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Angela Camargo: explorando las interacciones animal-planta en América Latina

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La Dra Angela Camargo trabaja actualmente en el Departamento de Recursos Naturales de la Facultad de Zootecnia y Ecología de la Universidad Autónoma de Chihuahua dentro del programa "Cátedras Conacyt". Sus estudios se enfocan en la ecología de comunidades, las interacciones planta-mamífero y la ecología del comportamiento de los mamíferos.

En 2013 recibió el Premio Jóvenes Científicos del Programa sobre el Hombre y la Biosfera (MAB) por su trabajo de investigación sobre las interacciones entre plantas y mamíferos

en la Reserva de Biosfera de Montes Azules, México.

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Con motivo del 50 Aniversario del Programa sobre el Hombre y la Biosfera de la UNESCO (MAB), platicamos con ella acerca de su investigación en campo sobre las interacciones entre los grandes mamíferos y las plantas, sobre el impacto de la pandemia y cómo descubrir la alegría en la ciencia.

Empecemos por tu llegada a México para realizar tus estudios. Fue allí donde más tarde comenzarías a dedicarte a la investigación.

Sí, la investigación de la maestría la realicé sobre poblaciones de venado cola blanca en la Mixteca Poblana que es un área de bosque seco tropical. Durante el doctorado, trabajé en Chiapas, en la Reserva de Biosfera de Montes Azules. Actualmente como investigadora, estoy trabajando en zonas áridas en el norte de México.  Buscamos trabajar en unos sistemas que se llaman islas del cielo (o islas de montaña en el desierto), que son montañas aisladas con diversos tipos de vegetación en medio del desierto,  y son sistemas muy interesantes desde el punto de vista ecológico. Los encontramos en una zona entre Chihuahua y Coahuila y entre Chihuahua y Sonora. Actualmente trabajamos para describir y cuantificar los patrones de riqueza de mamíferos a lo largo de gradientes altitudinales en zonas áridas, por eso las islas del cielo, son sistemas de estudio perfectos.

¿Por qué decidiste presentar tu candidatura a los Premios de Jóvenes Científicos del Programa MAB de la UNESCO?

Durante el 2012, no tenía financiamiento para salir al campo, mi proyecto de investigación tenía un fondo semilla, pero no había mucho más. Yo ya llevaba en ese momento año y medio en el doctorado.
Entonces empecé a buscar fuentes de financiamiento y envié mi propuesta a fondos pequeños que no implicarán asociarse con una asociación u organización civil, sino que yo como estudiante pudiera manejar los fondos libremente. Así fue como descubrí los Premios de Jóvenes Científicos del MAB.

Si mal no recuerdo, el proceso de postulación para los Premios de Jóvenes científicos del MAB necesitaba una postulación primero del Gobierno de México y luego de la Comisión de México ante la UNESCO.
Entonces le escribí al Dr. Sergio Guevara, que había sido mi profesor durante la maestría en el Instituto de ecología en Xalapa, en Veracruz (México), cruzando los dedos para que me recordara ¡y me respondió! me dijo: “envía tu propuesta” y así sólo tuve que ajustarla a los requerimientos de la convocatoria.

De las cerca de 10 solicitudes que envíe a diversas fuentes, dos fueron exitosas: una con el programa MAB de la UNESCO y otro con el Jardín Botánico de Kew, en Inglaterra, que me ayudó con el análisis de laboratorio.

El monto del premio es de USD $5.000, es poco, pero al mismo tiempo permite a los estudiantes gestionarlo fácilmente ¿Cuál fue tu experiencia?

Mi proyecto involucraba colocar cámaras trampa para monitoreo de animales en la Reserva de Biosfera de Montes Azules, Chiapas (México). Al momento de recibir el premio de la UNESCO, yo ya tenía 15 o 20 cámaras trampa que eran suficientes para mi proyecto. Si hubiera tenido que comprarlas no me hubiera alcanzado el dinero, porque en ese momento una cámara de una marca relativamente buena, costaba alrededor de unos USD$ 200. Afortunadamente, recibí también otros recursos que me permitieron costear los gastos del material.

Sin embargo, la mayor parte de los recursos que recibí de la UNESCO se utilizaron para movilización en campo, la Reserva de Biosfera Montes Azules se encuentra en una zona alejada - limita con el río Usumacinta que es frontera también con Guatemala- en donde tienes que moverte en transporte interestatal, urbano y transporte privado.

En la reserva de biosfera hay una estación biológica que es manejada por una asociación civil. Sin embargo, yo decidí no alojarme en la estación, preferí quedarme en los ejidos con las personas que me iban a ayudar con el trabajo en campo y esto resulto un poco más económico. Estas personas nos rentaron una casita en la que vivíamos muchos estudiantes, y la convivencia era mucho más agradable. Pero esto implicaba que todos los días teníamos que movilizarnos en lancha desde el ejido hasta la reserva de biosfera, que estaba separada por el río. Así que una gran parte del presupuesto se usó para la gasolina de las lanchas y los jornales justos de las 2 o 3 personas que nos ayudaban por día en los momentos más intensos del trabajo.

El Premio de Jóvenes Científicos del MAB, me permitió también llevar a dos estudiantes de licenciatura para que realizaran la investigación para su tesis dentro de mi proyecto de doctorado.

Uno de los estudiantes de licenciatura utilizó datos que yo produje en mi tesis de doctorado -con las cámaras trampa-, para analizar temas de comportamiento animal, que le valieron una mención honorífica para su tesis de licenciatura y ganó el tercer premio en el Congreso Nacional de Ecología. La cuota de inscripción también la pagamos con fondos del Premio jóvenes científicos de la UNESCO, así que podemos decir que maximizamos los fondos.

Algo que vale la pena destacar, es que la UNESCO, al terminar la investigación, no solicita un informe técnico o financiero ni soportes, confía en que se hace buen uso de los recursos. En México cualquier dinero que se reciba, ya sea de la universidad o del gobierno,  se debe comprobar. Yo creo que está bien comprobar el uso de los recursos, pero se complica mucho cuando estás en situaciones de campo.

Otro ejemplo, Comitán es uno de los pueblos grandes más cercano a la reserva que está ubicado a cuatro horas de ella. Ahí los supermercados de conocidas cadenas te pueden dar factura, pero pagas más caro. Las mismas compras las puedes hacer en la comunidad, contribuyendo a una pequeña derrama económica, porque le compras el queso a la señora que hace el queso, carne cuando sacrifican algún animal de sus parcelas, etc. Los recursos rinden más que sí tuvieras que comprobar todo en la ciudad o la cabecera municipal.

Entonces no tener que comprobar el uso de los recursos en realidad ayuda mucho y permiten a la larga, que hagas muy bueno uso de ellos. Y sobre todo, que le pagues a las personas que colaboran contigo lo justo, eso se celebra mucho y se agradece.

Mi proyecto involucraba colocar cámaras trampa para monitoreo de animales en la Reserva de Biosfera de Montes Azules, Chiapas (México).
Tapir de Bair

Profundicemos ahora en tu investigación: ¿Qué nos enseñan los grandes mamíferos sobre la biodiversidad? Y en específico, ¿qué nos enseñan los herbívoros sobre la relación entre la flora y la fauna?

Los mamíferos son un grupo muy estudiado porque son muy carismáticos, probablemente es más fácil conseguir recursos para estudiar a estas especies, que para estudiar un escarabajo, pero es que tienen un papel ecológico muy importante. Algunos mamíferos son reconocidos como especies sombrilla y los sistemas de protección que hagamos en nombre de estas especies, tendrán un impacto positivo en otros grupos de organismos menos carismáticos. Además, los mamíferos son un grupo funcionalmente muy diverso. Existen animales de hábitos diurnos y nocturnos que habitan el suelo, las madrigueras, los árboles y otros que vuelan. Con relación a los gremios alimenticios, algunos se alimentan de carne, hierbas, frutos, semillas o néctar, es decir, funcionalmente son muy diversos y eso nos permite acercarnos al funcionamiento de las comunidades y los ecosistemas de una forma muy integral.

El tema principal de mi investigación fue el estudio de las interacciones entre plantas y mamíferos, por tanto me centré en el rol de los mamíferos herbívoros.

Con mi tesis de doctorado yo quería averiguar qué pasaría con la diversidad y la composición de especies de la comunidad regenerativa de plantas, es decir, semillas, plántulas, juveniles de la selva tropical si perdían su interacción con los mamíferos herbívoros como resultado de su desaparición.

Los bosques tropicales se distinguen por una alta diversidad y se han planteado muchas teorías sobre su origen y muchas hipótesis para explicar los mecanismos que permiten mantenerla. Una de estas teorías es justamente el papel regulatorio de las poblaciones animales.

Con mi investigación de doctorado, yo pude demostrar que cuando excluimos a los mamíferos, cuando los eliminamos experimentalmente, hay un impacto en las comunidades de plantas, porque si no hay quien se las coma, algunas especies de plantas van a competir agresivamente y van a lograr dominar en la comunidad. Mientras que otras especies que crecen más lento o se defienden de forma mucho más débil, por ejemplo, del ataque de los animales en general, se van haciendo raras en esas comunidades. Como resultado, tenemos comunidades muy inequitativas, es decir, muy desbalanceadas en sus abundancias y por tanto, menos diversas.
Yo pude demostrar este efecto a nivel de la comunidad regenerativa. Pero varios otros estudios han demostrado que los impactos que vemos a ese nivel, también perduran en las comunidades de árboles adultos. Probablemente nosotros no lo vemos en este momento, porque estos árboles viven muchísimo más que nosotros, pero si se prevén impactos a muy largo plazo.

Y este cambio en la composición de especies del bosque no se detiene ahí, sino que va a tener impactos, por ejemplo, en la capacidad que tienen estos bosques de almacenar carbono, porque algunas especies secuestran más carbono que otras. Si cambiamos esa composición, tendríamos un impacto negativo que nos perjudicaría porque ese es un servicio ecosistémico, es decir, un servicio que obtenemos los humanos de la biodiversidad y los ecosistemas.

Nosotros queríamos ver qué pasaba si los mamíferos no estaban presentes, por eso el modelo de reserva de biosfera era ideal para llevar a cabo esta investigación. A través de una serie de exclusiones experimentales de mamíferos, definimos zonas en las que sabíamos que estos mamíferos estaban presentes y otras en las que no, para así comparar los efectos. Lo que hicimos fue impedir el acceso de los mamíferos a ciertas zonas mediante cercas, y ahí monitoreamos por 60 meses las comunidades de plantas en términos de su supervivencia, reclutamiento, densidad, riqueza y diversidad de especies. El reto era lograr cuantificar la presencia de los mamíferos y su importancia para esos sitios.

Cuéntanos más sobre cómo has utilizado estas cámaras trampa.

Se me ocurrió colocar cámaras trampa no solo para verificar la presencia de mamíferos sino también para cuantificar su importancia a través de una interacción.

Colocamos las cámaras trampa en árboles que producen frutos y que sabíamos consumen los mamíferos para ver quien llegaba por ahí, que hacían -si escupían las semillas, si se las tragaban-, cuánto tiempo se quedaban. Y con esta información pudimos inferir que especies eran dispersores, por ejemplo, y así tuvimos una historia más interesante y completa sobre la interacción y los beneficios o perjuicios para las plantas.

En general con los tres capítulos de mi tesis pudimos describir y cuantificar de forma más completa la interacción que los mamíferos tienen con las plantas, ya sea a través del consumo de hojas, tallos o  frutos, pero también con el pisoteo que hacen con sus desplazamientos y la posible dispersión de semillas a nuevos sitios.

Cuando coloqué estas cámaras trampa en los árboles frutales no imaginé encontrar tal diversidad de especies y, sobre todo, aprender tanto sobre su comportamiento.
Agouti

En relación al trabajo que has realizado con las cámaras trampa ¿qué has aprendido sobre el seguimiento y el comportamiento de los grandes mamíferos?

Con los datos de las cámaras trampa, sabes exactamente en qué fecha y en qué hora están presentes los animales, son los metadatos de estos archivos a partir de los cuales haces muchos análisis. Por ejemplo, puedes estimar el nivel de segregación entre especies animales, lo que permite entender cómo tantas especies pueden coexistir en un mismo ambiente. Cuando te fijas en las horas y fechas en las que llegan los animales, y ves a todos los árboles en conjunto, tienes datos de la actividad espacial y temporal.

Nosotros evidenciamos que a una escala local los animales pueden coexistir en el mismo espacio sin competir por el alimento. Al analizar los horarios en que cada especie acudía al lugar, encontramos que sus actividades no se traslapaban, era como si cada especie esperara su turno para ir a comer.

Por ejemplo, los picos de actividad del tapir, un animal altamente nocturno, se registraban entre las 20:00 y 22:00 pm y luego en la madrugada, y en el intervalo veías a otros animales de tamaño pequeño como la paca (Cuniculus paca). Es como si supieran quien iba a estar a que hora y decidían no aparecer por ahí, comían otros frutos y lograban una coexistencia “amigable”. Resultado de estas observaciones y análisis publicamos dos artículos: uno describe las interacciones de los mamíferos frugívoros con los frutos de dos especies de árboles y otro, cuantifica sus patrones de actividad diaria.

Desde tu perspectiva como científica colombiana radicada en México, ¿cuáles son las perspectivas emergentes comunes para la comunidad científica latinoamericana?

Si me hubieras preguntado esto hace cuatro años, diría otra cosa. Creo que en este momento, al menos por la situación que está viviendo el ámbito científico académico en México, mi perspectiva es un poco desalentadora. Sin embargo, seguimos trabajando, México sigue siendo un país muy atractivo para muchos paisanos colombianos y latinoamericanos en general porque hay una comunidad vibrante de científicos que trata de generar ciencia de alto nivel y hay apoyos académicos para estudiar.

Espero que la pandemia nos invite a reflexionar sobre la importancia de la ciencia. La vacuna contra el COVID-19 no surgió de la noche a la mañana, detrás de su desarrollo hay una gran cantidad de investigación. Y esa información básica es la que ahora nos permite tener una herramienta -en este caso las vacunas- para estar seguros y seguir con nuestras actividades.

¿Cuál es el lugar actual de los pueblos indígenas y de las mujeres en y para la comunidad científica latinoamericana?

Yo no he trabajado con comunidades indígenas. Pero por lo que veo en publicaciones y también en redes sociales, cada vez hay más iniciativas para darle visibilidad tanto a la mujer científica como a la mujer indígena científica. Lo que he visto son muchas iniciativas de colegas en Colombia, en Ecuador y México, que buscan promover esa diversidad, es una lección que nos da la naturaleza. La diversidad es muy buena: entre más diferentes seamos, mejor.

En la academia se está empezando a reconocer -en algunos lugares con más atraso que en otros- que integrar equipos con perspectiva de género y que además involucren a representantes de grupos minoritarios, enriquece la investigación. Ya que un abanico diverso de puntos de vista genera soluciones creativas e inclusivas.

¿Desde tu punto de vista, en que temática debería enfocarse la red Ibero-Americana del MAB (Ibero-MAB), que integra a 24 países de América Latina, el Caribe, España y Portugal?

Principalmente creo que acercar la ciencia a la ciudadanía es fundamental. Hay que hacer un trabajo de “alfabetización científica”: explicar cómo opera la ciencia. No se trata de que todos se conviertan en científicos, sino de crear curiosidad y que cada ciudadano se cuestione todo y todo el tiempo. Por ejemplo, desde lo que dice un político hasta lo que van a hacer al llegar a casa.  La red debería trabajar más de cerca con las universidades para fortalecer el vínculo entre la ciencia y la ciudadanía a nivel local y regional.

Por otro lado, los dos años que hemos tenido que encerrarnos en casa por la crisis sanitaria, han puesto en evidencia la fragilidad de nuestra salud emocional. Y en este contexto, se hace más que evidente no sólo el valor de mantenernos en interacción con el otro sino también la necesidad que tenemos por vincularnos con la naturaleza. El valor de las áreas verdes y de las áreas protegidas para mantener nuestra salud emocional y mental es extraordinario. Sin embargo, nos faltan más estudios en América Latina, ya que por el momento ha sido en Estados Unidos y en Europa en dónde se ha investigado sobre este tema. Nos falta entonces desarrollar más estudios para cuantificar el valor de las áreas naturales protegidas con una perspectiva más integral, no sólo biológica, y hasta darle un valor monetario a eso. También, considerando que ya es realidad que la mayoría de habitantes de este mundo vivimos en ciudades, esta red y el programa en general deberían redirigir esfuerzos a estudiar la biodiversidad en ciudades y también su papel en nuestro bienestar.

Esta información es vital para orientar las políticas públicas en cuanto a la planeación de nuestras ciudades.

Principalmente creo que acercar la ciencia a la ciudadanía es fundamental. Hay que hacer un trabajo de “alfabetización científica”: explicar cómo opera la ciencia.
Mixteca Poblana, México

¿Crees tú que después de 50 años el modelo de reserva de biosfera sigue siendo relevante?

Yo creo que sí. Este modelo -especialmente en los países latinoamericanos- es muy relevante ya que son países con gran densidad poblacional, que sigue creciendo, y en los cuales las personas hacen uso de los recursos naturales para subsistir. Por lo que no se puede sacar a las personas de las áreas protegidas, pero al mismo tiempo necesitamos más áreas protegidas para conservar la diversidad.

No vamos a poder proteger las zonas altamente antropizadas, pero necesitamos la figura de las reservas de biosfera porque es la que trata de compaginar, de la forma más amigable posible, la presencia de las personas con la naturaleza, considerando que en muchas ocasiones las personas ya vivían en estos territorios antes de que se designará el área protegida.

Se deben impulsar proyectos autogestivos que permitan a las personas quedarse en sus comunidades y apropiarse de las iniciativas, en lugar de imponer un proyecto, por ejemplo, que lleve un investigador desde la ciudad. También es importante continuar trabajando con los políticos, lograr que estas iniciativas exitosas se conviertan en políticas o normas de largo aliento que no puedan ser detenidas cuando hay un cambio de gobierno.

Si los jóvenes han identificado que la ciencia y la investigación es su vocación, lo que quieren hacer y lo que les gusta, pues deben luchar por eso. El camino puede ser un poco tortuoso, pero si es lo que les gusta, hay que seguir por ahí. Yo creo que este sería un mundo mejor si todos pudiéramos realizarnos en los que nos gusta, seríamos personas más felices, más alegres y más productivas.
Dra Angela Camargo