Programa en Pro de la Ciencia :
Marco General de Acción
Adoptado por la
Conferencia mundial sobre la ciencia
el 1o de julio 1999 - Texto final
Preámbulo
1.
LA CIENCIA AL SERVICIO DEL CONOCIMIENTO;
EL CONOCIMIENTO AL SERVICIO DEL
PROGRESO
1.1 La función de la investigación fundamental
1.2 Los sectores público y privado
1.3 Aprovechamiento compartido de la información
y los conocimientos científicos
2. LA CIENCIA AL SERVICIO DE LA PAZ
Y EL DESARROLLO
2.1 La ciencia y la atención de las necesidades humanas fundamentales
2.2 La ciencia, el medio ambiente y el desarrollo sostenible
2.3 Ciencia y tecnología
2.4 Enseñanza científica
2.5 La ciencia al servicio de la paz y la solución de conflictos
2.6 Políticas científicas
3. LA CIENCIA EN LA SOCIEDAD Y
LA CIENCIA PARA LA SOCIEDAD
3.1 Necesidades sociales y dignidad humana
3.2 Cuestiones éticas
3.3 Mayor participación en la ciencia
3.4 La ciencia moderna y otros sistemas de conocimiento
SEGUIMIENTO
Preámbulo

- Nosotros,
los participantes en la Conferencia Mundial sobre la Ciencia para el Siglo XXI: Un
nuevo compromiso, reunidos en Budapest (Hungría) del 26 de junio al 1º de julio
de 1999 bajo los auspicios de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación,
la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y el Consejo Internacional para la Ciencia (ICSU),
declaramos lo siguiente:
Promover los objetivos de la paz
internacional y el bienestar común de la humanidad es una de las metas más elevadas y
nobles de nuestras sociedades. La creación de la UNESCO y el ICSU, hace más de medio
siglo, fue un símbolo de la determinación internacional de alcanzar esos objetivos
mediante la instauración de relaciones científicas, educacionales y culturales entre los
pueblos del mundo.
Los mencionados objetivos son tan válidos
hoy como hace cincuenta años. No obstante, si bien los medios para alcanzarlos han
mejorado considerablemente en este medio siglo gracias a los adelantos de la ciencia y la
tecnología, también han progresado los que pueden ponerlos en peligro o comprometerlos.
Entretanto, el contexto político, económico, social, cultural y ambiental también ha
cambiado profundamente y la función de las ciencias (naturales, físicas, geológicas,
biológicas, biomédicas, de la ingeniería, sociales y humanas) en este contexto
modificado debe ser definida y asumida colectivamente, lo cual justifica un nuevo
compromiso.
Habiendo aprobado la Declaración sobre la
Ciencia y el Uso del Saber Científico e inspirándonos en la Nota introductoria al
Programa en pro de la Ciencia: Marco General de Acción,
Nos adherimos de común acuerdo al presente
Programa en pro de la Ciencia: Marco General de Acción, como conjunto de
orientaciones e instrumentos de acción para alcanzar los objetivos proclamados en la
Declaración.
Consideramos que las directrices para la
acción que figuran a continuación pueden servir de marco para tratar los problemas de la
investigación científica, responder a los desafíos que plantea y aprovechar las
posibilidades que brinda, así como para promover entre todos los protagonistas del
quehacer científico las relaciones de colaboración que ya existen y otras nuevas, tanto
nacionales como internacionales. Las actividades de investigación y la cooperación
deberán adecuarse a las necesidades, las aspiraciones y los valores de la humanidad, así
como al respeto de la naturaleza y las generaciones futuras, en búsqueda de una paz
duradera, de la equidad y del desarrollo sostenible.
1. LA CIENCIA AL SERVICIO DEL CONOCIMIENTO;
EL CONOCIMIENTO AL SERVICIO DEL PROGRESO

Nos comprometemos a hacer progresar los
conocimientos. Deseamos que esos conocimientos estén al servicio del conjunto de la
humanidad, y aporten una mejor calidad de vida para las generaciones actuales y futuras.
1.1
La función de la investigación fundamental 
Cada país ha de procurar dotarse de
instituciones científicas de alto nivel que faciliten posibilidades de investigación y
formación en sectores que presenten un interés específico. Cuando los países no puedan
crear tales instituciones, la comunidad internacional deberá prestarles el apoyo
necesario, mediante el establecimiento de relaciones de colaboración y la cooperación.
La investigación científica debe apoyarse
en un marco jurídico apropiado en los planos nacional e internacional. Revisten especial
importancia a este respecto, la libertad de expresión y la protección del derecho de
propiedad intelectual.
Los grupos y las instituciones de
investigación, así como las organizaciones no gubernamentales pertinentes, deben
fortalecer la cooperación regional e internacional a fin de propiciar la formación
científica, compartir instalaciones costosas, promover la difusión de la información
científica, intercambiar conocimientos y datos científicos, especialmente entre países
desarrollados y países en desarrollo, y resolver conjuntamente problemas de interés
mundial.
Las universidades han de velar por que sus
programas en todos los campos científicos se centren tanto en la educación como en la
investigación, y en la sinergia entre ambas, y por que la investigación sea parte
integrante de la educación científica. La educación de los científicos debe comprender
la adquisición de aptitudes de comunicación y de conocimientos básicos relativos a las
ciencias humanas.
En el nuevo contexto de acrecentamiento de
la mundialización y del establecimiento de redes internacionales, las universidades se
encuentran ante nuevas posibilidades y desafíos al mismo tiempo. Por ejemplo, desempeñan
una función cada vez más importante en las innovaciones. Asimismo, están encargadas de
formar la futura mano de obra altamente calificada y de inculcar a los estudiantes las
capacidades necesarias para tratar los problemas mundiales. Tendrán que ser flexibles y
actualizar periódicamente su saber. Las universidades de los países desarrollados y en
desarrollo deberían intensificar su cooperación, por ejemplo con acuerdos de
hermanamiento. La UNESCO podría desempeñar la función de centro de intercambio de
información y de intemediaria.
Se insta a los países donantes y a los
organismos del sistema de las Naciones Unidas a que promuevan la cooperación para
aumentar la calidad y eficiencia del apoyo que prestan a la investigación en los países
en desarrollo. Sus esfuerzos conjuntos deberán apuntar principalmente a reforzar los
sistemas nacionales de investigación, tomando en cuenta las prioridades y las políticas
científicas de cada país.
Las organizaciones profesionales de
científicos, como las academias nacionales e internacionales, las uniones científicas y
las sociedades eruditas tienen una importante función que cumplir en la promoción de la
investigación, y deberían por ello obtener un amplio reconocimiento y el correspondiente
apoyo público. Convendría incitarlas a proseguir su cooperación en cuestiones de
interés universal y a convertirse en defensoras de la libertad de expresión de los
científicos.
1.2 Los
sectores público y privado 
Los gobiernos deberán determinar las
necesidades del país mediante mecanismos de concertación en los que tomen parte todos
los sectores y partes interesadas pertinentes, y conceder prioridad al apoyo a la
investigación pública necesaria para lograr adelantos en los ámbitos correspondientes,
facilitando una financiación estable con ese fin. Los parlamentos deben adoptar las
medidas del caso y votar presupuestos que estén en consonancia con esas prioridades.
Los gobiernos y el sector privado deben
velar por el debido equilibrio entre los diversos mecanismos de financiación de la
investigación científica. También se deberían explorar o promover nuevas posibilidades
de financiación mediante sistemas adecuados de reglamentación e incentivos, recurriendo
a una colaboración entre el sector público y el privado basada en modalidades flexibles
y haciendo que los gobiernos garanticen la facilidad de acceso a los conocimientos así
generados.
Ha de existir un diálogo directo entre los
donantes y los beneficiarios de los fondos destinados a la ciencia y la tecnología.
Convendría estrechar la cooperación entre las universidades, los institutos de
investigación y la industria, y debería también promoverse la financiación de
proyectos de ciencia y tecnología, con miras a hacer progresar el conocimiento y
fortalecer la actividad industrial que aproveche los conocimientos científicos.
1.3
Aprovechamiento compartido de la información
y los conocimientos científicos

Los científicos, las instituciones de
investigación, las sociedades eruditas y las organizaciones no gubernamentales
pertinentes deberían comprometerse a aumentar la colaboración internacional, por ejemplo
intercambiando conocimientos teóricos y prácticos. Se deberán fomentar y respaldar
especialmente las iniciativas encaminadas a facilitar el acceso de los científicos y las
instituciones de los países en desarrollo a fuentes de información científica. Han de
ponerse en práctica las iniciativas encaminadas a integrar plenamente en las redes
científicas a las mujeres y a otros grupos desfavorecidos del Sur y del Norte. En este
contexto, han de realizarse esfuerzos para procurar que sean accesibles los resultados de
las investigaciones científicas efectuadas con financiación pública.
Los países que tengan las competencias
necesarias deben promover el aprovechamiento compartido y la transferencia de
conocimientos, en particular mediante el apoyo a los programas específicos destinados a
impartir formación a los científicos en todo el mundo.
Con el apoyo de los países desarrollados,
se debería facilitar la publicación y la más amplia difusión de los resultados de la
investigación científica realizada en los países en desarrollo, mediante la
capacitación, el intercambio de información y el fomento de servicios bibliográficos y
sistemas de información que satisfagan mejor las necesidades de los científicos de todo
el mundo.
Los establecimientos de investigación y
enseñanza han de tomar en cuenta las nuevas tecnologías de la información y la
comunicación, evaluar sus repercusiones y promover su utilización, en especial mediante
el fomento de la edición electrónica y el establecimiento de entornos virtuales de
investigación y enseñanza o de bibliotecas numéricas. Es preciso adaptar los planes de
estudios científicos para tomar en cuenta las repercusiones de esas nuevas tecnologías
en la labor científica. Hay que estudiar la posibilidad de establecer un programa
internacional de enseñanza científica y profesional por conducto de Internet, en
asociación con el sistema tradicional, a fin de subsanar las carencias de la
infraestructura educativa e impartir una enseñanza de calidad en regiones apartadas.
Los investigadores deben participar
regularmente en debates con los editores, bibliotecarios y especialistas en tecnologías
de la información, a fin de velar por que la autenticidad e integridad de las
publicaciones científicas no se pierdan con la evolución del sistema de información
electrónico. Habida cuenta de que la difusión y el aprovechamiento compartido de los
conocimientos científicos constituyen un elemento fundamental de la investigación, los
gobiernos y organismos de financiación han de velar también por que los presupuestos
destinados a la investigación cubran las infraestructuras pertinentes y otros gastos.
Asimismo, son necesarios marcos jurídicos apropiados.
2.
LA CIENCIA AL SERVICIO DE LA PAZ Y EL DESARROLLO 
- Hoy, más que nunca, no puede haber desarrollo que prescinda
de las ciencias naturales y sociales y de sus aplicaciones. La cooperación mundial entre
científicos aporta una contribución valiosa y constructiva a la seguridad mundial y al
establecimiento de relaciones pacíficas entre las diferentes naciones,
2.1
La ciencia y la atención de las necesidades humanas fundamentales 
Entre las prioridades de desarrollo de todo
país deberá figurar constantemente la investigación específicamente destinada a
atender las necesidades fundamentales de la población. Al definir sus prioridades en
materia de investigación, los países en desarrollo y en transición deberán sopesar no
sólo sus necesidades o deficiencias en materia de capacidad e información científicas,
sino también sus puntos fuertes en materia de saber, conocimientos técnicos y recursos
humanos y naturales de índole local.
Para un país que quiere estar en
condiciones de atender las necesidades fundamentales de su población, la enseñanza de la
ciencia y la tecnología es un imperativo estratégico. Como parte de esa educación, los
estudiantes deberán aprender a resolver problemas concretos y a atender las necesidades
de la sociedad utilizando sus competencias y conocimientos científicos y tecnológicos.
Los países industrializados deberán
cooperar con los países en desarrollo mediante proyectos científicos y tecnológicos
definidos conjuntamente para resolver los problemas básicos de la población de estos
últimos. Deberían estudiarse detenidamente los resultados, a fin de mejorar la
planificación y la ejecución de los proyectos de desarrollo. Ha de impartirse al
personal que participe en estos proyectos una formación acorde con sus funciones.
Todos los países deben compartir sus
conocimientos científicos y cooperar para luchar en el mundo entero contra todos los
problemas de salud evitables. Con respecto a la mejora de la situación sanitaria, cada
país ha de evaluar y definir las prioridades más adecuadas a sus propias circunstancias.
Se deberían iniciar programas nacionales y regionales de investigación destinados a
reducir las disparidades que existen entre las comunidades en materia de salud, por
ejemplo recopilando datos epidemiológicos y otros datos estadísticos de buena calidad e
informando de las mejores prácticas correspondientes a quienes puedan utilizarlas.
Hay que estudiar dispositivos innovadores y
rentables de financiación de las actividades científicas que permitan a varios países
reunir sus recursos y combinar sus esfuerzos en materia de ciencia y tecnología, con
miras a su aplicación por entidades pertinentes en el plano regional e internacional. Se
deberían crear redes de intercambio de recursos humanos entre el Norte y Sur y entre
países del Sur. Dichas redes han de estar concebidas de tal manera que se aliente a los
científicos a utilizar sus conocimientos en beneficio de sus propios países.
Los países donantes, las organizaciones no
gubernamentales e intergubernamentales y los organismos del sistema de las Naciones Unidas
deberán consolidar sus programas relativos a la ciencia como se indica en este Programa
en pro de la Ciencia para atender los problemas apremiantes del desarrollo, y al mismo
tiempo seguir manteniendo normas de calidad altas.
2.2
La ciencia, el medio ambiente y el desarrollo sostenible 
Los gobiernos, los organismos competentes
del sistema de las Naciones Unidas, la comunidad científica y las entidades públicas o
privadas de financiación de la investigación deberán consolidar o crear, según
proceda, programas de investigación sobre el medio ambiente de alcance nacional, regional
y mundial, que deberán comprender proyectos de creación de capacidades. Entre los temas
a los que cabe prestar especial atención figuran la cuestión del agua dulce y el ciclo
hidrológico, las variaciones y el cambio climáticos, los océanos, las zonas costeras,
las regiones polares, la diversidad biológica, la desertización, la deforestación, los
ciclos biológicos, geológicos y químicos, y los riesgos naturales. Debería actuarse
enérgicamente para alcanzar los objetivos de los programas internacionales de
investigación sobre el medio ambiente del planeta ya existentes en el marco del Programa
21 y de los planes de acción de las conferencias mundiales. Hay que favorecer la
colaboración entre países vecinos, o entre países sometidos a condiciones ecológicas
similares para contribuir a la solución de los problemas ambientales comunes.
Todos los componentes del sistema terrestre
han de ser objeto de una vigilancia sistemática a largo plazo. Ello supone que los
gobiernos y el sector privado presten un mayor apoyo para perfeccionar los sistemas
mundiales de observación del medio ambiente. La eficacia de los programas de vigilancia
depende esencialmente de una amplia disponibilidad de los datos acopiados mediante la
observación.
Todos los protagonistas de este proceso,
comprendido el sector privado, deberían fomentar enérgicamente las investigaciones
interdisciplinarias que asocian las ciencias naturales y las ciencias sociales, para
ocuparse de la dimensión humana del cambio ambiental mundial, tomando en cuenta en
particular sus repercusiones para la salud, y para entender mejor la sostenibilidad, en la
medida en que ésta depende de sistemas naturales. También es necesaria la interacción
de los especialistas en ciencias exactas y naturales, ciencias sociales y políticas,
economía y demografía para llegar a una mejor comprensión del concepto de consumo
sostenible.
Hay que asociar más estrechamente los
conocimientos científicos modernos y los conocimientos tradicionales en proyectos
interdisciplinarios relativos a las relaciones entre cultura, medio ambiente y desarrollo
en ámbitos como la conservación de la diversidad biológica, la gestión de los recursos
naturales, la comprensión de los riesgos naturales y la mitigación de sus efectos. En
estos proyectos deberían participar las comunidades locales y otras partes interesadas.
Incumbe a la comunidad científica en su conjunto y a cada uno de sus miembros
individualmente presentar en lenguaje corriente las explicaciones científicas de estos
problemas, y también de cómo puede la ciencia desempeñar una función decisiva en su
tratamiento.
Los gobiernos, en cooperación con las
universidades y centros de enseñanza superior, y con la ayuda de las organizaciones
pertinentes del sistema de las Naciones Unidas, deberán ampliar y mejorar la educación,
la formación y los servicios orientados hacia el desarrollo de los recursos humanos en la
esfera de las ciencias relacionadas con el medio ambiente, recurriendo también a los
conocimientos tradicionales y locales. Es preciso que los países en desarrollo realicen
un esfuerzo especial en este sentido, con la cooperación de la comunidad internacional.
Ha de hacerse hincapié, en todos los
países, en la creación de capacidades en materia de vulnerabilidad y evaluación de
riesgos y de medios de alerta temprana para catástrofes naturales de corta duración o
riesgos de cambios a largo plazo en el medio ambiente, así como en una preparación más
eficaz para las catástrofes y una mejor adaptación a ellas, y en los medios para atenuar
sus efectos e incorporar su gestión a la planificación del desarrollo nacional. No
obstante, es menester tener presente que vivimos en un mundo complejo caracterizado por la
incertidumbre inherente en cuanto a su evolución a largo plazo. Los encargados de la
adopción de decisiones deben tomar en cuenta este factor y, por consiguiente, tienen que
fomentar el desarrollo de nuevas estrategias de previsión y vigilancia. El principio de
precaución es un principio rector importante cuando la incertidumbre científica es
inevitable, sobre todo cuando las repercusiones son potencialmente irreversibles o
catastróficas.
Los sectores público y privado deberán
apoyar enérgicamente, en los planos tanto nacional como internacional, la investigación
científica y técnica sobre las tecnologías sostenibles y poco contaminantes, el
reciclado, las fuentes de energía renovables y el aprovechamiento eficiente de la
energía. Las organizaciones internacionales competentes, como la UNESCO y la
Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI), deberían
promover la creación de una biblioteca virtual sobre tecnologías sostenibles a la que se
pudiera acceder libremente.
2.3
Ciencia y tecnología 
Las autoridades nacionales y el sector
privado deben apoyar la colaboración entre la universidad y la industria con la
participación de institutos de investigación y de empresas pequeñas y medianas y de
microempresas, a fin de promover las innovaciones, obtener más rápidamente los
dividendos de la ciencia y generar beneficios para todos los participantes.
Los programas de estudios relacionados con
las ciencias y la tecnología deberán fomentar un enfoque científico de la solución de
problemas. Se debe promover la cooperación entre la universidad y la industria con objeto
de favorecer la enseñanza de la ingeniería y la educación profesional permanente,
satisfacer mejor las necesidades de las empresas e incrementar el apoyo de éstas al
sector de la educación.
Los países han de adoptar las mejores
prácticas para promover las innovaciones, de la manera que mejor se adapte a sus
necesidades y recursos. La innovación ya no es un proceso rectilíneo derivado de un
adelanto científico único, sino que exige un planteamiento sistémico en el que se
necesitan asociaciones, vínculos entre múltiples ámbitos de conocimiento y un
intercambio constante de información entre numerosos protagonistas. Por ejemplo, se
podrían crear centros cooperativos de investigación y redes de investigación,
"incubadoras" de tecnología y polos de investigación, así como organismos de
transferencia y asesoramiento para la pequeña y mediana empresa. Se deben adoptar medidas
específicas, y más concretamente iniciativas destinadas a fomentar la creación de
sistemas nacionales de innovación que garanticen la vinculación de la ciencia con la
tecnología, teniendo en cuenta los cambios económicos y tecnológicos mundiales. La
política científica debe fomentar la incorporación de los conocimientos a las
actividades sociales y productivas. Es imperativo tratar la cuestión de la producción
endógena de tecnologías tomando como punto de partida los problemas específicos de los
países en desarrollo, lo cual implica que estos países dispongan de recursos que les
permitan llegar a crear tecnologías.
Se debe prestar apoyo a la aceleración de
las transferencias de tecnología con objeto de impulsar el desarrollo industrial,
económico y social mediante la movilidad de los profesionales entre las universidades y
las empresas, así como entre los países, y también mediante redes de investigación y
asociaciones entre empresas.
Los gobiernos y las instituciones de
enseñanza superior deben tomar medidas para mejorar la enseñanza de la ingeniería, la
enseñanza tecnológica y la enseñanza profesional, recurriendo a la cooperación
internacional y a la formación a lo largo de toda la vida. Se deben definir nuevos tipos
de programas de enseñanza adaptados a las necesidades de los empleadores y atractivos
para los jóvenes. A fin de atenuar las repercusiones negativas del desequilibrio de las
corrientes migratorias de personal calificado de los países en desarrollo hacia los
países desarrollados, y a fin de prestar apoyo a la enseñanza e investigación de alta
calidad en los países en desarrollo, la UNESCO puede desempeñar la función de
catalizador para establecer relaciones más equilibradas y estrechas entre los que
participan en actividades científicas y tecnológicas en el mundo entero, y también para
crear una enseñanza e infraestructuras de investigación de nivel mundial en los países
en desarrollo.
2.4
Enseñanza científica 
Los gobiernos deben atribuir la máxima
prioridad al mejoramiento de la enseñanza científica en todos los niveles, prestando
especial atención a la eliminación de los efectos de la disparidad entre los sexos y de
la discriminación contra los grupos marginados, así como a la sensibilización del
público y la vulgarización de la ciencia. Hay que adoptar medidas a fin de preparar
profesionalmente a docentes y educadores para hacer frente a los cambios, y hacer también
todo lo posible para luchar contra la escasez de docentes y educadores debidamente
calificados para la enseñanza de las ciencias, sobre todo en los países en desarrollo.
Los profesores de ciencia de todos los
niveles y el personal que toma parte en la enseñanza científica no formal deben poder
actualizar de modo permanente sus conocimientos, a fin de poder realizar su labor
pedagógica de la mejor manera posible.
Para responder a los cambios que se
producen en las necesidades educativas de nuestras sociedades, los sistemas nacionales de
educación deberán renovar los planes de estudio, metodologías y recursos, teniendo en
cuenta la igualdad entre los sexos y la diversidad cultural. Se impulsará la
investigación sobre la educación científica y técnica en los planos nacional e
internacional, creándose centros especializados y fomentándose la interconexión de los
ya existentes en el mundo entero, con la cooperación de la UNESCO y otras organizaciones
internacionales competentes.
Las instituciones educativas deberán
fomentar la contribución de los estudiantes a la adopción de decisiones relativas a la
educación y la investigación.
Los gobiernos han de prestar mayor apoyo a
los programas regionales e internacionales de enseñanza superior y a la interconexión de
los establecimientos de enseñanza universitaria y de especialización, haciendo especial
hincapié en la cooperación Norte-Sur y Sur-Sur, ya que es un medio importante para
ayudar a todos los países, especialmente a los pequeños y menos adelantados, a
fortalecer su potencial científico y tecnológico.
Las organizaciones no gubernamentales han
de desempeñar una importante función en el aprovechamiento compartido de experiencias
relacionadas con la enseñanza de las ciencias y la formación científica.
Los establecimientos de enseñanza deberán
impartir una educación científica básica a los estudiantes que no siguen una carrera
científica. Asimismo deberán brindar posibilidades de formación permanente de carácter
científico.
Los gobiernos, las organizaciones
internacionales y las entidades profesionales competentes deberán elaborar programas de
formación o mejorar los ya existentes para periodistas científicos,
especialistas de la comunicación y personal encargado de sensibilizar al público a las
ciencias. Sería menester prever un programa internacional de promoción de la cultura
científica y de conocimientos básicos en materia de ciencias para que las comunidades
locales puedan recibir, en forma fácilmente comprensible, aportaciones científicas y
tecnológicas que contribuyan a su desarrollo.
Las autoridades nacionales y las
instituciones de financiación deben promover el papel de los museos y establecimientos
científicos como elementos importantes de la vulgarización de la ciencia. Habida cuenta
de los recursos limitados de que disponen los países en desarrollo, convendría utilizar
ampliamente los servicios de educación a distancia para complementar las modalidades de
educación formal y no formal existentes.
2.5
La ciencia al servicio de la paz y la solución de conflictos 
Los principios fundamentales de la paz y la
coexistencia han de ser parte integrante de la enseñanza en todos los niveles. También
se debería lograr que los estudiantes de carreras científicas cobren conciencia de su
deber de no utilizar sus competencias y conocimientos científicos para actividades que
hagan peligrar la paz y la seguridad.
Los organismos de financiación públicos y
privados deben fortalecer o crear instituciones que realicen investigaciones
interdisciplinarias sobre la paz y las aplicaciones pacíficas de la ciencia y la
tecnología. Cada país ha de aportar una contribución a esa labor, ya sea en el plano
nacional o mediante su participación en actividades internacionales. Se debe incrementar
el apoyo que prestan los sectores público y privado a las investigaciones sobre las
causas y consecuencias de la guerra, así como sobre la prevención y solución de
conflictos.
Los gobiernos y el sector privado han de
invertir en sectores de la ciencia y la tecnología que tratan directamente de las
cuestiones que puedan ser la causa de conflictos, por ejemplo la utilización de la
energía, la pugna por el aprovechamiento de los recursos, y la contaminación del aire,
el suelo y el agua.
Los sectores militar y civil, y en
particular los científicos y los ingenieros, deben buscar juntos la solución de los
problemas causados por la acumulación de armas y minas terrestres.
Se deberá promover un diálogo entre
representantes del gobierno, de la sociedad civil y de los científicos para reducir el
gasto militar y lograr que la ciencia se oriente menos hacia las aplicaciones militares.
2.6
Políticas científicas 
Se deben adoptar políticas nacionales que
prevean un apoyo regular y a largo plazo a la ciencia y la tecnología, a fin de
garantizar el fortalecimiento del potencial humano, crear instituciones científicas,
mejorar y modernizar la enseñanza de la ciencia, integrar la ciencia en la cultura
nacional, establecer infraestructuras y fomentar las capacidades en materia de tecnología
e innovación.
Hay que aplicar políticas científicas y
tecnológicas que tengan en cuenta explícitamente el interés social, la paz, la
diversidad cultural y las especificidades de los hombres y las mujeres. Se deberán
establecer dispositivos de participación adecuados para facilitar el debate democrático
sobre las opciones de las políticas científicas. Las mujeres deben participar
activamente en la concepción de esas políticas.
Todos los países deberán realizar
sistemáticamente análisis y estudios sobre las políticas científicas y tecnológicas,
tomando en cuenta las opiniones de todos los sectores de la sociedad interesados, y en
particular los jóvenes, con objeto de definir estrategias a corto y largo plazo que
propicien un desarrollo socioeconómico racional y equitativo. Convendría examinar la
posibilidad de publicar un Informe Mundial sobre la Tecnología que complementase el
actual Informe Mundial sobre la Ciencia de la UNESCO, para presentar un panorama
mundial equilibrado sobre las repercusiones de la tecnología en los sistemas sociales y
las culturas.
Los gobiernos deben prestar apoyo a
programas de estudios superiores sobre la política científica y tecnológica y los
aspectos sociales de la ciencia. Hay que impartir a los científicos y profesionales
interesados formación sobre las cuestiones jurídicas y éticas y las reglamentaciones
que regulan la Investigación y Desarrollo en campos estratégicos como las tecnologías
de la información y la comunicación, la diversidad biológica y la biotecnología. Los
administradores y los encargados de la adopción de decisiones en la esfera científica
han de tener acceso regularmente a actividades de formación y actualización de
conocimientos para poder atender a la evolución de las necesidades de la sociedad
contemporánea en los campos de la ciencia y la tecnología.
Los gobiernos deben fomentar la creación o
el perfeccionamiento de servicios nacionales de estadísticas capaces de facilitar datos
fiables, con desglose por sexo y por grupo marginado, sobre la educación científica y
las actividades de Investigación y Desarrollo que resulten indispensables para la
adopción de políticas eficaces en materia de ciencia y tecnología. A este respecto, la
comunidad internacional debe prestar asistencia a los países en desarrollo, recurriendo a
las competencias técnicas de la UNESCO y otras organizaciones internacionales.
Los gobiernos de los países en desarrollo
y de los países en transición deben mejorar la situación de las carreras científicas,
educativas y técnicas, realizar un decidido esfuerzo para mejorar las condiciones de
trabajo, fortalecer su capacidad para conservar a los científicos calificados y promover
nuevas profesiones en el campo de la ciencia y la tecnología. También deben crear nuevos
programas o promover los ya existentes para instaurar una colaboración con los
científicos, ingenieros y especialistas en tecnología que han emigrado a países
desarrollados.
Los gobiernos han de esforzarse por
recurrir de manera más sistemática a las competencias de los científicos para elaborar
políticas relativas a los procesos de transformación económica y tecnológica. La
contribución de los científicos ha de ser parte integrante de los programas de apoyo a
la innovación o las medidas destinadas a impulsar el desarrollo o la reestructuración
industriales.
En nuestro mundo complejo, el asesoramiento
científico es un factor cada vez más necesario para tomar decisiones políticas con buen
fundamento. Los científicos y las entidades científicas han de ser conscientes, por
consiguiente, de que es importante que proporcionen dictámenes científicos
independientes, en la medida de sus conocimientos.
Las autoridades, en todos los niveles,
deben establecer y evaluar periódicamente dispositivos que faciliten oportunamente el
acceso al mejor asesoramiento posible por parte de la comunidad científica, que esté
basado en una gama suficientemente amplia de las mejores fuentes de conocimientos
especializados. Estos dispositivos tienen que ser abiertos, objetivos y transparentes. Los
gobiernos deben publicar los dictámenes científicos utilizando medios de comunicación
que sean accesibles al público más amplio posible.
En colaboración con los organismos
competentes de las Naciones Unidas y las organizaciones científicas internacionales, los
gobiernos han de fortalecer los procesos consultivos científicos internacionales, cuya
contribución es indispensable para lograr a escala regional y mundial un consenso
intergubernamental sobre la política que se ha de seguir, así como para aplicar las
convenciones regionales e internacionales.
Todos los países deben proteger los
derechos de propiedad intelectual, pero han de reconocer al mismo tiempo que el acceso a
los datos y la información es imprescindible para el progreso científico. Para
establecer el marco jurídico internacional adecuado, la Organización Mundial de la
Propiedad Intelectual (OMPI), en colaboración con las organizaciones internacionales
competentes, debe tratar de modo permanente el problema de los monopolios del saber,
mientras que la Organización Mundial del Comercio (OMC) debería, con motivo de las
nuevas negociaciones relativas al Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad
Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC), prever que en este acuerdo figuren
instrumentos destinados a financiar el progreso científico en los países del Sur con la
plena participación de la comunidad científica. A este respecto, los programas
internacionales del ICSU y los cinco programas científicos intergubernamentales de la
UNESCO han de desempeñar una función catalizadora, por ejemplo mejorando la
compatibilidad de las modalidades de acopio y tratamiento de datos y facilitando el acceso
al saber científico.
3. LA CIENCIA EN LA SOCIEDAD Y LA CIENCIA PARA LA SOCIEDAD

La práctica de la investigación
científica y el uso del conocimiento científico siempre deben tener por objetivo lograr
el bienestar de la humanidad, tanto de los hombres como de las mujeres, respetar la
dignidad del ser humano y sus derechos fundamentales, y tomar plenamente en cuenta nuestra
responsabilidad común para con las generaciones futuras.
3.1
Necesidades sociales y dignidad humana 
Los gobiernos, las organizaciones
internacionales y los institutos de investigación deben fomentar la investigación
interdisciplinaria destinada específicamente a determinar, dilucidar y resolver problemas
humanos o sociales urgentes, en función de las prioridades de cada país.
Todos los países deben impulsar o apoyar
las investigaciones en materia de ciencias sociales para comprender y tratar mejor las
tensiones que caracterizan las relaciones entre la ciencia y la tecnología, por una
parte, y las distintas sociedades y sus instituciones, por otra parte. La transferencia de
tecnología ha de ir siempre unida al análisis social de sus posibles repercusiones en la
población y la sociedad.
La estructura de los centros docentes y la
concepción de sus planes de estudios deben ser suficientemente abiertas y flexibles como
para ajustarse a las nuevas necesidades de la sociedad. Los científicos jóvenes deben
aprender a conocer y comprender las cuestiones sociales, y estar en condiciones de actuar
fuera de su campo de especialización.Los planes de estudios de las universidades para los
estudiantes de ciencias deberán incluir actividades prácticas que vinculen sus estudios
a las necesidades y las realidades sociales.
3.2
Cuestiones éticas 
La ética y la responsabilidad de la
ciencia deberían ser parte integrante de la educación y formación que se imparte a
todos los científicos. Es importante infundir en los estudiantes una actitud positiva de
reflexión, vigilancia y sensibilidad respecto de los problemas éticos con los que pueden
tropezar en su vida profesional. Convendría que a los científicos jóvenes se les
incitara adecuadamente a respetar y observar los principios de ética y responsabilidad de
la ciencia. A la Comisión Mundial de Etica del Conocimiento Científico y la Tecnología
(COMEST) de la UNESCO le incumbe una responsabilidad especial en el seguimiento de esta
cuestión, en cooperación con el Comité Permanente sobre Responsabilidad y Etica
Científicas (SCRES) del ICSU.
Los institutos de investigación deberían
fomentar el estudio de los aspectos éticos del trabajo científico. Para analizar y
seguir de cerca las consecuencias éticas del trabajo científico y determinar los medios
de reglamentarlo, se necesitan programas especiales de investigación interdisciplinaria.
En colaboración con otros protagonistas de
la vida social, la comunidad científica internacional debería propiciar un debate, que
fuera incluso público, para promover la ética y códigos de conducta relativos al medio
ambiente.
Se insta a las instituciones científicas a
que se ajusten a las normas éticas y respeten la libertad de los científicos para
expresarse sobre cuestiones éticas y denunciar el mal uso o el abuso de los avances
científicos o tecnológicos.
Los gobiernos, las ONG, y más
concretamente las asociaciones científicas y eruditas deberían organizar debates, que
fueran incluso públicos, sobre las consecuencias éticas del trabajo científico. Los
científicos, las organizaciones científicas y las sociedades eruditas deberían estar
representadas convenientemente en los organismos competentes de reglamentación y
adopción de decisiones. Esas actividades se deberían fomentar en el plano institucional
y tendrían que ser reconocidas como parte de la labor y responsabilidad de los
científicos. Sería conveniente que las asociaciones científicas adoptaran un código
deontológico para sus miembros.
Los gobiernos deberían fomentar la
creación de dispositivos apropiados encargados de estudiar las cuestiones éticas
relativas al uso del saber científico y de sus aplicaciones, y esos dispositivos se
deberían crear si no existen. Las organizaciones no gubernamentales y las instituciones
científicas deberían promover el establecimiento de comités de ética en su campo de
competencia.
Se insta a los Estados Miembros de la
UNESCO a que fortalezcan las actividades del Comité Internacional de Bioética y de la
Comisión Mundial de Etica del Conocimiento Científico y la Tecnología, y también a que
tomen medidas para estar representados convenientemente en ambos organismos.
3.3
Mayor participación en la ciencia 
Los organismos oficiales, las
organizaciones internacionales, las universidades y los centros de investigación deberán
garantizar la plena participación de la mujer en la planificación, orientación,
realización y evaluación de las actividades de investigación. Es necesario que la mujer
participe activamente en la conformación del programa destinado a orientar la
investigación científica en el futuro.
También es menester garantizar una plena
participación de los grupos marginados en todos los aspectos de las actividades de
investigación, comprendida la elaboración de políticas.
En colaboración con la UNESCO y otras
organizaciones internacionales competentes, todos los países deben contribuir a acopiar
datos fiables, de acuerdo con un modelo normalizado internacional, con objeto de elaborar
estadísticas sobre ciencia y tecnología desglosadas por sexo.
Desde las etapas más tempranas de la
enseñanza, los gobiernos y los centros docentes deben identificar y eliminar todas las
prácticas discriminatorias en la educación, a fin de incrementar el número de personas
de todos los sectores de la sociedad, comprendidos los grupos marginados, que pueden
participar con éxito en la actividad científica.
No se deben escatimar esfuerzos para
eliminar cualquier práctica discriminatoria, evidente o encubierta, en las actividades de
investigación. Es menester establecer estructuras más flexibles y abiertas para
facilitar el acceso de los científicos jóvenes a carreras en la esfera de las ciencias.
Hay que concebir, aplicar y seguir de cerca medidas destinadas a lograr la equidad social,
en particular en lo referente a las condiciones de trabajo en todas las actividades
científicas y tecnológicas.
3.4
La ciencia moderna y otros sistemas de conocimiento 
Se invita a los gobiernos a formular
políticas nacionales que permitan aplicaciones más extensas de las formas tradicionales
de aprendizaje y conocimiento, y a velar al mismo tiempo por asegurarles una
comercialización debidamente remunerada.
Es menester prever un mayor apoyo a las
actividades nacionales e internacionales relacionadas con los sistemas tradicionales y
locales de conocimiento.
Los países deben promover un conocimiento
y una utilización mejores de los sistemas tradicionales, en vez de limitarse a extraer
exclusivamente los elementos que consideran útiles para la ciencia y tecnología
modernas. Las corrientes de conocimientos deben simultáneamente proceder de las
comunidades rurales y afluir hacia ellas.
Las organizaciones gubernamentales y no
gubernamentales deben contribuir a mantener los sistemas tradicionales de conocimiento
mediante un apoyo activo a las sociedades que crean y conservan ese saber, así como a sus
formas de vida, sus idiomas, su organización social y los entornos en que viven. También
han de reconocer plenamente la contribución de las mujeres, que son depositarias de una
gran parte del saber tradicional.
Los gobiernos deben apoyar la colaboración
entre los poseedores del saber tradicional y los científicos, con objeto de explorar la
relación entre los diferentes sistemas de conocimiento y fomentar una vinculación
mutuamente provechosa entre ambos.
SEGUIMIENTO 
Nosotros, los participantes en la
Conferencia Mundial sobre la Ciencia, estamos dispuestos a actuar con determinación para
lograr los objetivos proclamados en la Declaración sobre la Ciencia y el Uso del Saber
Científico y nos adherimos a las recomendaciones relativas a su seguimiento que se
enuncian a continuación.
Todos los participantes en la Conferencia
consideran el Programa en pro de la Ciencia como un marco general de acción y
alientan a otros interlocutores a que lo adopten. En este contexto, convendría que los
gobiernos, el sistema de las Naciones Unidas y demás partes interesadas utilizaran ese Programa,
o las partes que fueran pertinentes, cuando planeen y lleven a cabo medidas y actividades
concretas relacionadas con la ciencia o sus aplicaciones. De este modo se podría elaborar
y ejecutar un programa de acción genuinamente multilateral y pluridimensional. Asimismo,
tenemos la convicción de que los científicos jóvenes han de desempeñar una función
importante en el seguimiento del presente Marco General de Acción.
Habida cuenta de los resultados de los seis
foros regionales sobre la mujer y la ciencia patrocinados por la UNESCO, la Conferencia
hizo hincapié en que los gobiernos, las instituciones educativas, las comunidades
científicas, las organizaciones no gubernamentales y la sociedad civil, con el apoyo de
los organismos bilaterales e internacionales, han de realizar esfuerzos especiales para
garantizar una plena participación de las niñas y las mujeres en todos los aspectos de
la ciencia y la tecnología, y para ello deben:
promover en el sistema educativo el acceso
de las niñas y las mujeres a todos los niveles de la enseñanza científica;
mejorar las condiciones de su
contratación, su mantenimiento en los puestos ocupados y su ascenso profesional en todos
los ámbitos de investigación;
iniciar, en colaboración con la UNESCO y
el Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM), campañas
nacionales, regionales y mundiales encaminadas a lograr que se cobre conciencia de la
contribución aportada por las mujeres a la ciencia y la tecnología, a fin de superar las
ideas estereotipadas que tienen de ellas los científicos, los responsables de la
adopción de decisiones y la comunidad en su conjunto;
emprender investigaciones que estén
basadas en el acopio y análisis de datos desglosados por sexo y que documenten las
restricciones y los progresos en el desarrollo de la función de las mujeres en la ciencia
y la tecnología;
supervisar la aplicación de las mejores
prácticas y documentarlas, junto con las lecciones sacadas de las evaluaciones de dichas
prácticas y de sus repercusiones;
velar por que las mujeres estén
convenientemente representadas en los órganos y foros de elaboración de políticas y
decisiones de carácter nacional, regional e internacional;
crear una red internacional de mujeres
científicas;
seguir documentando la contribución de las
mujeres a la ciencia y la tecnología.
Para apoyar estas iniciativas, los gobiernos
han de crear dispositivos apropiados allí donde no existen todavía, a fin de proponer y
supervisar la introducción de los cambios políticos necesarios que contribuyan a
alcanzar estos objetivos.
Es menester realizar, entre otros, los
siguientes esfuerzos especiales para garantizar una plena participación de los grupos
marginados en la ciencia y la tecnología:
- suprimir los obstáculos en el sistema educativo;
- suprimir los obstáculos en el sistema de investigación;
- generar una mayor conciencia de la contribución aportada por
esos grupos a la ciencia y la tecnología, a fin de superar las ideas estereotipadas
existentes;
- iniciar investigaciones, basadas en el acopio de datos, a fin
de documentar los factores limitativos;
- supervisar la aplicación de las mejores prácticas y
documentarlas;
- garantizar la representación de esos grupos en los órganos y
foros encargados de la elaboración de políticas.
Aunque el seguimiento de la Conferencia va
a ser obra de numerosos interlocutores que asumirán sus responsabilidades específicas,
la UNESCO deberá servir de centro de intercambio de información, en colaboración con el
ICSU, copatrocinador de la Conferencia. Con ese fin, todos los copartícipes enviarán a
la UNESCO información sobre sus iniciativas y actividades de seguimiento. En este
contexto, la UNESCO y el ICSU deberían presentar iniciativas concretas de cooperación
científica internacional con las organizaciones pertinentes del sistema de las Naciones
Unidas y los donantes bilaterales, en especial en el ámbito regional.
La UNESCO y el ICSU han de someter a su
Conferencia General y su Asamblea General respectivas la Declaración sobre la Ciencia
y el Uso del Saber Científico y el Programa en pro de la Ciencia: Marco General de
Acción, con objeto de que ambas organizaciones determinen y prevean actividades de
seguimiento en sus respectivos programas, y de que les presten también un decidido apoyo.
Las demás organizaciones interlocutoras deberían hacer lo mismo con sus órganos
rectores. Asimismo, se presentarán a la Asamblea General de las Naciones Unidas los
resultados de la Conferencia Mundial sobre la Ciencia.
La comunidad internacional deberá apoyar
los esfuerzos de los países en desarrollo en relación con la ejecución de este Programa
en pro de la Ciencia.
El Director General de la UNESCO y el
Presidente del ICSU deben velar por la difusión más amplia posible de los resultados de
la Conferencia, en particular remitiendo la Declaración y el Programa en pro de
la Ciencia: Marco General de Acción a todos los países, a las organizaciones
regionales e internacionales pertinentes y a los organismos multilaterales. Se invita
también a todos los participantes a contribuir a esa difusión.
Hacemos un llamamiento en favor de una
asociación más estrecha entre todas las partes interesadas en la ciencia y recomendamos
a la UNESCO que, en colaboración con los demás interlocutores, prepare y realice
periódicamente un análisis de las actividades de seguimiento de la Conferencia Mundial
sobre la Ciencia. En particular, la UNESCO y el ICSU deberán preparar conjuntamente antes
del año 2001 un informe analítico destinado a los gobiernos e interlocutores
internacionales sobre los dividendos de la Conferencia, así como sobre su seguimiento y
las actividades que convenga emprender posteriormente.

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