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Baños públicos de Antonin, Cartago, Túnez © UNESCO - D. Roger |
Al igual que el agua configura el mundo en que vivimos y nuestro patrimonio natural y cultural, también influye en la manera en que vivimos. Desde el principio de los tiempos, el agua se ha situado en el centro de la vida social, ha reunido a las personas en torno a fuentes o baños públicos, en ritos públicos o privados, y a través de actividades cotidianas tales como lavar la ropa. Esta realidad es la misma en todos los países del planeta, si bien los ritos y eventos difieren de un continente a otro, de un país a otro e incluso de una comunidad a otra.
Los baños públicos existen por lo menos desde el año 2.500 a.C. en la Grecia Antigua, pero fueron los romanos quienes adoptaron la idea y la extendieron. Teniendo en cuenta los baños de culturas anteriores, los romanos incluyeron varias zonas destinadas al deporte y al ejercicio físico y crearon grandes monumentos con un tipo de calefacción central nunca antes visto. Hacia el año 33 a.C., solamente en Roma, existían 170 baños, públicos y privados. El baño cotidiano se convirtió en un acontecimiento social y, hacia finales del siglo IV d.C., Roma ya contaba con 11 baños públicos y 926 baños privados. Las termas de Diocleciano, construidas en 305 d.C., tenían capacidad para acoger a más de 3.000 personas.
Sin embargo, los baños públicos no se limitaron al Imperio Romano; los baños turcos, o hammam, descienden directamente de los baños públicos romanos. Entre los siglos X y XIII, los baños turcos se extendieron por todo Oriente Medio. En aquella época, cada castillo, ciudad o pueblo tenía su propio baño turco. En las ciudades, el diseño de los baños era modesto, pero en las grandes propiedades los interiores eran decorados de manera suntuosa. Los musulmanes practicantes llevan a cabo a diario ritos de purificación, sobre todo antes de las plegarias, y los baños turcos se convirtieron en el lugar elegido para las abluciones.
Hoy en día, los baños públicos no son tan populares como antes, aunque todavía existen algunas formas: por ejemplo, las saunas y spa en gimnasios u otros complejos deportivos. Las fuentes naturales de agua caliente en países como Islandia y Finlandia cumplen el mismo rol que los baños públicos a lo largo de la historia. Varios millones de personas visitan los manantiales termales para relajarse en sus aguas calientes. En Finlandia, las saunas son un fenómeno muy extendido: existen 1,4 millones de saunas para 5 millones de habitantes. Importadas de Asia Central hace unos 2.000 años, las saunas desempeñan, todavía hoy en día, un rol muy importante en la vida cotidiana de los asiáticos. En Corea, por ejemplo, las familias visitan varias veces por semana los baños públicos o saunas. Los baños son considerados lugares de diálogo social.
Los baños públicos y las saunas tienen por lo tanto un importante rol en la creación de una existencia social en diversas culturas. Estos, son lugares donde pueden reunirse personas de cualquier condición. Hoy en día, las piscinas públicas son un tipo de baño público, un lugar donde las personas se reúnen para relajarse, hacer ejercicio y aprender a nadar.
Sin embargo, en África, el agua influye en la vida social de la población de manera completamente diferente. Los ríos, lagos y pozos son puntos de encuentro de mujeres y niños, que se reúnen en estos lugares para cumplir con sus obligaciones diarias, desde lavar la ropa y los platos hasta bañarse. Puesto que, por lo general, las mujeres y los niños son los encargados del cuidado de la casa y de las tareas agrícolas, son ellos los que se reúnen con mayor frecuencia en los puntos de agua más cercanos. Esto ocurre tanto en zonas rurales como en zonas urbanas. Cerca del agua se cuentan historias; se intercambian noticias de familias, amigos y de la comunidad; se enseña a los niños la higiene y las tareas del hogar. El agua representa un aspecto importante de la vida social de la población.

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