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MUNDO DE CIENCIA (Julio-Septiembre) |
EDITORIAL
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S. Schneegans, Redactora en jefe
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SUMARIO
ENFOQUE
2 Las mareas rojas
ACTUALIDADES
8 Una política científica en el Líbano
9 Un maletín invita a los niños a descubrir
las tierras áridas
9 Es el hombre, más que el tsunami, quien amenaza
los arrecifes coralinos
10 Una Cátedra UNESCO de Ciencias de la Tierra
para Nigeria
11 Una Federación de las Sociedades Africanas
de Química
12 La UNESCO condena violencia contra universitarios
iraquíes
12 El Sistema de Alerta del Pacífico se puso
a prueba
13 Lanzamiento del Fondo Africano del Patrimonio Mundial
ENTREVISTA
14 Hans van Ginkel presenta una célula de reflexión
en el seno de las Naciones Unidas
HORIZONTES
17 Utilizar el sol para apagar la sed
19 Satélites en auxilio de las tumbas heladas
de Siberia
BREVES
24 Agenda
24 Nuevas publicaciones
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Salvar
civilizaciones perdidas
Si
se le pidiera al público que mencionara la hazaña más grande lograda
por la UNESCO desde su creación, hace 60 años, ¿cuántas personas
contestarían «Abu Simbel»? Hacia el final de los años 1950 la situación
desesperada de estos viejos templos de 3 000 años despertó la imaginación
del público. Abu Simbel y 22 otros templos y tumbas nubias corrían
el riesgo de desaparecer bajo las aguas del lago de Nasser creado
por la construcción del alto dique de Asuán. Los gobiernos de Egipto
y Sudán pidieron ayuda a la UNESCO, quien puso entonces en pie la
campaña internacional más grande jamás emprendida para salvaguardar
un patrimonio arqueológico.
El
desplazamiento de los templos nubios requirió mucha ingeniosidad.
Estos templos, decorados de esculturas admirables, se desmontaron
en bloques que fueron enumerados antes de ser transportados y ensamblados
nuevamente, como pedazos de un rompecabezas: 37 000 bloques tan
solo para los templos de Philae. La piedra arenisca de Abu Simbel
era en algunas partes tan desmenuzable que fue necesario inyectar
resina sintética para evitar que se desintegrara bajo los dientes
de la sierra. El acantilado rocoso donde se encontraba Abu Simbel
debió quitarse, así como construir una vertiente artificial unos
180m más atrás y más arriba del lugar de origen. Abu Simbel estaba
aún en fase de desmantelamiento cuando las aguas empezaron a subir,
tanto que los diseñadores tuvieron que darse prisa para erigir un
dique de protección luego de un estudio geológico emprendido con
urgencia.
El
resguardo de los templos de Nubia era ciertamente una hazaña cultural,
pero también una hazaña de la ciencia y la ingeniería. No era, además,
ni la primera ni la última vez que científicos e ingenieros contribuían
a salvaguardar la memoria de civilizaciones perdidas. Evidentemente
los métodos, han evolucionado desde los años 1960. El desarrollo
de las imágenes vía satélite, por ejemplo, resultado de las cláusulas
de utilización equitativa que autorizan ampliamente compartir esta
tecnología, revolucionó campos tan diversos como la meteorología,
la ecología, la oceanografía física y… la arqueología.
Actualmente, la UNESCO hace un llamado a la tecnología espacial
para ir en auxilio de otro tesoro arqueológico, las tumbas heladas
de Siberia. Estas tumbas ofrecen una visión inesperada sobre la
desaparecida cultura de los Escitas. Preservadas por el permafrost
desde hace 2 500 años, se esparcen en las montañas de Altáis que
se localizan por encima de China, Kazajastán, Mongolia y Rusia.
Estas tumbas ocultan cuerpos tan bien conservados por el hielo que
incluso los tatuajes están a menudo intactos.
Seguiremos,
en este número, el desarrollo del proyecto desde el momento en que
la NASA se unió a la UNESCO y a la Agencia Espacial Europa en la
Open Initiative, que se esfuerza por proteger sitios naturales y
culturales gracias a la tecnología espacial. La NASA proporciona
a la Universidad de Gante, en Bélgica, imágenes vía satélite que
esta necesita para elaborar el primer mapa del conjunto de tumbas
y de topografía.
Como
en Abu Simbel, los científicos realizan una carrera contra reloj:
el cambio climático deshiela el suelo que durante tanto tiempo protegió
a las tumbas. Las personas encargadas de su conservación en los
cuatro países necesitan saber a qué velocidad retroceden los glaciares
del Altái afín de perfilar una buena estrategia para salvaguardar
estas tumbas. Es también a través de la observación continua del
cambio climático en el Altái que el proyecto piensa darles respuestas.
W.
Erdelen
Sub-Director General para las Ciencias Exactas y Naturales
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