World Press Freedom Day
Antecedentes
 

Optar por la verdad, en vez de tomar partido


por Mia Doornaert
Presidenta del Grupo Consultivo de la UNESCO sobre la Libertad de Prensa

 

Es fácil mostrarse equilibrado y sensato con respecto a los conflictos ajenos. Al considerar las luchas entre grupos étnicos, culturales o sociales distantes, nos preguntamos por qué no hablan unos con otros y buscan la manera de convivir pacíficamente.

Pero cuando los problemas nos afectan de manera directa, la cuestión es completamente distinta. La tolerancia y la distancia crítica suelen dar paso a un enfoque mucho más simple: nosotros (los buenos) contra ellos (los malos).

Este fenómeno puede observarse por doquier. Las mismas personas que se manifiestan en favor de la paz y la tolerancia en otras partes, a menudo son sumamente intolerantes cuando se trata de conflictos que afectan a la zona del mundo donde ellas viven. A los extranjeros que los exhortan a ser más tolerantes los descartan como entrometidos, que no tienen la más mínima idea acerca de la situación local o que se han dejado lavar el cerebro por el otro bando.

En esto, los periodistas no son diferentes del resto de los mortales. Nada les resulta más difícil que informar acerca de un conflicto en el que participa su propio país, grupo o nación. Quizá la identificación con una nación o una cultura es en buena medida un impulso inconsciente, pero en todo caso es una fuerza poderosa.

Por lo tanto, los periodistas se enfrentan a un duro reto, cuando tratan de mantener una distancia crítica acerca del conflicto en su propio país, puesto que ellos mismos pertenecen a alguno de los bandos. Muchos consideran que su primer deber es para con su propio grupo y no con la ética profesional.

Aparte de esta implicación personal, los periodistas se ven sometidos, además, a considerable presión de sus lectores, oyentes o telespectadores. Lo que en otros lugares se considera información correcta y equilibrada, puede transformarse rápidamente en traición, si se aplica al propio país. A la mayoría de la gente no le gusta ver socavadas sus sólidas creencias y prejuicios, y tiende a considerar que la finalidad de los medios de comunicación es recabar apoyo para la causa, algo así como aclamar al equipo local en una competición deportiva.

En los Balcanes y en otros lugares, numerosos periodistas que trataron de dar cuenta de los acontecimientos de manera justa para todas las partes en conflicto han tenido que esconderse, para huir de la ira de sus propios compatriotas.

Pero aun en esas arduas condiciones, el periodismo es esencialmente información, investigación de los hechos. La tarea del corresponsal es optar por la verdad, no tomar partido, por penoso que pueda resultar abrir la propia mente a los argumentos y las motivaciones del "enemigo". La ética profesional no puede abandonarse sólo porque las cosas se ponen difíciles.

La presentación veraz y equilibrada de los hechos no significa que los medios de comunicación no puedan tomar partido en su línea editorial. Para citar la célebre regla básica: los hechos son sagrados, el comentario es libre. Pero el comentario editorial debe basarse en hechos. La propaganda y el lenguaje dictado por el odio -que tanto contribuyeron a la matanza de Rwanda- no tienen absolutamente nada que ver con el periodismo ni con la libertad de expresión.

Los periodistas ajenos a la zona de conflictos afrontan retos diferentes. No basta simplemente con tener ojos y oídos para ver y oír lo que ocurre realmente. A menos que estén al tanto de la historia y la cultura de la región a la cual están destinados, incluso los corresponsales mejor intencionados pueden interpretar mal una situación y ser fácilmente víctimas de la propaganda.

Como se afirma acertadamente en la Constitución de la UNESCO, las guerras nacen en la mente de los hombres y, por lo tanto, la búsqueda de la paz también comienza en sus mentes. Los hombres y las mujeres de buena voluntad que luchan en pro de la paz necesitan hechos concretos para trabajar. Sólo la información sólida puede ayudarlos a determinar lo que las partes involucradas necesitan para llegar a un acuerdo y terminar el conflicto. Los corresponsales que optan por la verdad en vez de tomar partido, no sólo ponen en práctica su ética, sino que también promueven la causa de la paz.

Esta clase de periodismo presupone muchas cosas: periodistas que sean firmes seguidores de la ética profesional y posean la base cultural necesaria para comprender los acontecimientos que están cubriendo; organizaciones periodísticas dispuestas a invertir en algo más que un reportero improvisado -cuyo único interés suele ser informar sobre hechos de sangre- y, por supuesto, acceso a los lugares donde se desarrolla el conflicto.

En todas partes del mundo, tanto a los periodistas de dentro como de fuera de las zonas de conflicto se les niega acceso, so pretexto de que agravan las rivalidades, exageran lo que está en juego, favorecen a uno de los bandos, etc. Y lo que es peor, con bastante frecuencia esos cargos están justificados. La presencia de testigos bien puede beneficiar a las partes en un conflicto que anteriormente eran "invisibles", así como perjudicar a quienes esperaban poder oprimir y matar con total impunidad.

De modo que el interés demostrado por los periodistas y el acceso que se les permita tendrán por lo menos una consecuencia nada desdeñable: quedará constancia. La historia de las víctimas de la violencia no estará condenada al olvido.

Con todo, la mera presencia de los periodistas no puede poner fin al conflicto, ni tampoco debe esperarse que así ocurra. No ha de considerárseles responsables de la manera en que la opinión pública de dentro o de fuera de la zona del conflicto reaccione ante las informaciones que suministran.

Contrariamente a una creencia generalizada, los medios de comunicación -al menos en las sociedades democráticas o relativamente abiertas- no controlan la mente de sus lectores o espectadores. Su tarea es esclarecerlos. Y en ninguna parte es esa tarea más importante que en las zonas de conflicto, pues exponer los hechos ayuda a que la voz de la razón se eleve por encima del estruendo y la furia que generan el odio y los prejuicios.


 

UNESCO


Acceso a la página de presentación

cii.webmaster@unesco.org
© 2000 - UNESCO