DECLARACION SOBRE LA CIENCIA
Y EL USO DEL SABER CIENTIFICO
Adoptada por la
Conferencia mundial sobre la ciencia
el 1o de julio 1999 - Texto final
Preámbulo
1. La ciencia al servicio del
conocimiento; el conocimiento al servicio del progreso
2. La ciencia al servicio de la paz
3. La ciencia al servicio del desarrollo
4. La ciencia en la sociedad y la
ciencia para la sociedad
Preámbulo

Todos vivimos en el mismo planeta y
formamos parte de la biosfera. Reconocemos ahora que nos encontramos en una situación de
interdependencia creciente y que nuestro futuro es indisociable de la preservación de los
sistemas de sustentación de la vida en el planeta y de la supervivencia de todas las
formas de vida. Los países y los científicos del mundo deben tener conciencia de la
necesidad apremiante de utilizar responsablemente el saber de todos los campos de la
ciencia para satisfacer las necesidades y aspiraciones del ser humano sin emplearlo de
manera incorrecta. Tratamos de recabar la colaboración activa de todos los campos del
quehacer científico, a saber, las ciencias naturales, como las ciencias físicas,
biológicas y de la tierra, las ciencias biomédicas y de la ingeniería y las ciencias
sociales y humanas. El Marco General de Acción hace hincapié en las promesas y el
dinamismo de las ciencias naturales así como en sus posibles efectos negativos, y en la
necesidad de comprender sus repercusiones en la sociedad y sus relaciones con ella
mientras que, el compromiso con la ciencia, así como las tareas y responsabilidades
recogidas en esta Declaración, corresponden a todos los campos del saber científico.
Todas las culturas pueden aportar conocimientos científicos de valor universal. Las
ciencias deben estar al servicio del conjunto de la humanidad y contribuir a dotar a todas
las personas de una comprensión más profunda de la naturaleza y la sociedad, una mejor
calidad de vida y un medio ambiente sano y sostenible para las generaciones presentes y
futuras.
El saber científico ha dado lugar a
notables innovaciones sumamente beneficiosas para la humanidad. La esperanza de vida ha
aumentado de manera considerable y se han descubierto tratamientos para muchas
enfermedades. La producción agrícola se ha incrementado enormemente en muchos lugares
del mundo para atender las crecientes necesidades de la población. Está al alcance de la
humanidad el liberarse de los trabajos penosos gracias al progreso tecnológico y a la
explotación de nuevas fuentes de energía, que también han permitido que surgiera una
gama compleja y cada vez mayor de productos y procedimientos industriales. Las
tecnologías basadas en nuevos métodos de comunicación, tratamiento de la información e
informática han suscitado oportunidades, tareas y problemas sin precedentes para el
quehacer científico y para la sociedad en general. El avance ininterrumpido de los
conocimientos científicos sobre el origen, las funciones y la evolución del universo y
de la vida proporciona a la humanidad enfoques conceptuales y pragmáticos que ejercen una
influencia profunda en su conducta y sus perspectivas.
Además de sus ventajas manifiestas, las
aplicaciones de los avances científicos y el desarrollo y la expansión de la actividad
de los seres humanos han provocado también la degradación del medio ambiente y
catástrofes tecnológicas, y han contribuido al desequilibrio social o la exclusión. Un
ejemplo: el progreso científico ha posibilitado la fabricación de armas muy
perfeccionadas, lo mismo tradicionales que de destrucción masiva. Existe ahora la
posibilidad de instar a una reducción de los recursos asignados a la concepción y
fabricación de nuevas armas y fomentar la transformación, al menos parcial, de las
instalaciones de producción e investigación militares para destinarlas a fines civiles.
La Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el año 2000 Año Internacional para
la Cultura de la Paz y el año 2001 Año de las Naciones Unidas del Diálogo entre
Civilizaciones como pasos hacia la instauración de una paz duradera. La comunidad
científica, junto con otros sectores de la sociedad, puede y debe desempeñar un papel
fundamental en este proceso.
En nuestros días, aunque se perfilan
avances científicos sin precedentes, hace falta un debate democrático vigoroso y bien
fundado sobre la producción y la aplicación del saber científico. La comunidad
científica y los políticos deberían tratar de fortalecer la confianza de los ciudadanos
en la ciencia y el apoyo que le prestan mediante ese debate. Para hacer frente a los
problemas éticos, sociales, culturales, ambientales, de equilibrio entre ambos sexos,
económicos y sanitarios, es indispensable intensificar los esfuerzos interdisciplinarios
recurriendo a las ciencias naturales y sociales. El fortalecimiento del papel de la
ciencia en pro de un mundo más equitativo, próspero y sostenible requiere un compromiso
a largo plazo de todas las partes interesadas, sean del sector público o privado, que
incluya un aumento de las inversiones y el análisis correspondiente de las prioridades en
materia de inversión, y el aprovechamiento compartido del saber científico.
La mayor parte de los beneficios derivados
de la ciencia están desigualmente distribuidos a causa de las asimetrías estructurales
existentes entre los países, las regiones y los grupos sociales, así como entre los
sexos. Conforme el saber científico se ha transformado en un factor decisivo de la
producción de riquezas, su distribución se ha vuelto más desigual. Lo que distingue a
los pobres (sean personas o países) de los ricos no es sólo que poseen menos bienes,
sino que la gran mayoría de ellos está excluida de la creación y de los beneficios del
saber científico.Nosotros, los participantes en la Conferencia Mundial sobre la
Ciencia para el Siglo XXI: Un nuevo compromiso, reunidos en Budapest (Hungría) del 26
de junio al 1º de julio de 1999, bajo los auspicios de la Organización de las Naciones
Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y el Consejo Internacional
para la Ciencia (ICSU):
Considerando:

el lugar que ocupan las ciencias naturales
en la actualidad y la dirección que están tomando, las repercusiones sociales que han
tenido y lo que espera de ellas la sociedad,
que en el siglo XXI la ciencia debe
convertirse en un bien compartido solidariamente en beneficio de todos los pueblos, que la
ciencia constituye un poderoso instrumento para comprender los fenómenos naturales y
sociales y que desempeñará probablemente un papel aún más importante en el futuro a
medida que se conozca mejor la complejidad creciente de las relaciones que existen entre
la sociedad y el medio natural,
la necesidad cada vez mayor de
conocimientos científicos para la adopción de decisiones, ya sea en el sector público o
en el privado, teniendo presente en particular la influencia que la ciencia ha de ejercer
en la formulación de políticas y reglamentaciones,
que el acceso al saber científico con
fines pacíficos desde una edad muy temprana forma parte del derecho a la educación que
tienen todos los hombres y mujeres, y que la enseñanza de la ciencia es fundamental para
la plena realización del ser humano, para crear una capacidad científica endógena y
para contar con ciudadanos activos e informados,
que la investigación científica y sus
aplicaciones pueden ser de gran beneficio para el crecimiento económico y el desarrollo
humano sostenible, comprendida la mitigación de la pobreza, y que el futuro de la
humanidad dependerá más que nunca de la producción, la difusión y la utilización
equitativas del saber,
que la investigación científica es una
fuerza motriz fundamental en el campo de la salud y la protección social y que una mayor
utilización del saber científico podría mejorar considerablemente la salud de la
humanidad,
el proceso de mundialización en curso y la
función estratégica que en él desempeña el conocimiento científico y tecnológico,
la imperiosa necesidad de reducir las
disparidades entre los países en desarrollo y los desarrollados mejorando las capacidades
e infraestructuras científicas de los países en desarrollo,
que la revolución de la información y la
comunicación ofrece medios nuevos y más eficaces para intercambiar los conocimientos
científicos y hacer progresar la educación y la investigación,
la importancia que tiene para la
investigación y la enseñanza científicas el acceso libre y completo a la información y
los datos de dominio público,
la función que desempeñan las ciencias
sociales en el análisis de las transformaciones sociales relacionadas con los adelantos
científicos y tecnológicos y en la búsqueda de soluciones a los problemas que esos
procesos generan,
las recomendaciones de las grandes
conferencias convocadas por las organizaciones del sistema de las Naciones Unidas y otras
entidades y de las reuniones asociadas a la Conferencia Mundial sobre la Ciencia,
que la investigación científica y el uso
del saber científico deben respetar los derechos humanos y la dignidad de los seres
humanos, en consonancia con la Declaración Universal de Derechos Humanos y a la luz de la
Declaración Universal sobre el Genoma Humano y los Derechos Humanos,
que algunas aplicaciones de la ciencia
pueden ser perjudiciales para las personas y la sociedad, el medio ambiente y la salud de
los seres humanos e incluso poner en peligro la supervivencia de la especie humana, y que
la ciencia aporta una contribución indispensable a la causa de la paz y el desarrollo y a
la protección y la seguridad mundiales,
que incumbe a los científicos, junto a
otros importantes agentes, una responsabilidad especial para evitar las aplicaciones de la
ciencia que son éticamente erróneas o que tienen consecuencias negativas,
la necesidad de practicar y aplicar las
ciencias de acuerdo con normas éticas apropiadas, fundadas en un amplio debate público,
que la labor científica y el uso del saber
científico deben respetar y preservar todas las formas de vida y los sistemas de
sustentación de la vida de nuestro planeta,
que siempre hubo un desequilibrio en la
participación de hombres y mujeres en todas las actividades relacionadas con la ciencia,
que existen obstáculos que han impedido la
plena participación de hombres y mujeres de otros grupos, entre otros las personas
discapacitadas, los pueblos indígenas y las minorías étnicas, denominados en adelante
grupos desfavorecidos,
que los sistemas tradicionales y locales de
conocimiento, como expresiones dinámicas de la percepción y la comprensión del mundo,
pueden aportar, y lo han hecho en el curso de la historia, una valiosa contribución a la
ciencia y la tecnología, y que es menester preservar, proteger, investigar y promover ese
patrimonio cultural y ese saber empírico,
que son necesarias unas nuevas relaciones
entre la ciencia y la sociedad para resolver apremiantes problemas mundiales como la
pobreza, la degradación del medio ambiente, la insuficiencia de los servicios de salud
pública y la seguridad del suministro de alimentos y agua, especialmente en relación con
el crecimiento demográfico,
la necesidad de que los gobiernos, la
sociedad civil y el sector de la producción asuman un compromiso firme con la ciencia, y
de que los investigadores científicos asuman un compromiso igualmente firme en pro del
bienestar de la sociedad,
1.
La ciencia al servicio del conocimiento;
el conocimiento al servicio del progreso 
La función inherente al quehacer
científico consiste en estudiar de manera sistemática y profunda la naturaleza y la
sociedad para obtener nuevos conocimientos. Estos nuevos conocimientos, fuente de
enriquecimiento educativo, cultural e intelectual, generan avances tecnológicos y
beneficios económicos. La promoción de la investigación básica y orientada hacia los
problemas es esencial para alcanzar un desarrollo y un progreso endógenos.
Mediante políticas nacionales de ciencia y
como catalizadores que facilitan la interacción y la comunicación entre las partes
interesadas, los gobiernos deben reconocer la función esencial que desempeña la
investigación científica en la adquisición del saber, la formación de científicos y
la educación de los ciudadanos. La investigación científica financiada por el sector
privado se ha convertido en un factor clave del desarrollo socioeconómico, pero no puede
excluir la necesidad de la investigación financiada con fondos públicos. Ambos sectores
deben colaborar estrechamente y considerarse complementarios para financiar las
investigaciones científicas que persigan objetivos a largo plazo.
2.
La ciencia al servicio de la paz 
En esencia, el pensamiento científico
consiste en la capacidad de examinar los problemas desde distintas perspectivas y en
buscar explicaciones a los fenómenos naturales y sociales, sometiéndolas constantemente
a análisis críticos. La ciencia se basa, pues, en una reflexión crítica y libre,
fundamental en un mundo democrático. La comunidad científica, que desde hace largo
tiempo comparte una tradición que trasciende las naciones, las religiones y las etnias,
tiene el deber, como afirma la Constitución de la UNESCO, de promover la
"solidaridad intelectual y moral de la humanidad", base de una cultura de paz.
La cooperación entre los investigadores de todo el mundo aporta una contribución valiosa
y constructiva a la seguridad mundial y al establecimiento de relaciones pacíficas entre
las diferentes naciones, sociedades y culturas, y puede fomentar la adopción de nuevas
medidas en pro del desarme, comprendido el desarme nuclear.
Los gobiernos y la sociedad en general
deben tener conciencia de la necesidad de usar las ciencias naturales y sociales y la
tecnología como herramientas para atacar las causas profundas y los efectos de los
conflictos. Hay que aumentar las inversiones en las investigaciones científicas sobre
esas cuestiones.
3.
La ciencia al servicio del desarrollo 
Hoy más que nunca, la ciencia y sus
aplicaciones son indispensables para el desarrollo. Mediante los apropiados programas de
educación e investigación, las autoridades, sea cual fuere su ámbito de competencia, y
el sector privado deben prestar más apoyo a la construcción de una capacidad científica
y tecnológica adecuada y distribuida de manera equitativa, fundamento indispensable de un
desarrollo económico, social, cultural y ambiental racional. Esta necesidad es
especialmente apremiante en los países en desarrollo. El desarrollo tecnológico exige
una base científica sólida y debe orientarse resueltamente hacia modos de producción
seguros y no contaminantes, una utilización de los recursos más eficaz y productos más
inocuos para el medio ambiente. La ciencia y la tecnología también deben orientarse
decididamente hacia un mejoramiento de las posibilidades de empleo, la competitividad y la
justicia social. Hay que aumentar las inversiones en ciencia y tecnología encaminadas a
estos objetivos y a conocer y proteger mejor la base de recursos naturales del planeta, la
diversidad biológica y los sistemas de sustentación de la vida. El objetivo debe ser
avanzar hacia estrategias de desarrollo sostenible mediante la integración de las
dimensiones económicas, sociales, culturales y ambientales.
La enseñanza científica, en sentido
amplio, sin discriminación y que abarque todos los niveles y modalidades, es un requisito
previo fundamental de la democracia y el desarrollo sostenible. En los últimos años se
han tomado medidas en todo el mundo para promover la enseñanza básica para todos. Es
esencial que se reconozca el papel primordial desempeñado por las mujeres en la
aplicación del progreso científico a la producción de alimentos y la atención
sanitaria, y que se realicen esfuerzos para mejorar su comprensión de los adelantos
científicos logrados en esos terrenos. La enseñanza, la transmisión y la divulgación
de la ciencia deben construirse sobre esta base. Los grupos marginados aún requieren una
atención especial. Hoy más que nunca es necesario fomentar y difundir conocimientos
científicos básicos en todas las culturas y todos los sectores de la sociedad así como
las capacidades de razonamiento y las competencias prácticas y una apreciación de los
valores éticos, a fin de mejorar la participación de los ciudadanos en la adopción de
decisiones relativas a la aplicación de los nuevos conocimientos. Habida cuenta de los
progresos científicos, es especialmente importante la función de las universidades en la
promoción y la modernización de la enseñanza de la ciencia y su coordinación en todos
los niveles del ciclo educativo. En todos los países, especialmente en los países en
desarrollo, es preciso reforzar la investigación científica en los programas de
enseñanza superior y de estudios de posgrado tomando en cuenta las prioridades
nacionales.
La creación de capacidades científicas
deberá contar con el apoyo de la cooperación regional e internacional a fin de alcanzar
un desarrollo equitativo y la difusión y la utilización de la creatividad humana sin
discriminación de ningún tipo contra países, grupos o individuos. La cooperación entre
los países desarrollados y los países en desarrollo debe llevarse a cabo ateniéndose a
los principios de pleno y libre acceso a la información, equidad y beneficio mutuo. En
todas las actividades de cooperación es menester prestar la debida atención a la
diversidad de tradiciones y culturas. El mundo desarrollado tiene el deber de acrecentar
las actividades de cooperación con los países en desarrollo y los países en transición
en el ámbito de la ciencia. Es particularmente importante ayudar a los Estados pequeños
y los países menos adelantados a crear una masa crítica de investigación nacional en
ciencias mediante la cooperación regional e internacional. La existencia de estructuras
científicas, como las universidades, es un elemento esencial para que el personal pueda
capacitarse en su propio país, con miras a una carrera profesional ulterior en él. Se
deberán crear condiciones que contribuyan a reducir el éxodo de profesionales o a
invertir esa tendencia. Ahora bien, ninguna medida que se adopte deberá limitar la libre
circulación de los científicos.
El progreso científico requiere varios
tipos de cooperación en los planos intergubernamental, gubernamental y no gubernamental,
y entre ellos, como: proyectos multilaterales; redes de investigación, en especial entre
países del Sur; relaciones de colaboración entre las comunidades científicas de los
países desarrollados y en desarrollo para satisfacer las necesidades de todos los países
y favorecer su progreso; becas y subvenciones y el fomento de investigaciones conjuntas;
programas que faciliten el intercambio de conocimientos; la creación de centros de
investigación de reconocido prestigio internacional, en particular en países en
desarrollo; acuerdos internacionales para promover, evaluar y financiar conjuntamente
grandes proyectos científicos y facilitar un amplio acceso a ellos; grupos
internacionales para que evalúen científicamente problemas complejos, y acuerdos
internacionales que impulsen la formación de posgrado. Se deben poner en marcha nuevas
iniciativas de colaboración interdisciplinaria. Se debe reforzar la índole internacional
de la investigación básica, aumentando considerablemente el apoyo a los proyectos de
investigación a largo plazo y los proyectos de colaboración internacional, especialmente
los de alcance mundial. Al respecto, se debe prestar particular atención a la necesidad
de continuidad en el apoyo a la investigación. Debe facilitarse activamente el acceso de
los investigadores de los países en desarrollo a estas estructuras, que deberían estar
abiertas a todos en función de la capacidad científica. Es menester ampliar la
utilización de la tecnología de la información y la comunicación, en especial mediante
la creación de redes, a fin de fomentar la libre circulación de los conocimientos. Al
mismo tiempo, se debe velar por que la utilización de estas tecnologías no conduzca a
negar ni a limitar la riqueza de las distintas culturas y los diferentes medios de
expresión.
Para que todos los países se atengan a los
objetivos que se determinan en esta Declaración, paralelamente a los enfoques
internacionales se deberían establecer en primer lugar y en el plano nacional
estrategias, mecanismos institucionales y sistemas de financiación, o revisar los que
existen, a fin de fortalecer el papel de las ciencias en el desarrollo sostenible en el
nuevo contexto. Concretamente, deberían consistir en: una política nacional de ciencia a
largo plazo, que se ha de elaborar conjuntamente con los principales actores de los
sectores público y privado; el apoyo a la enseñanza y la investigación científicas; la
instauración de una cooperación entre organismos de investigación y desarrollo,
universidades y empresas en el marco de los sistemas nacionales de innovación; la
creación y el mantenimiento de entidades nacionales encargadas de la evaluación y la
gestión de los riesgos, la reducción de la vulnerabilidad a éstos y la seguridad y la
salud; e incentivos para favorecer las inversiones, investigaciones e innovaciones. Se
debe invitar a los parlamentos y a los gobiernos a establecer una base jurídica,
institucional y económica que propicie el desarrollo de las capacidades científicas y
tecnológicas en los sectores público y privado, y facilite su interacción. La adopción
de decisiones y la determinación de prioridades en materia de ciencia deben formar parte
de la planificación global del desarrollo y de la formulación de estrategias de
desarrollo sostenible. En este contexto, la reciente decisión adoptada por los
principales países acreedores del grupo G8 para iniciar un proceso de reducción de la
deuda de determinados países en desarrollo favorecerá un esfuerzo conjunto de los
países en desarrollo y de los países desarrollados encaminado a crear mecanismos
adecuados de financiación de la ciencia con miras a fortalecer los sistemas nacionales y
regionales de investigación científica y tecnológica.
Es preciso proteger adecuadamente los
derechos de propiedad intelectual a escala mundial, y el acceso a los datos y la
información es fundamental para llevar a cabo la labor científica y plasmar los
resultados de la investigación científica en beneficios tangibles para la sociedad.
Habrá que adoptar medidas para reforzar las relaciones mutuamente provechosas entre la
protección de los derechos de propiedad intelectual y la difusión de los conocimientos
científicos. Es menester considerar el ámbito, el alcance y la aplicación de los
derechos de propiedad intelectual en relación con la elaboración, la distribución y el
uso equitativos del saber. También es necesario desarrollar aún más los adecuados
marcos jurídicos nacionales para satisfacer las exigencias específicas de los países en
desarrollo y tener en cuenta los conocimientos tradicionales, así como sus fuentes y
productos, velar por su reconocimiento y protección apropiados, basados en el
consentimiento fundado de los propietarios consuetudinarios o tradicionales de ese saber.
4.
La ciencia en la sociedad y la ciencia para la sociedad 
La práctica de la investigación
científica y la utilización del saber derivado de esa investigación deberían estar
siempre encaminadas a lograr el bienestar de la humanidad, y en particular la reducción
de la pobreza, respetar la dignidad y los derechos de los seres humanos, así como el
medio ambiente del planeta, y tener plenamente en cuenta la responsabilidad que nos
incumbe con respecto a las generaciones presentes y futuras. Todas las partes interesadas
deben asumir un nuevo compromiso con estos importantes principios.
Hay que garantizar la libre circulación de
la información sobre todas las utilizaciones y consecuencias posibles de los nuevos
descubrimientos y tecnologías, a fin de que las cuestiones éticas se puedan debatir de
modo apropiado. Todos los países deben adoptar medidas adecuadas en relación con los
aspectos éticos de la práctica científica y del uso del conocimiento científico y sus
aplicaciones. Dichas medidas deberían incluir las debidas garantías procesales para que
las divergencias de opinión y quienes las expresan sean tratados con equidad y
consideración. La Comisión Mundial de Etica del Conocimiento Científico y la
Tecnología de la UNESCO puede ofrecer un medio de interacción a este respecto.
Todos los investigadores deberían
comprometerse a acatar normas éticas estrictas y habría que elaborar para las
profesiones científicas un código de deontología basado en los principios pertinentes
consagrados en los instrumentos internacionales relativos a los derechos humanos. La
responsabilidad social que incumbe a los investigadores exige que mantengan en un alto
grado la honradez y el control de calidad profesionales, difundan sus conocimientos,
participen en el debate público y formen a las jóvenes generaciones. Las autoridades
políticas deberían respetar la acción de los científicos a este respecto. Los
programas de estudios científicos deberían incluir la ética de la ciencia, así como
una formación relativa a la historia y la filosofía de la ciencia y sus repercusiones
culturales.
La igualdad de acceso a la ciencia no sólo
es una exigencia social y ética para el desarrollo humano, sino que además constituye
una necesidad para explotar plenamente el potencial de las comunidades científicas de
todo el mundo y orientar el progreso científico de manera que se satisfagan las
necesidades de la humanidad. Habría que resolver con urgencia los problemas con que las
mujeres, que constituyen más de la mitad de la población mundial, tienen que enfrentarse
para emprender carreras científicas, proseguirlas, obtener promociones en ellas y
participar en la adopción de decisiones en materia de ciencia y tecnología. No menos
apremiante es la necesidad de eliminar los obstáculos con que tropiezan los grupos
desfavorecidos y que impiden su plena y efectiva participación.
Los gobiernos y científicos del mundo
entero deben abordar los problemas complejos planteados por la salud de las poblaciones
pobres, así como por las disparidades crecientes en materia de salud que se dan entre
países y entre comunidades de un mismo país, con miras a lograr un nivel de salud mejor
y más equitativo, y facilitar también mejores servicios de asistencia sanitaria de
calidad para todos. Esto se debe llevar a cabo mediante la educación, la utilización de
los adelantos científicos y tecnológicos, la creación de sólidas asociaciones a largo
plazo entre las partes interesadas, y el aprovechamiento de programas encaminados a ese
fin.
* * *
Nosotros, los participantes en la Conferencia
Mundial sobre la Ciencia para el Siglo XXI: Un nuevo compromiso, nos
comprometemos a hacer todo lo posible para promover el diálogo entre la comunidad
científica y la sociedad, a eliminar todas las formas de discriminación relacionadas con
la educación científica y los beneficios de la ciencia, a actuar con ética y espíritu
de cooperación en nuestras esferas de responsabilidad respectivas, a consolidar la
cultura científica y su aplicación con fines pacíficos en todo el mundo, y a fomentar
la utilización del saber científico en pro del bienestar de los pueblos y de la paz y el
desarrollo sostenibles, teniendo en cuenta los principios sociales y éticos mencionados.
Consideramos que el documento de la
Conferencia Programa en pro de la Ciencia: Marco General de Acción plasma un nuevo
compromiso con la ciencia y puede servir de guía estratégica para establecer relaciones
de cooperación dentro del sistema de las Naciones Unidas y entre todos los interesados en
la actividad científica durante los años venideros.
- En consecuencia, aprobamos la presente Declaración sobre
la Ciencia y el Uso del Saber Científico y nos adherimos de común acuerdo al Programa
en pro de la Ciencia: Marco General de Acción, como medio de alcanzar los objetivos
expuestos en la Declaración. Asimismo, pedimos a la UNESCO y al ICSU que presenten ambos
documentos a su Conferencia General y a su Asamblea General respectivas. Dichos documentos
también se someterán a la Asamblea General de las Naciones Unidas. El objetivo
perseguido es que la UNESCO y el ICSU definan y realicen una actividad de seguimiento en
sus respectivos programas, y movilicen también el apoyo de todos los protagonistas de la
cooperación, especialmente los pertenecientes al sistema de las Naciones Unidas, con
miras a fortalecer la coordinación y cooperación internacionales en la esfera
científica.

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