos, las matrículas subsidiadas o los gastos dedicados a la policía. El rendimiento de esa inversión es muy superior al que en Europa generan los programas más dinámicos destinados a la fuerza laboral.

La formación que se obtiene a lo largo del ciclo vital es dinámica, por su misma naturaleza. Las competencias generan competencias y la motivación produce motivación. Unas y otras se refuerzan mutuamente. Si un niño carece de motivación para aprender y emprender desde los primeros años, es muy probable que cuando llegue a la edad adulto fracase en la vida social y económica. Mientras más tarde la sociedad en intervenir en el ciclo vital de un niño desfavorecido, más costoso será luego remediar esa desventaja. Es preciso replantear a fondo las políticas con el fin de aprovechar los conocimientos acerca de la importancia de los años iniciales de la vida en la génesis de la desigualdad y la creación de competencias para el mercado laboral.

  • La importancia de los factores no cognitivos y del contexto para los buenos resultados

Se sabe que la capacidad intelectual es un factor que condiciona poderosamente la obtención de buenos resultados socioeconómicos. Pero la aptitud cognitiva no determina por sí sola el éxito y ni siquiera es el factor decisivo en la materia. Hay otros rasgos de carácter de índole socioemocional o no cognitiva, tales como la personalidad, la salud, el equilibrio mental, la tenacidad, las preferencias en materia de horario, el temor al riesgo, la autoestima, el dominio de sí mismo, el gusto por el ocio, la meticulosidad y la motivación, que constituyen indicios poderosos del éxito socioeconómico futuro y que pueden influir en los resultados de la vida adulta por lo menos tanto como la capacidad cognitiva.

Además, las investigaciones recientes indican que habrá que modificar considerablemente la creencia tradicional en la importancia del cociente de inteligencia (IQ). El análisis que figura en un libro que suele citarse a menudo -The Bell Curve- le atribuye una función esencial a la genética en la explicación del origen de las diferencias en las capacidades cognitivas del ser humano y le asigna a dichas capacidades cognitivas un papel decisivo en los resultados que se obtienen en la vida adulta. Si la capacidad cognitiva está condicionada por la genética y además es la fuerza fundamental que determina los resultados en la edad adulta, la política gubernamental hacia los grupos de población desfavorecidos tendría que limitarse a la transferencia de fondos para los menos dotados.

Pero los experimentos consistentes en enriquecer el contexto de la primera infancia de los niños desfavorecidos ofrecen poderosos argumentos contra el determinismo genético. Las investigaciones recientes demuestran la potencia de las capacidades socioemocionales y la importante función del contexto y las medidas externas en la creación de capacidades. El campo de la epigenética demuestra de qué manera la expresión de un gen está sujeta a la influencia del medio ambiente y cómo los efectos medioambientales sobre la expresión de dicho gen pueden llegar a ser hereditarios.

Al examinar las políticas destinadas a fomentar las aptitudes y competencias, la sociedad debería reconocer la multiplicidad de las capacidades humanas. En la actualidad, las políticas públicas vigentes en Estados Unidos y muchos otros países se centran en la promoción y la medida de la capacidad cognitiva mediante la evaluación del IQ y las pruebas de rendimiento. La insistencia en ese tipo de evaluaciones desdeña la importancia de los factores no cognitivos que fomentan el éxito en la escuela y en la vida.

2. Aunque la mayor parte de su investigación se ha basado en la experiencia de la sociedad norteamericana, ¿podría citar ejemplos de países de otras regiones que demuestren los nexos entre la AEPI, la formación de capital humano y el desarrollo económico?

Es posible citar algunos estudios realizados en Europa. Un estudio muy conocido, que se llevó a cabo en los orfanatos de Rumania, el programa "Sure Start" del Reino Unido, y el titulado "Preparing Future Life" que se aplicó en Irlanda, son ejemplos de estudios experimentales. También cabe mencionar las investigaciones que han utilizado datos no empíricos en Europa, tales como el German Socio-Economic Panel (GSEOP) y el estudio demográfico British Cohort Study (BCS). Todos esos trabajos ofrecen conclusiones análogas.

3. Una preocupación importante en casi todos los países es la brecha que separa a los niños que disfrutan de buena alimentación, salud y seguridad, estímulos cognitivos y una interacción con adultos atentos, de los otros niños que carecen de todo eso.

  • ¿Qué datos demuestran la capacidad niveladora de la AEPI y qué pueden hacer los gobiernos para fomentar la igualdad?

No se trata simplemente del nivel de ingreso de los padres. Lo más importante es la calidad del contexto inicial que los niños encuentran cuando vienen al mundo. Entre los grupos socioeconómicos existen diferencias sustanciales en cuanto al contexto familiar y los gastos destinados al cuidado y la educación de los pequeños. Las investigaciones recientes han puesto de manifiesto las considerables diferencias de contexto familiar y gasto existentes entre los niños desfavorecidos y los de familia acomodada.

Esas diferencias, que atañen a los estímulos cognitivos, el afecto, los castigos y los gastos que los padres destinan a los hijos, se amplían desde muy temprano. Los matrimonios estables invierten mucho más en sus hijos que las familias monoparentales, aunque el mecanismo exacto que determina este fenómeno todavía no se ha dilucidado completamente.

Entre los diversos grupos socioeconómicos hay diferencias sustanciales en materia de estímulos cognitivos y afectivos en lo primeros años y esas diferencias persisten a lo largo de la infancia. El contexto familiar de muchos niños está empeorando en el mundo entero. En muchos otros países, se está ampliando la brecha entre los acaudalados y los desfavorecidos, en lo tocante a la calidad de la vida familiar que rodea al párvulo. Quienes nacen en esos contextos desfavorecidos reciben relativamente menos estímulos y recursos para su desarrollo que los niños de las familias más acomodadas. Este fenómeno genera desigualdad dentro de cada generación y entre las generaciones sucesivas. Las políticas destinadas a completar los recursos que se destinan al cuidado y la educación de los menores en las familias desfavorecidas contribuirán a reducir la desigualdad y a fomentar la productividad. En la primera infancia la igualdad no va en detrimento de la eficacia y esa es una característica singular de las medidas en este ámbito.

A menudo los economistas debaten acerca de la proporcionalidad inversa entre la igualdad y la eficacia. Una política que mejora la eficacia suele fomentar la desigualdad (por ejemplo, una reducción de los impuestos sobre los dividendos del capital). En las políticas relativas a los adolescentes y los adultos jóvenes, hay un grado importante de proporcionalidad inversa entre la igualdad y la eficacia, en cuanto a las medidas destinadas a ayudar a los menos competentes, en particular las que tienen por objeto el fomento de la capacidad cognitiva.

Esta situación se debe a la complementariedad dinámica o sinergia existente en el proceso de formación de las competencias humanas. Las intervenciones correctivas para los adolescentes menos adelantados que no han recibido una base sólida de conocimientos suelen ir en detrimento de la eficacia. Son difíciles de justificar con argumentos económicos y por lo general ofrecen una rentabilidad muy baja. Pero las medidas que se aplican en la primera infancia son de otra índole. Si la inversión que se hace en los primeros años se prolonga con experiencias didácticas de alta calidad, esa inversión inicial promueve la eficacia económica y reduce la desigualdad, al mismo tiempo. No hay proporcionalidad inversa en el caso de las medidas que se aplican a los párvulos desfavorecidos. Ese es un rasgo singular de los programas destinados a ayudar a la primera infancia.

Videos del Profesor Heckman (en Inglés)

 




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