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MUNDO DE CIENCIA Vol.4 n°4, Octubre - Diciembre
2006 |
EDITORIAL
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S. Schneegans, Redactora en jefe
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SUMARIO
ENFOQUE
2 Pensar nuevamente en le futuro de la tierras aridas
ACTUALIDADES
9 El Presidente de Nigeria asigna 5 mil millones para
la National Science Foundation
9 La UNESCO y la BBC llevan la ciencia a la pantalla
10 Un centro regional de biotecnología para
la India
10 Intensificar las investigaciones sobre ascenso del
nivel del mar
11 Prioridad absoluta a los Sistemas Nacionales de
Alerta contra los Tsunamis
ENTREVISTA
14 Badaoui Rouhban : Asegurar las escuelas en caso
de catástrofes
HORIZONTES
17 El éxito rotundo del Campus virtual Avicena
19 En Kenya, los estudiantes optan por la vida
BREVES
24 Agenda
24 Nuevas publicaciones
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Verdecer
los desiertos
n los años 1950, llevados por el optimismo reinante, creímos
que podríamos verdecer todos los desiertos del mundo. Pensamos
que la siembra de nubes podría hacer llover sobre zonas áridas,
que las nuevas técnicas de regadío aumentarían
su productividad agrícola y la selección del ganado
redundaría en uno menos sediento. En resumen, nosotros pensábamos
que la tecnología sería capaz de hacer retroceder
la pobreza en todas las zonas áridas.
Medio
siglo después, el realismo y la ansiedad han sustituido al
optimismo. La creencia en la posibilidad de actuar sobre el clima,
ha cedido lugar a la inquietud frente al impacto de las actividades
humanas sobre el medio ambiente, como el recalentamiento global.
Según ciertas simulaciones, las regiones más áridas
del mundo tendrían tendencia a serlo más aún.
En
mayo último, Science publicaba un artículo señalando
cómo el aire del clima tropical ganaba terreno en dirección
a los dos polos. Según el estudio que se basa en los datos
satelitales del período 1979-2005, los jet streams de los
dos hemisferios vientos rápidos que soplan a proximadamente
10 km por encima de la tierra y delimitan los trópicos
se desplazaron 1º de latitud cada uno (aproximadamente 113
km) hacia los polos. «Si ganan aún de 2 a 3º durante
el actual siglo, zonas áridas como el desierto del Sahara,
pudieran dar un paso más hacia los polos, quizás sobre
algunos cientos de millas», predice John Wallace, de la Universidad
de Washington (E.U.), uno de los autores del artículo.
No
obstante los progresos tecnológicos que han permitido la
manipulación genética de los organismos para aumentar
su resistencia a la sequía y a los parásitos, los
países con tierras áridas continúan entre los
más pobres del mundo y muchos de ellos afrontan al mismo
tiempo, un fuerte crecimiento demográfico.
Como veremos en este número, los últimos 50 años
nos han demostrado que la situación ecológica y socioeconómica
de las tierras áridas no se resume a una ecuación
entre los
factores de clima, naturaleza del suelo, agua y vegetación.
Las especulaciones del mercado y la amplitud de las fluctuaciones
monetarias sobre productos como el algodón pueden influir
en los ingresos del cultivador (o de la cultivadora) de un pueblo
cualquiera de Mali, tanto como la sequía o las inundaciones.
La gestión política entra igualmente en juego. En
China, donde cerca de una quinta parte del territorio es desértica,
el gobierno anunció en febrero un plan ambicioso que, de
aquí al 2020, rehabilitará 250 000 km2 mediante la
siembra de árboles o gramíneas, la prohibición
para la población de explotar las tierras en ciertas zonas,
la inversión en las energías renovables y una utilización
más eficaz del agua.
Lo
que aprendimos en estos 50 años es que, si bien las tierras
áridas no predominan en el planeta no dejan de ser por ello,
un problema planetario. Para citar a los autores de The Future of
Drylands Revisited, «el polvo de Asia Central ha afectado
la salud no solo de China o de Japón sino también
de América del Norte, y el polvo de África contribuye
quizás a la depauperación de los arrecifes coralinos
del Caribe».
W.
Erdelen
Sub-Director General para las Ciencias Exactas y Naturales
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