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| HISTORIA DE LA CUENCA SENA-NORMANDÍA |
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En el año 448 d.C., el Sena desempeñó un papel crucial cuando Geneviève de Lutèce burló el asedio de Atila enviando barcos cargados de trigo para salvar a los parisinos de la hambruna. Esta historia de éxito se repitió en el 885-886 cuando el Conde Eudes se organizó para derrotar la sede de los Vikingos en París. Pero el talento para navegar de los escandinavos había dejado tal recuerdo en los parisinos que estos instaron a Carlos el Gordo a que enviara a los Vikingos a saquear Borgoña. Finalmente, en 911, Carlos III (el Simple) tuvo que abandonar Normandía en favor del Jefe de los Vikingos Rollo a cambio de París y de una navegación segura por el Sena.
Durante la Edad Media, los molineros y los marineros se disputaron el uso de los ríos: hasta 10.000 molinos fueron construidos, alterando así el curso natural de los ríos. No obstante, la navegación seguía siendo prioritaria para las poblaciones que vivían a lo largo del Sena y no fue hasta el siglo XVII, bajo Enrique IV, que el primer puente permanente pudo ser construido (el "Pont Neuf"). París contaba ya entonces 200.000 habitantes. La navegación por el río siguió siendo el principal medio de transporte hasta finales del siglo XIX: durante la Exposición Universal de París en 1900, más de 42 millones de pasajeros zarparon del puerto de París. En la actualidad, la navegación a través de la cuenca todavía supone la mitad de del tráfico total de los ríos franceses.
De 1850 en adelante, la población de la cuenca creció dos veces más rápidoe que el promedio nacional. La población actual de la cuenca del Sena Normandía ha alcanzado los 17 millones de personas, y el 80% del total se concentra alrededor de las áreas urbanas. El 65% de la población vive hoy en la Región de Ile de France, que cubre apenas el 12% de la cuenca. La densidad demográfica va de los 18 hab./km² en la cuenca secundaria del río Aube a más de 20.000 hab./km² en el centro de París.
La presión demográfica en París contribuyó a la expansión de las cuatro epidemias más importantes de cólera entre 1832 y 1866, que mató a 60.000 personas solamente en París. Estos acontecimientos desviaron la atención del público del medio ambiente natural, centrándose ésta exclusivamente en la salud pública.
El consumo individual de agua de los parisinos creció durante los siguientes 100 años de 15 a 300 litros/día gracias a la cloración. La degradación de los ríos se intensificó debido a las obras de protección contra las inundaciones y a los vertidos de aguas residuales no tratadas desde las alcantarillas. Antes de la Segunda Guerra Mundial, los parisinos pensaron incluso en verter hormigón sobre su río para construir una pista de aterrizaje o una gran autopista en el corazón de su ciudad.
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