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Puente romano sobre el Río Guadiana, España © UNESCO / A. Lacoudre |
Desde tiempos remotos, el agua ha desempeñado un rol esencial en la estructura de nuestras vidas y nuestros desplazamientos. Hace unos 2.500 años, por ejemplo, bajo la República Romana, la expansión de Roma causó una serie de problemas derivados del vertido de aguas residuales sin depurar en los ríos. Con el fin de frenar la contaminación del agua potable de la población y la propagación de enfermedades, se construyeron largos acueductos, o canales de agua, para transportar el agua dulce y limpia desde las montañas hasta la ciudad. Estos hitos arquitectónicos, que posteriormente se extendieron por todo el Imperio Romano, desde Siria hasta Inglaterra, persisten hoy en día bajo diversas formas, representando una de las primeras grandes innovaciones en materia de gestión y transporte de los recursos hídricos en el mundo.
La ciudad de Potosí, en Bolivia, fue incluida en la Lista del Patrimonio Mundial en parte por constituir un ejemplo de innovación en la gestión de los recursos hídricos. En el siglo XVI, esta región era considerada como el complejo industrial más grande del mundo. La extracción de mineral de plata se llevaba a cabo gracias a una serie de molinos hidráulicos. El sitio incluye los monumentos industriales del Cerro Rico, donde el agua llegaba mediante un complicado sistema de acueductos y lagos artificiales.
El Centro del Patrimonio Mundial de la UNESCO pretende identificar, proteger y conservar el patrimonio cultural y natural alrededor del mundo considerado de valor excepcional para la humanidad. Por ejemplo, muchos de los sitios del Patrimonio Mundial vinculados con el agua revisten gran importancia al albergar una biodiversidad única o amenazada.
Mediante la construcción de elementos relacionados con el agua en un asentamiento rural o urbano, las poblaciones aprenden a moldear sus vidas y sus medios de subsistencia en torno al agua. Los puentes facilitan el acceso a diferentes terrenos y productos; las fuentes ofrecen un acceso fácil al agua y recientemente decoran los centros de las ciudades. El agua configura la vida de una comunidad y, durante siglos, ha desempeñado también un rol fundamental en el desarrollo de algunas artes y oficios.
Puesto que no todas las personas disfrutan de un acceso fácil al agua, son muchos los que todavía deben transportar el agua por sus propios medios, desde la fuente hasta sus hogares. Esta tarea normalmente recae en las mujeres o niños de un pueblo y es un factor determinante de la educación, la salud y los problemas de género a nivel mundial. Sin embargo, en la construcción de nuestro patrimonio, los recipientes en los que se ha transportado el agua permiten identificar y definir las culturas y civilizaciones desde tiempos inmemoriales. Desde las vasijas de barro de la Edad Media hasta las jarras de loza de la edad moderna, desde la concha de caracol utilizada en las ceremonias budistas para transportar el agua sagrada hasta las botellas de cristal de hoy en día, entender cómo se transporta y se distribuye el agua alrededor del mundo es esencial para entender la civilización de la que proviene el recipiente. La situación económica, los sistemas políticos plasmados en la decoración y los avances tecnológicos son una muestra del patrimonio que representan los recipientes de agua.
El agua moldea nuestras vidas de múltiples maneras: el agua da forma a la tierra en la que nos encontramos; construimos nuestras ciudades en torno al agua y puentes para cruzarla. En definitiva, el agua ha dejado una marca indeleble en nuestro patrimonio mundial, desde el sitio de patrimonio mundial más extenso hasta el envase de agua más pequeño.

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