1, 2, 3, 4 preguntas para: Beatrice Ávalos

Foto: UNESCO/Andres Pascoe

 

 

“En todos los países hay jóvenes que desearían asumir la profesión docente, pero no lo hacen por las condiciones de trabajo”

 

 

 

Beatrice Avalos (Chile) es profesora y doctora en educación, una de las fundadoras del Programa Interdisciplinario de Investigaciones en Educación (PIIE). Ha sido por largo tiempo catedrática universitaria e investigadora en Chile, Europa y Oceanía y su larga trayectoria, especialmente ligada a políticas de profesionalización docente, le valió ser galardonada con el Premio Nacional de Educación (Chile) en 2013.

Actualmente se desempeña como investigadora y directora del Núcleo Milenio sobre Profesión Docente en Chile, asentado en el Centro de Investigación Avanzada en Educación (CIAE) de la Universidad de Chile y forma parte del Proyecto Estratégico Regional sobre Docentes liderado por la Oficina Regional de Educación para América Latina y el Caribe.

Avalos también integra la Junta Asesora del Informe de Seguimiento de la Educación para Todos en el Mundo, instrumento primordial para evaluar los progresos mundiales en la consecución de los seis objetivos de la EPT fijados en Dakar, con los que más de 160 países se comprometieron en 2000. El último número del informe EPT “Enseñanza y aprendizaje: Lograr la calidad para todos” explica la manera en que una inversión inteligente en docentes, además de otras reformas para reforzar un aprendizaje que beneficie a todos por igual, transforma las posibilidades a largo plazo de las personas y de la sociedad. Con esta perspectiva, le preguntamos:

Muchos estudios concluyen que los buenos docentes son la clave para una educación de calidad ¿Qué esfuerzos concretos debe realizar un país para avanzar en este tema tan importante?

Lo primero que debe hacer un país es contar con algún diagnóstico sobre la calidad de sus profesores, utilizando indicadores básicos como los niveles de titulación de los profesores en ejercicio y las áreas en que se carece de suficientes profesores preparados. También contribuye a este diagnóstico los datos que entregan los estudios (por ejemplo, los que acompañan la aplicación de pruebas nacionales e internacionales) e investigaciones que muestren la relación entre profesores, el aprendizaje de sus alumnos y otros logros de nivel educativo. Este diagnóstico servirá para calibrar el tipo de actividades de desarrollo profesional que se debiera ofrecer a los profesores en ejercicio. También servirá de indicación sobre la calidad de la formación inicial docente ofrecida.

Disponer de buenos profesores supone ofrecerles condiciones de trabajo adecuadas. Los países deben avanzar en establecer estas condiciones expresadas en: (a) salarios adecuados en línea con lo ganan profesionales de similar nivel de formación; (b) número apropiado de alumnos por curso y de cursos atendidos por semana, preferentemente en línea con lo que son los promedios internacionales (por ejemplo de la OCDE), y (c) oportunidades de ascenso en una carrera docente bien articulada basada en evaluación del desempeño validada por los propios docentes.

Los buenos docentes amplían sus conocimientos y mejoran sus prácticas cuando los ambientes escolares en que trabajan son desafiantes para ellos y les ofrecen oportunidades de colaborar y aprender unos de otros. Por tanto, las políticas deben estar dirigidas a mejorar la calidad de las escuelas, contar con buenos directores que sean líderes pedagógicos y no sólo buenos administradores, y a favorecer la institucionalización del desarrollo profesional docente en los contextos escolares o en centros cercanos a ellos. Todos estos constituyen aspectos claves para mejorar el desempeño de los docentes y su satisfacción con el ejercicio profesional.

¿Qué aspectos en la formación inicial docente son clave para que los estudiantes de pedagogía se transformen en maestros que hagan la diferencia?

El conjunto bien organizado de los principales componentes de la formación inicial docente es el que produce buenos profesores y profesoras. Se necesita contar con buenos candidatos para las instituciones formadoras de docentes que demuestren interés por la docencia y que cuenten con las habilidades básicas necesarias para seguir estudios superiores. Si no es posible lograrlo, la formación docente debe compensar las falencias iniciales mediante actividades de nivelación.

Dependiendo del nivel para el que se prepara y las exigencias del sistema educativo, la formación docente debe proporcionar una buena formación en los contenidos disciplinares correspondientes. Esto no necesariamente se expresa en programas de estudio recargados de información, sino en la atención a los conceptos claves de cada área curricular que debe comprender el o la futura profesora y también en los instrumentos necesarios para encontrar información cuando ello sea necesario.

La formación docente debe articular adecuadamente el estudio de contenidos con los modos relevantes de su enseñanza (didáctica o pedagogía del contenido) y esto en conjunción cercana con oportunidades de práctica en contextos de aula reales o simulados. Finalmente, las experiencias concretas de práctica docente deben ir siempre acompañadas de adecuada y frecuente retroalimentación y ser expresadas en forma reflexiva por los futuros profesores mediante el uso de documentación de experiencias (portafolios, por ejemplo). Una buena formación docente requiere a su vez de educadores o formadores de profesores competentes tanto en el área de su especialización como en el conocimiento y experiencia práctica en centros educacionales o escuelas.

El Informe de Educación para Todos puntualiza que la formación inicial y continua docente debe prepararlos para prestar un apoyo específico a los niños desfavorecidos ¿En qué debería consistir esta formación específica?

El concepto de “niños desfavorecidos” es muy amplio. El Informe precisa diversos tipos de diferencia que aparecen en las aulas y en las escuelas. Se habla de poblaciones vulnerables o muy pobres respecto a otras que lo son menos, de diferencias de género, de niños con discapacidades físicas o de habilidades intelectuales, de alumnos que pertenecen a etnias y que no hablan el idioma principal del país, de niños emigrantes etc. No es fácil preparar para todas estas eventualidades de manera específica.

En términos generales, la formación docente debiera fomentar constantemente una actitud abierta a las diferencias, mediante ejemplos, visitas a distintos tipos de escuelas, estudios de caso, etc. En forma específica, dependiendo del contexto nacional del que se trate, debiera contar con actividades curriculares que se centren en el manejo de la “inclusión de niños con discapacidades” en el aula, proporcionando oportunidad a los futuros profesores de realizar, por ejemplo, estudios de caso concretos. En algunos contextos, será necesario enseñar los elementos necesarios de las lenguas de origen de los posibles alumnos de los futuros profesores y también de sus culturas, estimulándolos a valorar las diferencias. El conocer las características de las culturas juveniles diversas también es de ayuda para manejar contextos escolares complejos en zonas de vulnerabilidad social.

Para cerrar la brecha educativa América Latina y el Caribe necesita urgentemente de buenos maestros que estén motivados ¿Cuán lejos estamos de tener docentes con una formación acorde a quienes ofrecerles una carrera atractiva?

Creo que esta pregunta, está contestada en parte en la primera. El tema no es tener primero docentes motivados y luego ofrecerles una carrera atractiva, sino que al contrario comenzar por campañas de valorización del trabajo docente acompañado de mejoras en las condiciones de trabajo y una carrera docente atractiva, para atraer buenos candidatos.

En todos los países hay jóvenes que desearían asumir la profesión docente, pero no lo hacen por las condiciones de trabajo. Los que terminan eligiéndola, tengan o no vocación pedagógica, tienden a hacerlo porque les ofrece una oportunidad de estudios superiores y constituirse en los primeros de su familia en acceder a ellos. Desde esta perspectiva aceptan en principio que el trabajo será en condiciones difíciles. Sin embargo, si queremos profesores motivados, no les exijamos ser héroes o mártires. Valoremos públicamente el trabajo docente, mejoremos con la gradualidad que sea necesaria sus condiciones de trabajo y formémoslos mejor que la mejor forma posible.

Principio de la página